“Si me pongo a llorar los muertos que veo, llenaría todos los...

“Si me pongo a llorar los muertos que veo, llenaría todos los días una pichinga con lágrimas”

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Giovanny Hernández ha dedicado su vida al voluntariado

Por Santiago Leiva

El día pinta soleado, son las 9:30 de la mañana de un martes y el centro de San Salvador es un hormiguero; ya ha salido el comercio informal  a las calles y el tráfico apenas comienza a descongestionarse. Giovanny Hernández también  lleva unas horas puesto en pie, se enfundó temprano su overol rojo con ribetes fluorescente para recibir su turno de 8:30 am a 5:30 de la tarde con los Camilleros.

Esa mañana, el día corre con aparente calma y mientras caminamos en busca de un café por la “zona roja” del centro capitalino me va contando que ocho días antes él y su equipo fueron captados atendiendo a un hombre que recibió 37 puñaladas y que ese día ocuparon la portada en un medio escrito. No es la primera vez que Giovanny ocupa la primera página de un periódico pues prácticamente ha dedicado toda su vida al socorrismo.

Este salvadoreño de corazón voluntario dio sus primeros pasos en la Cruz Verde cuando apenas tenía once años, pero fue a los 13 que se enlistó formalmente en el socorrismo y desde esa fecha han pasado ya 27 abriles.  Los inicios de Giovanny fueron con la Cruz Verde, pero luego participó en la fundación de la Cruz Azul Salvadoreña, más adelante también formaría parte del equipo que dio vida a los Camilleros, y desde 1998 es el jefe de operaciones de este organismo de socorro.

“Yo he visto un montón de cosas,  estuve para la ofensiva, los terremotos de 2001, el huracán Stand. Durante el huracán Mitch  estuve 28 días en Usulután repartiendo alimentos a las persona en las zonas abnegadas”, dice. “Sí viviera en otro país y viera lo que sale en las películas creo que  estuviera traumado. Pero  acá (En El Salvador) cuesta que nos volvamos locos”.

Sin embargo como todo padre de familia los rescates de niños siempre tocan sus fibras sensibles y por ello cada mañana lejos de pedir a Dios porque le abunde el trabajo pide lo contrario. “Me alegro cuando al final del día no he tenido trabajo”, comenta. Eso sí, cada lunes le pide a Dios que al menos pueda ayudar a una persona en la semana. Platicamos durante una hora, y la  hora que duró la plática, “Giovita”, su hijo, estuvo con una radio escáner  monitoreando las frecuencias. Él tiene ocho años, pero el socorrismo ya corre por sus venas y a menudo acompaña a su padre. El tiempo ha pasado volando, son las 11:00 de la mañana y aún me falta recibir la lección del día. Antes de marcharnos Giovanny toma los panes francés que sobraron del humilde desayuno; los rellena de frijoles molidos y se los entrega a uno de los muchachos “huele pega” que anidan abajo del paso a desnivel contiguo a la base operaciones de Camilleros. Giovanny Hernández es nuestro personaje de esta semana.

 

¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando vez el color rojo?

Mi uniforme. Muchos creen que el uniforme de los Camilleros está relacionado con la sangre, pero no, en los inicios era celeste aqua.

 

¿Qué marcó tu inicio en esta labor humanitaria, qué te motivó?

Fijáte que recuerdo que mi hermano y mi primo eran de la Cruz Verde Salvadoreña allá por 1984-1985. Para el terremoto de 1986, yo tenía once años,  veía las noticias, veía a mi hermano y mi primo trabajando y decidí que yo me iba a ser socorrista. Ellos me dijeron que cuando creciera, pero me andaban llevando y así empecé a conocer el socorrismo. La primera vez que hice mi turno como miembro de Cruz Verde fue en Antiguo Cuscatlán, iba a cumplir 12 años y me emocionaba a la hora de una emergencia. Ahí decidí que iba a aprender primeros auxilios y que estudiaría enfermería.

¿Y estudiaste enfermería?

Soy auxiliar de enfermería, he recibido varios cursos de parte de Paramédicos de Virginia. He recibido cursos de rescate vertical, de asistente de primeros auxilios avanzados, un curso de RCP avanzado por parte de paramédicos y bomberos “americanos”. Estuve cuatro meses en Virginia en Fairfax cuando nos dieron una ambulancia para que aprendiera el uso de equipos y todo el sistema de trabajo de los Bomberos de Fairfax. Son cositas que Dios me las ha puesto que las aprenda para compartirlas. Aunque te sabré decir que yo no soy de los que toman en cuenta los diplomas porque conozco muchas personas que tienen 15 o 20 diplomas y a la hora de la emergencia nunca salen de su oficina, se quedan haciendo reportes y preparando conferencias de prensa. Yo pienso que la voluntad es mayor que la capacidad que pueda indicar un diploma. Yo les digo a mis compañeros que yo no soy su jefe, que yo soy su líder y tenemos que dar el ejemplo. Un socorrista me dijo la otra vez que porque no daba el ejemplo, que las botas no las  andaba bien lustradas y yo le dije mira a mis compañeros yo les doy el ejemplo  ensuciando las botas con ellos en los rescates. Yo soy un camillero de campo. Yo soy de los que me ensucio y me mojo las patas (pies).

 

No eres de escritorio…

No soy de escritorio a pesar de que se supone que soy jefe con cargo directivo. Yo soy como los curas de pueblo que tocan la campana para llamar a misa, dan la misa y recogen la limosna.

 

En tus inicios de socorrista no corría mucho la sangre como hoy, ¿Cuál es tu opinión del espiral de violencia en el país?

Lo único que te puedo decir es que esto se ha degenerado a un punto en que la vida no vale nada. En estos días la vida de una persona vale lo que vale en valor monetario el tiro de un arma. Si un tiro vale 0.50 centavos eso vale la vida, y a veces menos porque si ese tiro entra en una persona y pega en otra se paga al dos por uno. El espiral de violencia está quitando la sensibilidad a los salvadoreños, he visto escenas de crímenes donde hay una persona muerta y niños jugando a la par.

 

¿Te imaginaste en tus inicios que atenderías tantas emergencias como hoy día?

Tuve la oportunidad de echarme la colita de la guerra. Nos salimos de la Cruz Verde y luego participé en la fundación de la Cruz Azul Salvadoreña (Ahora Águilas de El Salvador). Parte de la guerra, la ofensiva anduve con la Cruz Azul y se veían casos, pero esporádicos y ahora la ola de violencia es diaria en todo lugar. Ahora El Salvador prácticamente está en guerra. Terminó la guerra civil, pero ahora esta guerra que es peor porque no es solo un bando contrario el que hay sino dos o tres bandos haciéndose guerra y los civiles estamos en medio y sufrimos los efectos colaterales.

 

Llevas toda una vida en el voluntariado…

Sí, yo no tomo en cuenta los primeros dos años porque fueron de preparación cuando estaba en la Cruz Verde. Comienzo a tomar en cuenta desde que tengo 13 años, y tomo en cuenta desde ahí porque ya había recibido mi primera capacitación de primeros auxilios; ya metía las manos con los heridos y ya tenía la capacidad de al menos cargar el botiquín y la camilla.

 

En tus cuentas formales llevas 27 años de servicio ¿si tuvieras el poder para borrar de tu mente una escena  triste o macabra que has vivido, cuál sería?

Son varias, pero todas tienen un común denominador. Me han marcado los rescates de niños muertos. Una vez en la colonia Gallegos llegamos todas las instituciones a un rescate y nos tocó meternos y bañarnos en el río Acelhuate. Andábamos todos: Cruz Roja, Cruz Verde, Bomberos, todos, y al cabo de un par de horas que no aparecía el niño  decidieron retirarse y mí me hirió ver a la mamá afligida cuando vio que todos se estaban retirando. Yo le prometí que nos quedaríamos con mis compañeros hasta encontrarlo.

Todos se retiraron bajo el argumento de que la tarde estaba cayendo y que no había herramientas  de luz para guiarnos. Nosotros nos quedamos y a la siguiente hora encontramos el cadáver del niño y se lo entregamos. En ese momento me sentí satisfecho de haber cumplido, pero cuando se lo entregamos a su mamá y la vi llorar de felicidad de haberlo encontrado y tristeza de verlo muerto yo dije que no quería atender niños, pero no puedo elegir. Eso es lo que más me conmueve porque yo tengo a mis hijos.

 

¿Te bloqueó ese momento?

Quizá me afectó, pero no me traumó. Si me pongo a llorar los muertos que me toca ver llenaría todos los días una pichinga con lágrimas. Tal vez me estoy volviendo insensible a eso, pero sí cuando me toca atender a un niño que esté sufriendo, a un niño que ha sido atropellado o fracturado verlo llorar me afecta, pero tengo que hacerle huevos a ese tipo de situaciones.

¿Alguna vez has llorado de frustración e impotencia durante un rescate?

Sí, una vez en la colonia Buena Vista (de Mejicanos) trabajamos por más de dos horas y encontramos al niño que andábamos buscando en la parte de abajo de un camarote. Él no tenía traumas evidentes y todos supusimos que el niño había muerto por asfixia. Lo encontramos todavía tibio después de una hora soterrado. Yo me sentí mal porque si no nos hubiéramos tardado habríamos podido hacer algo. Me sentí impotente, al final llegué a la conclusión que no me puedo estar lamentando porque cada día hay una oportunidad de hacer mejor el trabajo.

 

¿Te has visto al borde de la muerte en tu trabajo?

Ya me ha pasado, pero he reaccionado hasta después. La misma adrenalina te hace trabajar y  hasta después se da cuenta en el peligro que estas, te das cuenta que te ibas a morir. Para el huracán Stán creo que fue, rescatamos a una señora que estuvimos insistiéndole que evacuara el lugar, esto fue en la calle Modelo, y hasta que hubo un derrumbe atrás de su apartamento decidió salirse. Cuando ella empezó a pedir que la sacáramos, el río había subido como a medio metro y se había desbordado. Llegamos donde ella estaba y en minutos el río había subido y nos estaba arrastrando a todos.   Cuando la rescatamos, todos muy cansados, la estábamos regañando y vimos que el río traía refrigeradoras, arrastraba de todo. Hasta ahí nos dimos cuenta que bien pudo arrastrarnos a todos como hojas de papel, pero como estábamos pensando en ayudar a esta señora nos valió. Hasta después reaccionamos.

 

¿Y todo ese riesgo es valorado en el país?

Quizá no importa si lo es, pero hay un dicho internacional que dice: cuando hay una emergencia todo mundo se acuerda de Dios y de los socorristas, pero cuando la emergencia pasa todo mundo se olvida de Dios y critica a los socorristas. Nosotros recolectamos para la gasolina de la “diablita” (una vieja ambulancia) y encontramos gente que nos dice: yo ya le di a la Cruz Roja. Y la Cruz Roja ni pide colaboración. Hay  gente que nos critica porque nos ve pidiendo y no recibimos elogios cuando hacemos algo bueno, pero es cuestión de cultura. Aquí nos vale todo. Hoy alguien nos ayuda y mañana nos olvidamos de él. Son cosas que no hay que tomarlas en cuenta porque si no al final te vas a traumar.

 

He visto socorristas con alcancías en semáforos y en los buses ¿da para comer a diario el voluntariado en socorrismo?

Yo soy comerciante en pequeño, tengo un puestecito para vender cositas y eso gracias a Dios me da para ir pasando. Se supone que como jefe de los Camilleros tengo que tener un sueldo, y aparte de que soy el jefe soy el motorista. Tengo un par de motoristas que me ayudan bastante como voluntarios, pero en realidad quien tiene la responsabilidad de manejar en esta base soy yo. En referencia a los que están pidiendo hay que ver los casos. La mayoría de instituciones a las que le llamamos nosotros grandes, llámese Cruz Roja, Cruz Verde y Comandos tienen presupuesto del Estado y se supone que ellos no necesitan andar pidiendo para cubrir sus necesidades. Habemos un montón  de instituciones pequeñas que si necesitamos hacerlo, pero esto se ha degenerado también. Ahora hay un montón de gente portando uniformes con colores y logotipos distintos, andan pidiendo de socorristas y en realidad nadie sabe si son o no, porque a la hora de la acción uno no los ve. Entonces respondiendo a tu pregunta si querés dinero no seas socorrista. El socorrismo es para ayudar.

 

Se come salteado…

De lo que colectan hay un porcentaje que les llega a ellos, pero no creas que es un salario. No se colecta todos los días ni se colecta todo el día. Son ratitos de colecta y se le deja un poquito a la persona que está colectando para sus viáticos y alimentación. En realidad (de socorrista) no se come a diario, la mayoría tenemos que tener una alternativa de trabajo. Esto no es un trabajo, no ganamos ni siquiera lo que gana  un vendedor informal.

 

¿Cuál es el credo de un socorrista?

Yo todos los lunes me levanto pidiéndole a Dios la oportunidad de ayudar por lo menos una persona durante la semana. Todos los lunes lo hago. Si lo logró el lunes, todas las personas que pueda ayudar durante la semana es ganancia. Les digo a todos que deben proponerse a ayudar al menos a una persona. Yo no tengo dinero para dar, pero si mi tiempo me ayuda a salvar una persona habré ganado.

 

¿Te sentís pagado al recibir una sonrisa, un agradecimiento, después de un rescate?

Te lo voy a decir de esta manera. Dios me ha permitido aprender todo lo que aprendí, Dios me ha permitido todo este tiempo conseguir ambulancias (trajo una vía terrestre desde los Ángeles, California y otra de Virginia), conseguir equipo, tener gente a la par mía que trabaje. Dios me ha dado todo, yo no tengo nada más que pedirle a Dios, estoy en deuda con Él. Aparte de eso Dios me ha regalado unos hijos sanos, inteligentes, un hogar donde hay amor y una gran familia. Entonces al final quien termina debiéndole a Dios soy yo. No tengo que pedir más pago que eso. Y sí me da salud para seguir trabajando olvídate. Tengo una deuda que necesito 50 años más para pagarla, así que no sé si me va a alcanzar la vida.

 

¿Prácticamente desde niño estás ligado al socorrismo ¿cómo fue tu infancia?

Normal, eran otros tiempos donde vos podías caminar por cualquier calle de San Salvador sin preocuparte que te pregunten de donde venís. Yo me crie en un lugar que ahora está invadido de delincuentes y me da miedo ir, pero igual tengo un grupo de amigos que nos conocemos desde la niñez y cuando nos reunimos  nos ponemos a recordar los tiempos cuando jugábamos chibolas, cuando buscábamos quien tenía el mejor patio de tierra para jugar trompo. Me crie encumbrando piscuchas en el parqueo del mercado Central  con los amigos, porque parte de mi familia ha sido comerciante en el mercado Central, así que soy una persona que si ahorita me dicen hay que vender ropa usada para llevar comida a mi casa no tengo problemas en hacerlo.

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