Daniel Sosa, periodista televisivo: “Uno de los peores errores de mi vida fue irme para Estados Unidos, el Sueño Americano es un mito”

Por Santiago Leiva

Muchos confeccionan sus sueños sobre  nubes que se disipan; en el sabor de un algodón de azúcar que se deshace en la boca. Sabor de “engaño” le llamaban a esta golosina en mi pueblo, y en eso termina para muchos el “Sueño Americano”.

“Yo renuncié a todo: a mi familia, a mis hijos a mi país en búsqueda de mejores oportunidades. Uno piensa que llegar a Estados Unidos es sinónimo de llegar a hacer dinero, pero el sueño americano es un mito”, confiesa Daniel Sosa, un periodista salvadoreño, que ha cargado una “cruz” en tierras del norte. Daniel fue durante mucho tiempo una de las caras más visibles de Noticias 4 Visión y luego pasó por medios televisivos como Megavisión y Canal 12, pero hace tres años guardó el micrófono y se lanzó a la aventura americana. La vida ha comenzado a sonreírle, pero antes tuvo que pasar por un duro “calvario” que nos cuenta en esta platicadita con El Metropolitano Digital.

“(Allá) he lavado platos, he lavado baños, he limpiado escuelas, he trabajado en construcción, he trabajado de taxista. He hecho varias cosas, cosas que aquí uno se da el lujo de no hacerlas”, recuerda. Más no solo hizo a un lado la vanidad que le acompañó por largo tiempo, sino que en tierras ajenas a tenido que arreglárselas para poder sobrevivir y pasar las noches. Me ha tocado dormir en el carro, he dormido en el suelo, en sillones, en iglesias…”, contó.

“De que sirve tener la billetera llena y el corazón vacío”, reflexiona mientras recuerda las noches oscuras y solitarias que le ha tocado vivir lejos de su familia, de sus hijos. Daniel Sosa, que tiene viñeta de residente en la nación norteamericana, se dio una escapadita para ver a sus hijos en nuestra tierra y aprovechamos la oportunidad para charlar y darle cierre con él, al mes del periodista. Por cierto, afirma que en nuestro país los periodistas en su mayoría son imparciales, pero que los medios  obligan a decir y hacer cosas que no van de acuerdo a los principios. Recordó también que acá los periodistas ganan “sueldo de hambre”; en su caso por ejemplo jamás logró ganar más de 600 dólares.

 

Supongo que has vuelto a probar el sabor autentico de las pupusas hechas en casa…

Sí,  por supuesto, y es un sabor genuino que no se encuentra en otras partes del mundo, hay sabores parecidos, pero como el sabor que tienen las de nuestra tierra no se encuentran.

 

¿Qué te ha traído a El Salvador?

La nostalgia, la depresión, la tristeza, el amor por mi familia y mi país. Prácticamente he estado allá dos años ocho meses.

Te fuiste buscando el “Sueño Americano” ¿Qué te obligó a ello?

Me fui por presión de mi familia y de algunas amistades que me dijeron que aprovechara la oportunidad, que yo tenía el privilegio de poder entrar al país norteamericano legalmente, cuando muchos compatriotas y muchos de países vecinos hasta pierden la vida buscando el denominado “Sueño Americano” que realmente de sueño no tiene nada. Y si lo tiene no es para todos. Muchos se quedan (allá) por que tienen motivos o no tienen más opciones que seguir luchando. Llegar a Estados Unidos si tienes una carrera en tu país es literalmente renunciar a ella, muy pocos logran ejercer su carrera allá. Yo creo que el 99 por ciento de los salvadoreños que viven allá no trabajan de lo que han estudiado acá

 

Para un profesional es prácticamente dar un paso atrás…

Si no ejerce su profesión allá, sí. Un profesional calificado, con experiencia si no tiene las oportunidades o por diferentes circunstancias no logra entrar a un trabajo de su carrera es como que estés comenzando de cero. En mi caso me fui porque mi papá es ciudadano y yo tengo residencia, yo no me fui porque tuviera una gran necesidad, aquí tengo mi profesión, aquí tengo mi carrera, tenía una empresa pequeña. Yo renuncié a todo: a mi familia, a mis hijos a mi país en búsqueda de mejores oportunidades.

Uno piensa que llegar a Estados Unidos es sinónimo de llegar a hacer dinero, pero te repito son pocos los que lo logran. Es cuestión de suerte o coraje, no lo sé, pero la mayoría de nuestros compatriotas llegan a sufrir. Es una cruz que uno carga a cuestas. No vale la pena dejar a tus hijos, dejar a tus padres por dinero.

De que te sirve tener la billetera llena si tu corazón está vacío. No comes a gusto, no dormís a gusto, uno no está a gusto en otro país aunque poco a poco te vas acostumbrando, pero es un proceso difícil, sacrificado y hasta inhumano. Hay gente que sufre mucho, gente que duerme en las calles, que tiene tres trabajos, hay gente que la maltratan, que ha sido víctima de discriminación racial, que la explotan, que la humillan.

Y de quien recibimos ese maltrato es de un mismo latino que llegó antes que nosotros. Yo gracias a Dios entré por avión y ando legalmente allá. Tengo mi licencia, tengo mis documentos en regla tengo todo y aun así me cuesta. Ahora imagínate como le cuesta a los que no tienen papeles, que tienen grandes deudas que pagar por su viaje. Esa gente sufre mucho más y no puede regresar porque tiene que pagar esa deuda, como tampoco los que han sido amenazados por la delincuencia.

 

¿A qué nivel llevas tejido tu Sueño Americano, ya lo vives?

No, ni creo que lo haga, ni quiero. Realmente si yo no me he regresado definitivamente acá es porque la situación del país está mal, hay mucha corrupción, crímenes. Eso es lo que me mantiene allá y mis hijos primero Dios me los llevaré. Cuando ellos estén allá diré misión cumplida. Básicamente me he enfocado en eso, en llevármelos legalmente. Si yo no tuviera la oportunidad de meterle papeles a ellos ya me hubiera regresado, pero lo del “Sueño Americano” es un mito. Unos le llaman “esclavos unidos” a ese país porque la gente está programada como si fuera robot. Últimamente estuve trabajando de 5:00 a.m. a 10:00 p.m. Me iba para el trabajo de noche y regresaba de noche, dormía cuatro o cinco horas.

 

Tu Facebook hace un par de meses era realmente un “muro de lamentos”, te vi muchos post de lamentos

Sí, es que no es nuestro país, nuestro país es este. Lamentablemente acá no se puede vivir ya. Cuando el gobierno se agarre los “cojones” y le haga frente a esta situación a lo mejor mejoren las cosas. Allá lo que más pesa es no tener la familia, es una cruz a cuesta que duele. Hasta hoy es la cruz más pesada que yo he cargado.

 

En El Salvador los periodista gozamos de algún privilegio ¿allá te ha valido de algo tu carrera, te ha tocado hacer algo indignante?

Allá no he ejercido mi carrera todavía, pero allá alguien de prensa es como cualquier otra persona. Las fuentes son cerradas y es bien difícil. Una de las principales barreras para uno de inmigrante es el inglés. Realmente allá uno es analfabeto si no habla inglés, yo no lo hablo, aunque si entiendo muchas cosas y se responder algunas cosas, pero no es mi idioma. Hay colegas que han logrado hacerla allá, pero el porcentaje es mínimo, es casi nada. Yo he intentado entrar a los medios allá y francamente no he podido. Así que me dije: ya no voy a mendigar, tengo que seguir trabajando para traerme a mis hijos. Yo estoy enfocado en trabajar, trabajar y trabajar, pero es bien difícil allá se hacen cosas que ni en tu casa las hacías.

 

¿Qué te ha tocado hacer a vos?

He lavado platos, he lavado baños, limpiado escuelas, he trabajado en construcción, construyendo techos y casas de madera. He trabajado de taxista. He hecho varias cosas, cosas que aquí uno se da el lujo de no hacerlas. Yo tuve un accidente allá y casi me cercenan el pie izquierdo después que me metí un tornillo.

¿Cuál es la anécdota más triste que has vivido en estos casi tres años, te ha tocado llorar lejos de casa?

No estar con mis hijos, esa es una. (Allá) me ha tocado dormir en el carro, he dormido en el suelo, en sillones, en iglesias…

 

¿En iglesias?

Sí,

 

¿Lugares que sirven para dar resguardo a ancianos sin hogar?

No. Yo me congregaba en una iglesia y cuando llegué a esa ciudad a mí me habían prometido vivienda y al final no conseguí el apartamento que me habían prometido y me tocó dormir en el carro. Yo me seguía congregando. El pastor vio que yo dormí en el carro y me dijo: si quiere puede dormir en la iglesia. Dormí como una semana en la iglesia, solo iba donde una amigo a bañarme, no encontraba habitación. Encontrar habitación es todo un proceso.

 

¿Te ha tocado andar errante?

Eso me pasó en Georgia donde actualmente vivo. Cuando viví todo eso en Georgia me moví para Colorado, pero no me gustó el clima porque es muy frío y regresé a Georgia; iba por mi revancha, y ahora mi situación cambió porque ya no iba enfocado en las promesas de los amigos si no a demostrarme a mí mismo que si podía y ahora mis condiciones han mejorado un poco.

 

¿A qué te dedicas allá?

Estaba trabajando en “Roofing” (techando casas) de 5:00 de la mañana a 10:00 de la noche hasta antes de venir a El Salvador. Ahora me voy a dedicar a las ventas con una compañía de seguros de vida.

 

Tienes una larga carrera en periodismo ¿extrañas el micrófono?

Mi sueño es poner una video productora aquí o allá, pero lo voy a hacer. Esa es una de mis metas. A mí ya no me gusta ser empleado y que te estén gritando, eso ya no va para mí. Yo ya pasé esa etapa de ser empleado y ahora voy por más, voy a poner mi video productora aquí o allá.

 

¿No te hace falta coger el micrófono y entrevistar?

Sí, ya llevó prácticamente tres años de no reportear, pero allá sos simplemente una persona tengas título o no tengas título. Tienes suerte si ejercer tu profesión allá. Allá hay capitanes, allá hay doctores, abogados, arquitectos, ingenieros…limpiando casas, limpiando baños públicos que ponen en los complejos o en construcciones. Y como te digo de qué sirve tener la billetera llena y el corazón vacío.

¿Has llenado tu billetera? jajaja

Jajaja no. Lo que me estaba quitando la vida a paso lento era esto de mis hijos, pero ya los vine a ver y ya voy satisfecho y sé que muy pronto van a estar con migo. Ha sido un sacrificio muy grande que ojalá valga la pena. Uno de mis peores errores de mi vida fue irme para Estados Unidos. Lo hice por la oportunidad legal que tenía, pero en realidad no vale la pena. La felicidad no tiene precio.

 

Sin duda El Salvador, la televisión se ha quedado sin un periodista ¿Cómo inició tu carrera, que te motivó a ser periodista?

Fíjate que en un principio lo hice por curiosidad allá por 1993, en ese tiempo trabajaba en el Diario de Hoy  y luego que conocieron el trabajo que hacía en el Diario de Hoy me dieron la oportunidad en Canal 4.

 

¿Qué hacías en el Diario de Hoy?

Me llamaban corresponsal viajero. Hacía investigaciones en los pueblos. Yo no escribía solo hacía las investigaciones, por ejemplo investigaba el patrimonio del pueblo, los hijos meritísimos, las costumbres, tradiciones. La historia del pueblo. Toda esa información la escribía y le pasaba el informe al departamento de archivo de El Diario de Hoy. En una de esas conocí yo a un colega que se llama Douglas Mejía, él le habló de mí a Rodrigo Calvo y entré como productor de campo en Cuatro Visión. Poco a poco fui haciendo otras cosas como rastrear, coordinar, fui jefe de prensa hasta que finalmente me mandaron a la calle a trabajar como reportero. La primera persona que yo entrevisté fue a Rodrigo Ávila que era Director de la Policía Nacional Civil. Entonces al principio entré al periodismo por curiosidad, luego fue por vanidad y después lo hice por necesidad económica. Cuando ya tienes la experiencia ya no lo haces por curiosidad, vanidad o por dinero, lo haces por vocación.

 

 ¿Vanidad, hay vanidad en periodismo?

Si es en televisión hay vanidad. Yo lo hacía por ser popular, pero al principio no me daba cuenta que tanto lo ven a uno en las noticias porque incluso ni siquiera me gustaban las noticias, y luego me fue gustando el periodismo.

 

¿Estudiaste periodismo?

Sí empecé a estudiar periodismo allá por 1998, cuando ya estaba trabajando. No terminé la carrera, me faltó un año, me faltan 10 o 12 materias para terminar, pero la experiencia la tengo porque esto se lleva en la sangre.

 

De tu rostro quizá la gente se recuerde en Cuatro Visión, pero yo te vi en otros medios televisivos…

Si también trabajé en Megavisión un tiempo, y en Canal 12. También trabaje como jefe de prensa en la Embajada de Israel cuando estaba en Canal Cuatro. Tenía dos trabajos.

 

¿Esperas coger el micrófono nuevamente?

Sí, pero en calidad de corresponsal, acá creo que mi tiempo ya pasó.

 

Háblame sobre tu niñez, ¿cómo fue?

Yo nací en Ciudad Delgado, ahí me asentaron. En 1980 nos fuimos para Aguilares por la guerra. Ahí me crie y estudié hasta bachillerato. Yo viví pobreza, pero nunca hice trabajo de campo. Mi mamá tenía venta de cuadernos de enero hasta marzo en el parque, y yo madrugaba con ella a vender.

Bueno íbamos de corrido, primero vendíamos cuetes y después de los cuetes venían los cuadernos. El negocio era de ella, pero yo le ayudaba. Mi primer trabajo formal fue en una reparación de bicicletas y luego, como empezaba con las vanidades, tenía como 16 o 17 años, me fui a un gimnasio y me dieron trabajo como instructor. La verdad es que tuve una niñez y una adolescencia regular.

¿Qué locuras hiciste en ese tiempo de vanidades?

Mujeriar. Durante mi soltería yo hice muchas cosas, pero luego hice hogar.

 

¿Eras mujeriego?

Sí, fui tremendo, muy tremendo, pero estaba soltero.

 

¿Cuál es el significado de tremendo para vos?

Promiscuo, pero Dios me cuidó siempre porque aquí estoy.  Hoy ya pasé esa etapa de ser mujeriego. Yo también fui un poquito rockero.

 

Los cigarros el alcohol y las mujeres casi siempre van de la mano ¿hubo de eso en tu vida?

Sí, yo mezclé eso: mujer, licor y tabaco. Lo mezclé mucho.

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