María Isabel Rodríguez, ex Ministra de Salud: “Quisiera terminar todas las cosas...

María Isabel Rodríguez, ex Ministra de Salud: “Quisiera terminar todas las cosas que he dejado a medio camino, tendría para vivir unos 30 años más, pero ya no se puede”

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El periodista de El Metropolitano Digital, Santiago Leiva, conversa con la doctora María Isabel Rodríguez en su biblioteca | El Metropolitano Digital

Por Santiago Leiva

De María Isabel Rodríguez abundan los escritos, las imágenes en televisión y también han circulado un par de memes en redes sociales, difícilmente puede pasar inadvertida la larga y productiva vida de una mujer tan brillante.

“Es un reliquia”, me dijo alguien que vio mi foto  al lado de ella en mí muro de Facebook, y obviamente lo es, es una intelectual y científica de la medicina que le ha aportado y le sigue aportando a El Salvador en temas tan sensibles como la salud y la educación. Con casi 95 años dibujados a lo largo de su cuerpo la doctora Rodríguez, como la conoce el país y parte del mundo, camina despacio y habla pausado, pero su privilegiado cerebro  funciona como “relojito suizo”, y sigue manteniendo la gracia para hacer amenas sus anécdotas que ha atesorado a lo largo de la historia.

La doctora Rodríguez nació con el don de servicio a la humanidad bajo el brazo, y aunque en su inicio quisieron cerrarle las puertas a la medicina, ella la llevaba en la sangre, y no sería raro que la raíz de su árbol genealógico venga Hipócrates. Sus conocimientos científicos en medicina y su fama  de buena samaritana trascienden fronteras patrias y eso le ha llevado a que prestigiosas universidades Latinoamericanas la honren con el doctorado honoris causa.

Durante su larga trayectoria también fue Rectora de la UES por dos periodos y fue Ministra de Salud durante la administración Funes. La doctora Rodríguez me abrió las puertas de su casa y nos echamos la platicadita en su “santuario” personal, una biblioteca de cinco mil libros aproximadamente y que vendrían a ser solo “ramitas” en su árbol de conocimiento.

“No tengo material que no conozco. Para tener derecho a estar en esta biblioteca el libro debe de haber pasado por mis manos. Tengo de historia, de ciencias sociales, arte, literatura, y además todos mis libros de mi especialidad”, advierte. A partir de ahí intuí  que a la doctora Rodríguez sería una hazaña dejarla en “offside” en cualquier tema. Así que en esta platicadita de hora y media, a excepción de política”, hablamos de todo: de su niñez, sus primeros novios, la cocina, sus pasatiempos y por su puesto de su amistad con Fidel Castro. Ella es nuestro personaje de este día.

 

Dicen que no es de caballeros preguntar la edad, pero yo me veo tentado y casi obligado a hacerlo ¿Qué edad tiene?

Yo estoy por cumplir, el 5 de noviembre de este año, 95 años.

 

Años bien vividos…

Al menos vividos intensamente. Creo que les he sacado el jugo jajaja.

 

¿Hoy que está fuera de la política, cómo es un día  de la Dra. Rodríguez?

Bueno tratamos de evitar estar. Tengo un horario un poquitito elástico. En la mañana  paso la mayor parte del tiempo en Casa Presidencial porque ahí tengo una oficina que corresponde al nombramiento que el presidente (Salvador Sánchez Cerén) me ha dado de tener una asesoría en educación y en salud. La mañana la distribuyo así: la mayor parte del tiempo estoy en reuniones con distintos grupos y atendiendo las solicitudes de entrevistas que se hacen, y las reuniones o seminarios. Luego venimos acá (su casa) y comienza otra serie de entrevista con personas de más confianza y cercanas.

 

Muchas personas a los 60 años ya solo piensan en el retiro, en estar en una hamaca a la orilla de la playa ¿de dónde nacen esas energías?

Jajaja esa es una pregunta que me han hecho varias veces. Yo creo que el mejor descanso es el trabajo, ese es mi lema. Yo digo que uno descansa trabajando. Ayer (miércoles) precisamente recibí una llamada de larga distancia de unas personas que fueron mis funcionarios cuando yo era representante de la Organización Panamericana de la Salud en República Dominicana, me querían saludar y decirme que porque no voy con ellas a una playa que yo sé que es lindísima que se llama Samaná. Me dicen: vengase, rompa la rutina del trabajo. Ellas ya están descansando, pero son muchachas que yo les llamo jóvenes, se acaban de retirar. Ahí en la Organización se acostumbra el retiro a los 60 años. Yo estoy  totalmente en contra del retiro obligatorio.

El que quiera hacer uso de ese derecho que da la ley y retirarse en hora buena, no tiene gana de seguir trabajando, pero yo creo que el retiro obligatorio es frustrante para la persona. Muchas veces (el retiro) se la acaba, la mayor parte de enfermedades de los adultos mayores, como nos llamamos ahora, ocurren precisamente cuando al individuo se le retira. Ahí empiezan los infartos, las hipertensiones, un montón de enfermedades que son las que inhabilitan.  Yo cuando vine, que llegué a la Universidad (de El Salvador), en otras condiciones más rígidas no me hubieran aceptado como rectora. El ingeniero Vanegas que era uno de los candidatos (a la rectoría) decía que yo tenía dos defectos mayúsculos: ser vieja, y eso no lo negaba, y la otra cosa era que yo era foránea porque había estado bastante tiempo fuera, estuve 21 años fuera.

Eso de haber estado yo y trabajado en varios países era pecado para ellos. Él decía que solo conocía este país porque no conocía ni siquiera Guatemala jajaja y que por tanto yo me la había pasado en tantos países que ni siquiera conocía lo que era El Salvador. Entonces yo llegue ya vieja a la rectoría, pero no podemos negar que se hizo algo.

 

La historia quizá algún día la registre como la persona de mayor edad en un gabinete de gobierno…

Si. Bueno después de esos ocho años de rectoría me quedé haciendo consultorías a distintos países, pero la preparación del Plan de Gobierno de (Mauricio) Funes fue para mí una cosa muy estimulante porque yo invité gente, mucha gente de fuera, de distintos organismos que habían trabajado conmigo en salud. Yo pienso que uno de los periodos más productivos, más fructíferos, de los más estimulantes que hubo fue precisamente el periodo de preparación de la reforma de salud de El Salvador, que es una reforma que sigue siendo muy citada y realmente de mucha estimación en distintas partes del mundo porque se hicieron partes muy novedosas.

 

Obviamente usted es una mujer ocupada, ¿Qué hace a parte de trabajar, que le gusta hacer, sale a pasear?

A mí  me gusta hacer muchas cosas, pero fíjese que curiosamente desde mi regreso a El Salvador he abandonado muchas de las cosas que me gustaban hacer. Por ejemplo yo en los distintos países donde he vivido he combinado mi estancia con la invitación de mucha gente a mi casa y la que cocinaba era yo, aprendí a ser buena cocinera y me gustaba eso. Yo vivía en Washington enfrente del Watergate y ahí los programas de ballet, de teatro  me llenaban mucho la vida porque lo tenía enfrente, a mí  me gustaba ir al cine y cuando regresé me envolví en un trabajo tan absorbente que fui olvidando las costumbres de divertirme. Me divierto viendo algunos programas de televisión, las noticias y todas esas cosas no me las pierdo, pero más que todo leo y no estoy escribiendo lo que debiera escribir porque estoy escribiendo lo que me exige el trabajo, y poco de lo que debó escribir. Siento que los años están pasando y yo no voy a dejar ninguna herencia en el sentido de escribir cosas diferentes a las que me exige el trabajo diario.

 

¿Cuál era el platillo que más le encantaba cocinar para sus amigos?

La comida mexicana fue la que más aprendí a cocinar, y de ellas muchos platos como por ejemplo el “platillo yucateco”, es de los que más me gustaban. Los chiles en nogada eran de los que me gustaban mucho, los quesos rellenos… particularmente nunca trabajé mucho el cerdo, si trabajé bastante el pollo en distintas formas y muchos otros platos que ya hasta se me olvidaron.

¿Aquí no cocina?

Aquí no, ya ni sé ni donde están los cuchillos de la cocina. Me mal acostumbre y fui dejando las cosas que  quizá me llenaban en aquel momento, pero ahorita tengo tanto que hacer y eso quizá es lo que me llena. Yo digo que vivo en constante revisión y análisis de lo que se puede hacer para el futuro, felizmente tengo una biblioteca que me llena porque no solo tengo libros sino todos los documentos que he elaborado en el pasado.

 

¿Usted es de redes sociales, tiene Facebook?

Vergonzosamente no, vivo de lo que los otros leen. He dicho que voy a recibir un curso, pero no lo he hecho. Pero estamos pendientes, y sí algo ocurre o algo dicen de mi todo me lo pasan.

 

¿Ha visto entonces que le hacen memes?

Sí, claro jajaja y me divierten jajaja. Yo los gozo.

 

¿Cuántos libros componen su biblioteca, tiene idea?

Es una buena cantidad, creo que como cinco mil títulos.

 

¿Y los ha leído todos?

Mire yo no tengo material que no conozco. Para tener derecho a estar en esta biblioteca, el libro debe de haber pasado por mis manos. Puede ser que a algunos de ellos no los haya leído completos. Tengo de historia, de ciencias sociales, arte, literatura, y además todos mis libros de mi especialidad. Hay de todo.

 

 Doctora ¿de dónde viene tanta inteligencia, de su papá, de su mamá?

Todos la tenemos, pero no la usamos. Yo creo que hay que saberla usar. El humano ha tenido la virtud, la capacidad de hacerlo, lo que pasa es que no hemos tenido la oportunidad de tener gente que nos oriente y nos dirija en nuestra época de jóvenes, y los ambientes en los que nos hemos desarrollado a veces no hacen crecer a los niños porque hay ambientes muy rígidos. Yo he tenido la suerte de que en los distintos campos que me he desarrollado he tenido mentores.

 

La inteligencia muchas veces se cultiva desde la niñez ¿había más libros que juguetes en su niñez, como fue su niñez?

Fíjese que recordando y haciendo una pequeña revisión del ambiente en que me críe, fíjese que yo soy producto de un ambiente de mujeres. No había hombres, no había padres, el esposo de una tía era el único, pero no era mi padre. Mi madre fue muy dulce y generadora de inquietudes, era una persona que nunca me regañó. Yo no recuerdo un regaño de mi madre. Recuerdo que cuando me revisaba el cuaderno llegaba con dulzura a decirme: mira esa palabra como que no se escribe con esa letra, me corregía con dulzura. Yo tuve desde muy chica la idea de ayudar a las personas que se criaron en mi casa o que llegaban a jugar con las muchachas de la casa. Tuve una tía muy interesante en ese sentido y esa tía solo tuvo una hija. Ella (su tía) tenía una característica que  a todas las empleadas que tenían hijos les brindaba la oportunidad de que tuvieran sus hijos ahí, se criaban ahí y lo primero que hacía era mandarlos a la escuela.

Nunca creció una niña o niño que no fuera a la escuela. Lo interesante de ese esfuerzo es que a mí  me llegó la oportunidad de ayudarles, de enseñarles a leer. Y la hija de esta mi tía era una mujer que le gustaba leer mucho, tenía una gran cantidad de libros, y en la casa había la cultura de que las niñas no debían de leer, por ejemplo novelas ni cosas que le despertaran la mente. Entonces esta prima hermana tenía libros de Víctor Hugo y novelas de todo tipo. Eran como libros prohibidos, pero yo particularmente me metía al cuarto de ella y ahí me divertía leyendo jajaja, yo me divertí mucho leyendo muchos libros básicos.

Cuando estaba en tercer grado de primaria había leído bastante y las maestras me decían: tú donde has leído eso. Fue así como fui creándome una necesidad de leer y que la lectura me generara inquietudes para ir a buscar otros libros. Así llegué yo al lugar donde creo más me formé en toda mi vida profesional. Mi formación más sólida nació en el Instituto General Francisco Menéndez (INFRAMEN), en donde yo hice mi secundaría.

Le escuche decir que su familia no estaba muy de acuerdo en que estudiara ahí…

Claro. Porque imagínese usted lo que significaba la educación de niños y niñas (mixto). Muchas veces esa educación no era aceptada por la familia y mi tía y mi mamá  ya tenían decidido mi futuro, de que yo iba ir al colegio donde iba mi prima hermana, que era el Colegio Guadalupano. Entonces ellos pensaban para mí en el Colegio Guadalupano, y cuando yo le mostré a mi mamá que me había llegado un telegrama (se hizo un problema). Yo había hecho medio en secreto la solicitud para estudiar en el Instituto y entonces cuando me llega el telegrama dirigido a mí y que decía que había sido aceptada en el Instituto y que debía presentarme, me dice mi mamá: y tú ya le contaste de esto a Isabel, Isabel era la segunda de las hermanas, no le digo.

Ella tiene que saberlo y no lo va aceptar, entonces fue mi mamá a hablar con mi tía y ella dijo: cuando lo sepa Elena (Elena era la mayor) será terrible. Y así fue. Hubo un gran escándalo en la casa y al final la hermana mayor que era la máxima autoridad se fue de la casa con sus dos hijos que tenía, porque no aceptó.

 

¿Por qué le gustaba el INFRAMEN para estudiar?

Eso todavía no lo he investigado fíjese. No sé (quizá) la figura del Instituto, para ese tiempo debí haber tenido 14 años. El Instituto Nacional tenía en ese momento un profesorado de primer nivel. Había una orientación académica muy a la francesa porque en esa época la escuela francesa era dominante aquí. En la época que yo estuve el director era un coronel francés.

 

Ahí usted compartió con chicos, ¿le permitió su familia que pudiera ir alguno a hacer deberes en su casa?

Fíjese que ocurrió un cambio en mi familia. Esa tía que era la dueña de la casa comenzó a hacerse muy amiga de mis compañeros, y me permitieron un día llevar a uno. Recuerdo que en el comedor nos pusimos a trabajar porque por primera vez metía yo un hombre a la casa jajaja. Y ahí había una puerta de esas que se mueven (corrediza) y a cada rato pasaba mi mamá o mi tía viendo que estábamos haciendo jajaja.

 

Cuidadito con tocarle la mano…

Era el control jajaja, pero poco a poco (cambió la cosa). Un día de tantos a mi tía, nosotros íbamos al mar la Semana Santa, toda la semana, se le ocurrió invitar a unos compañeros míos que le caían muy bien a ella y fuimos todas las muchachas de la casa con esos compañeros, pero claro el esposo de ella y ella eran los que dormían en las hamacas que estaban en medio, a un lado estaban las hamacas de las mujeres y al otro las de los hombres. Ahí estaban ellos controlando todas las noches si no nos movíamos jajaja. Pero aceptaron y nos llevaban serenatas y empezó la tía a abrirse, a civilizarse jajaja. Después la casa cambió. Ella era muy platicadora y cuando íbamos a las fiestas yo recuerdo que ella divertía mucho a los muchachos.

 

¿Usted bailaba bastante en las fiestas?

Bailaba bastante en esa época.

 

¿Qué le gustaba bailar?

De todo. Bailaba vals, tangos, música folklórica. Yo bailaba de todo. Mi prima hermana era la mejor bailarina, era mejor que yo en ese sentido. Y cantaba también, tenía una voz preciosa. Divertía mucho a mis compañeros y yo no me quedaba tranquilita en la (silla), ahorita ni hago eso siquiera.

 

¿Alguno de esos muchachos fue su primer novio, o tuvo que esperar hasta llegar a la universidad?

No, no mucho jajaja, no tuve novio formal, pero al final del bachillerato sí. Las cosas serias fíjese que  se me dieron a mí hasta finales de mi carrera. Creí que me iba a casar cuando estaba haciendo mi post grado en México, pero  por suerte no lo hice. Yo me vine a casar ya bastante mayorcita incluso cuando ya estaba como funcionaria de la organización.

 

¿Cómo recibieron su mamá, sus tías a su primer novio, se le puso difícil a ese muchacho?

No, yo nunca lo di a conocer jamás.

Era un amor clandestino…

Sí, clandestino jajaja. Mientras las demás los daban a conocer yo no tenía en mente el matrimonio.

 

Hay chicos que al ver a un persona súper inteligente le da miedo acercárseles ¿les pasó con usted?

A lo mejor. Pero eso es mutuo jajaja. Así como ellos pueden tener temor a acercarse, uno tampoco hace lo posible. La mujer juega un papel importante en los noviazgos si le gusta la cosa la promueve jajaja.

 

¿Usted era de 10 y 9 en sus notas?

Fíjese que sí, a grado tal que yo recuerdo siempre la reacción de todos mis compañeros en el bachillerato cuando yo no fui nominado como  Primer Bachiller de la República. Ellos sintieron como que todos habíamos perdido. Yo saqué el tercer lugar, el primer lugar en el examen escrito, pero en el examen oral un chico del Liceo Salvadoreño me ganó el puesto. Yo no lo sentí tanto como mis compañeros y sobre todo los varones. Y esa fue una cosa que me impactó mucho porque todos estaban indignados con el jurado. Entonces el primer lugar se lo llevó el Liceo Salvadoreño, el segundo el Externado San José y el tercero el Instituto Nacional, pero ellos estimaban que yo tenía que ser el primer lugar.

 

En la Universidad usted se decanta por estudiar Medicina ¿era difícil estudiar esa carrera en su tiempo?

Era difícil. A mí me tocó ser la única mujer de esa promoción, pero ya antes había habido dos mujeres que iban delante de mí, habían llegado hacía varios años y una de ellas todavía está viva. Yo no sentí que la carrera de medicina fuera una carrera muy difícil, era duro el trabajo, pero a mí como que me divirtió la carrera de Medicina.

 

¿Nunca nadie le desanimó a estudiar Medicina?

Sí y yo muchas veces lo he repetido que quien no quería que entrara, que no entrara una mujer era el propio decano. Era un decano pedante, de  alta familia. El hizo una cosa que no hizo con nadie, cuando iban a inscribirse hombres él muy tranquilo, pero cuando se dio cuenta (de mí) me mandó a llamar y para mí fue un susto porque pensé a lo mejor este señor va a decir que yo no puedo entrar. Fui y el señor me había mandado a llamar para ver cómo me convencía de que yo no debía estudiar medicina, me llamó para eso. Y me dijo: tú porque quieres estudiar medicina, esa no es una carrera para mujeres, es una carrera para hombres, tú tienes muchas cosas que hacer en tu casa, prepararse para cuidar a los niños, para ayudar a la madre en la cocina. Me dijo todas las tareas que habitualmente el hombre está acostumbrado a asignarle a la mujer. Después de haber gastado una parte de su tiempo, llegó la parte del despido y me dijo: vas pasar a retirar tu solicitud y le dije que no, que yo quería estudiar medicina.

 

¿Y su familia la perfilaba para doctora de niña o preferían otras carreras para usted?

Mi Mamá cuando yo era chiquita creía que yo podía ser dos cosas, decía que yo podría ser señorita normalista, ser maestra normalista era una cosa importante y mi Mamá veía que a mí me gustaba enseñar, la segunda era una señorita modista.

 

¿Era buena para diseñar vestidos?

Hacía muchos vestiditos para las muñecas. Aprendí a coser porque a mi Mamá le gustaba mucho. Y yo al lado de ella hacía vestiditos y bordaditos.

 

Me cuenta que se casó ya realizada, tenía una carrera ¿Cuánto tiempo duró esa unión?

Desgraciadamente muy poco tiempo. Mi esposo por mucho tiempo había sido funcionario de la Organización Mundial de la Salud, había sido subdirector, y entonces resulta que había vivido la mayor parte del tiempo en Suiza, pero una vez en una convención en México nos presentó un amigo que era el embajador de El Salvador allá. Él decía que había conocido a dos gentes que por su forma de ser en la vida se parecían mucho y que quería que se conocieran. Entonces me presentó a mí y a mi esposo en una reunión que hizo él en la embajada. Ahí empezó la cosa.

 

Jajaja, la hizo de “Celestino” el embajador y le funcionó

Un “Celestino” jajaja. Entonces empezamos un noviazgo que duró 15 años y el matrimonio duró muy poco, porque resulta que nos casamos e inmediatamente viene el problema de la toma de la Universidad. Yo tenía una oferta de la Organización Panamericana de la Salud que acepté porque tenía que salir de El Salvador de cualquier modo. Fue en el año 1972, nos fuimos y lastimosamente él tuvo un problema: embolias cerebrales provocadas por un antiguo problema que él había tenido en el riñón y murió en México. De manera que estuvimos casados solo cinco años. Ahí se acabó la vida matrimonial mía y me dediqué por entero al trabajo. A partir de ahí fui funcionaria de la Organización en distintos países durante 21 años. En Washington estuve once años. Estuve en México, Venezuela, República Dominicana, luego trabajé con todos los países de la región.

¿Se involucró en el conflicto armado interno de El Salvador?

Yo digo que difícilmente hay intelectuales que no hayan trabajado desde fuera por el movimiento revolucionario. Todos colaboramos en algo desde fuera, sobre todo promoviendo los movimientos de solidaridad. Eso lo hicimos todos y creo que era importante hacerlo.

 

¿Cuáles son los personajes más importantes que ha conocido en su carrera?

Fíjese que en distintas partes del mundo he conocido gente maravillosa.

 

¿Conoció de cerca a Monseñor Romero, guarda alguna anécdota con él?

Tuve la mala suerte, aunque lo conocí y alguna vez converse con él, que no viví como debí estar cerca de él. Recuerdo que una vez que me había invitado  Pepe Simán a la casa de él, él (Monseñor) llegaba mucho, no pude llegar y después lo lamenté mucho. He tenido más relación con el Cardenal (Gregorio Rosa Chávez).

 

La vi en una foto con Fidel Castro ¿Fue amiga de él?

Yo creo que sí, yo le tenía mucho cariño y creo que él me estimaba bastante. Yo le decía que era más médico que otra cosa y un día llegué a decirle que era médico frustrado jajaja. Es que él hizo por la medicina de Cuba, y del mundo diría yo, muchísimo pero muchísimo porque apoyó mucho a los científicos. Él diría yo, esa es mi hipótesis, sufrió mucho en el triunfo de la revolución con la gente que se salió. Ocurrieron cosas terribles, había médicos que ya habían planeado su escape, que estaban operando  dejaban un abdomen abierto y se iban.  Esos ejemplos a Fidel lo impactaron mucho. Yo en ese tiempo era consultora de OPS y llegaba mucho a Cuba. Él nos recibía en su oficina, conversaba largas horas con uno preguntando como veía uno la cosa en Cuba, como veía su desarrollo, que se podía hacer. Era un enamorado de la ciencia y de la medicina en particular.

 

¿Cuál fue su respuesta cuando usted le dijo que era médico frustrado?

Se moría de la risa jajaja.

 

¿Y con el “Che” Guevara coincidió alguna vez?

No coincidí con el “Che” lastimosamente.

 

Alguien me contó que Fidel dejó de fumar por consejos suyos…

No sé si es cierto. Él decía que yo mucho lo fastidiaba, que lo fastidiaba  siempre que  llegaba a Cuba y lo veía con su cigarrito, su habano. A veces lo escondía. Creo que dejó de fumar, se convenció. Había mucha gente que llegaba a bombardearlo no solo yo. Tengo la impresión que murió de eso fíjese.

 

¿De fumar?

Sí, es que la gente no cree las consecuencias. El impacto de la nicotina es prácticamente es en todo el organismo, pero se piensa que solo es en el pulmón. Fidel fue un hombre que fue entregado a la revolución a su país.

 

¿Por su experiencia científica que tipo de muerte es la menos dolorosa?

Terminar con la vida creo que de cualquier manera es dolorosa. Bueno hay enfermedades que son dolorosas en sí y sus finales son dolorosos. No podría decir la muerte súbita porque duele.

 

Usted el 5 de noviembre llega a 95 años, fuera de su trabajo profesional ¿hay algo que le falte por hacer, algún sueño por cumplir?

Me falta mucho por hacer. Quisiera terminar todas las cosas que he dejado a medio camino,  tendría para vivir unos 30 años más, pero ya no se puede jajaja.

 

¿Necesita vivir 30 años más?

Sí, pero ya no con ninguna asignación especial de tipo administrativo ni cosa que se parezca. Unos 20 años aquí encerrada trabajando, escribiendo, produciendo si los necesito.

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