Carlos López Mendoza, vocero de la Cruz Roja: “Me crie en la calle, prácticamente fui niño de la calle”

Foto tomada del Facebook de Carlos López Mendoza

Por Santiago Leiva

Don Carlitos es un libro abierto, sobre su historia han corrido ríos de tinta en diferentes medio impresos, navegan numerosos escritos en el mundo virtual, pero siempre hay renglones sobre su vida por descubrir. Registrado en el acta de nacimiento como Carlos Borromeo López Mendoza allá por 1939, este “Hijo Meritísimo de El Salvador” es digno de un film hollywoodense. En casi 78 años de vida trajinó por la pobreza extrema durante su niñez, navegó en los mares del alcohol durante su juventud y ha cosechado racimos de galardones por su servicio humanitario en la Cruz Roja.

Don Carlitos como le conocen sus amigos es el vocero oficial de la Cruz Roja, institución que le abrió las puertas un mes de enero de 1974. Fue ahí donde encontró el equilibrio emocional y más tarde también la forma ideal para llevar el sustento diario a sus hijas. Abandonado por su mujer cuando sus hijas tenían dos y cuatro años, Don Carlos se convirtió en padre y madre, y esa decepción le llevó a lanzarse a un más a los brazos de alcohol, vició que adquirió cuando deambulaba por las calles capitalinas.

En sus andanzas por el Centro Histórico de San Salvador, y obligado por el ruido de su estómago pidiendo alimento, este laureado personaje quiso aprender uno y mil oficios.  “Pregúnteme que oficio no he querido aprender, casi todos. Quise ser relojero, quise aprender carpintería, quise aprender a sastre, pero no me pagaban. El lugar donde me pagaban más me ofrecían 2.00 colones a la semana”, recuerda.

Sin futuro económico en esos oficios Don Carlos decidió llegar apostar por el comercio informal. “Tuve que dedicarme a vender periódicos, vender billetes de lotería, vender dulces en los cines y lustrar zapatos. De mi niñez, la satisfacción más grande es que les lustre los zapatos a los artistas más famosos de ese tiempo, le puedo mencionar a Pedro Infante, Antonio Aguilar, Tin Tan, Martha Roth,  Lon Chaney, Víctor Manuel Mendoza, Columba Domínguez.”, dice. Esos tristes y dulces recuerdos ya huelen a antigüedad, pero él los mantiene vigente y quiere registrarlo en su propio libro, al que titularía:“De limpia botas a Hijo Meritísimo”. Don Carlitos es nuestro personaje de la semana.

 

¿Cómo se manifiesta el espíritu navideño en don Carlitos, en tristeza, alegría, preocupación?

Yo siempre lo disfruto, y siempre aconsejo prevención para los niños a la hora de la quema de pólvora y que a los que les gusta  tomar lo hagan con moderación. Para mí lo mejor es estar en familia. Algo que siempre hago en Navidad y Año Nuevo es pedir porque llegue la paz en nuestro país.

 

Imagino que fue de los niños que creció reventando pólvora ¿todavía revienta cohetes don Carlitos?

Sí, sí todavía, pero no como antes. Recuerdo que de cipote yo compraba una cajetilla, valía 0.5 centavos de colón la cajetilla de 12 cuetillos y con eso nos divertíamos. En ese tiempo lo más que nos daban los papás eran 0.10 centavos de colón para dos cajetillas. Cuando más disfrutábamos era cuando comprábamos silbadores, que no eran prohibidos en ese tiempo, o poníamos buscaniguas. Había también unos fósforos de luz que venían en una cajita. Son cosas de mi infancia que yo disfruté. Era tan atrevido que reventaba cuetillos en la mano, pero cuetillos, no morteros como los de ahora. Hoy los cuetillos que yo recomiendo son los de luces y también recomiendo no mezclar la pólvora con las bebidas alcohólicas porque en el tiempo que tengo de estar en esta institución he visto muchas tragedias a raíz de la imprudencia.

¿Es de los que se toma un traguito de vino, de champaña para disfrutar la cena navideña o fin de año?

Sí, yo lo hago, pero hasta ahí no más, sin propasarse porque no lo encuentro correcto.

 

¿Qué toma?

Solo vino.

 

¿El licor, la cerveza, fueron parte de su vida alguna vez?

Sí, tome en un tiempo, pero por experiencia le digo que eso no trae nada bueno. Hoy decimos si tomas, toma con moderación, pero para mí es mejor no hacerlo porque conforme más se toma, más quiere uno, y eso lo digo por experiencia.

 

¿Cómo era don Carlitos en estado de ebriedad, mire que hay diferentes tipos de bolos?

Mi pila era solo estar platicando, esa era mi forma de ser. Y mire en ese tiempo yo estoy seguro que los licores eran más fuertes, tenían 45 grados y eran más baratos. Cuando dejé de tomar, quizá tenía como 36 años,  y dejé porque tuve una experiencia muy dura con mi hija.

 

¿Qué pasó?

Yo anduve en la calle y un día en una de tantas llegó a la casa y pregunto: ¿bueno y las cipotas dónde están?, me dijeron que andaban trayendo las tortillas. Quise a hacerme el papá enojado y se me subió la cipota. Me dijo: mirá papá vos no sabes como comemos acá, y eso a mí me dolió. Mi primera intención fue quererla golpear, pero en eso salió una tía y me dijo: hijo vení, te voy a contar porque es que ellas vienen tarde. Entonces vivíamos en San Jacinto y ellas iban a traer las tortillas al mercado de San Jacinto, y lo que sucedía era que para que les regalaran las tortillas le ayudaban a la señora (tortillera).

 

Usted se gastaba el dinero en el vicio…

Sí, sí, no era responsable. Y no me siento mal contarlo porque mi hija provocó que dejara la bebida. Esa tarde que le cuento yo iba para la casa a acostarme y llevaba una pacha de “Muñeco”, metida en el pantalón, pero esa vez que mi hija me dijo eso casi lloré y prometí no volver a tomar. Le hice una calavera a la pacha y la fui a guardar a un cuarto. Esa vez pasé cosa de una semana desesperado por tomar, pero había prometido no hacerlo y no salía. Por cierto que de acá de la Cruz Roja unos amigos, como no venía a mis turnos me fueron a buscar. Eso que le cuento fue un día viernes y el día martes llegaron a buscarme en una ambulancia. Iban listos para irme a meter al Siquiátrico.

 

¿Al Siquiátrico?

Sí, es que hay un tratamiento ahí para los alcohólicos y en ese tiempo era bien fácil meterlo. La idea que llevaban era llevarme a que me echara un mi trago y ya dormido me iba a ir a dejar al Siquiátrico. Recuerdo que ahí estaba mi mamá y les dijo: miren él ya no ha tomado, pero está como león desesperado, entonces ellos ya no me llevaron sino que le dijeron a mi mamá que me estuviera dando frescos y azucaradas. Así que como a la semana me fueron a traer para que fuera a una reunión a la Cruz Roja y los compañeros bien contentos me dieron la bienvenida. Así fue como deje de tomar.

 

Ósea que el alcohol casi lo lleva al Siquiátrico…

Sí, me pudo haber llevado, pero gracias a Dios recapacité a tiempo.

 

¿Qué le arrastró a este vicio,  las mujeres quizá?

Mire en parte quizás me lo incrementó. Lo que pasa es que yo empecé a trabajar desde muy joven y los amigos me decían: échate aunque sea un traguito y así fui aprendiendo. Aparte que me dejó la mamá de mis hijas con una niña de cuatro y otra de dos años. Eso influyó también.

¿Por qué lo dejó?

Mire yo digo que en parte la culpa la pude haber tenido yo, pero bueno ella se fue con otro señor y me dejó las niñas, por cierto mis hijas no le hablan.

 

De quien no se separa es de la Cruz Roja…

Sí, si Dios me da vida en enero voy a cumplir 44 años.

 

¿Cuánto tiempo más seguirá casado con la Cruz Roja, hasta que la muerte los separe?

Sí. Yo mientras Dios me de vida aquí voy a mantenerme. Ya no hago lo mismo que hacía hace 20 años, pero de alguna manera les sirvo a los jóvenes, les motivo para que se vengan acá y les enseño lo que todavía sé. Estaré acá hasta que Dios me de vida. Sabe yo me quería jubilar, pero las autoridades me dijeron: aquí nadie le está diciendo que se vaya, aquí estese. Entonces gracias a Dios sigo haciendo lo que me gusta.

 

¿Ha pensado en celebrar las bodas de oro?

Jajaja, que galán fuera.

 

Pero ya no falta mucho…

Que galán fuera, si yo pudiera la celebro. Sí enero estoy vivo tendría 44 años de estar aquí ya solo me faltarían seis años. Yo he tenido momentos difíciles, pero también he tenido grandes satisfacciones. Una de las satisfacciones que he tenido ha sido el reconocimiento de la gente, del pueblo, porque gracias a Dios si yo voy al mercado Central a pedir fiado me dan. Hay gente que me ha visto y a parado el carro y me preguntan: ¿don Carlos para dónde va?, súbase. Uno de los reconocimientos especiales por el cual doy gracias a Dios es uno que me hicieron en 2001 por parte de la ONU. Me nombraron Embajador de los Voluntarios de El Salvador de las Naciones Unidas. De ahí para allá me han dado otros reconocimientos que también tienen mérito.

 

¿El servicio al prójimo es un don de Dios o amor al semejante?

Creo que las dos cosas.

 

¿Cómo llega el llamado suyo a la Cruz Roja, como nace ese sentimiento de servir?

Mire hay varias situaciones, pero la principal es que yo me crie  en la calle, prácticamente fui niño de la calle, ahí me anduve desde la edad de 13 años, conocí el sufrimiento. Pregúnteme que oficio no he querido aprender, casi todos. Quise ser relojero, quise aprender carpintería, quise aprender a sastre, pero no me pagaban. El lugar donde me pagaban más me ofrecían 2.00 colones a la semana. Entonces tuve que dedicarme a vender periódicos, vender billetes de lotería, vender dulces en los cines. Uno de los trabajos de la calle que me dejó satisfacciones grandes fue el de lustrar zapatos.

 

¿Fue lustrador?

Sí, fui lustrador de zapatos y traté de ser de los mejores. De eso la satisfacción más grande es que les lustre los zapatos a los artistas más famosos de ese tiempo. Entre esos le puedo mencionar a Pedro Infante, Antonio Aguilar, Tin Tan, Martha Roth,  Lon Chaney, Víctor Manuel Mendoza, Columba Domínguez. Todos esos vinieron a El Salvador y casualmente ellos se hospedaban en un hotel que se llamaba Astoria, ese hotel estaba al costado Sur del Palacio Nacional. Ahí se hospedaban todos los artistas. Entonces yo llegaba y le limpiaba los zapatos al ordenanza y le preguntaba en que cuarto estaba el artista que había venido. Él nos decía el número de habitación y le íbamos a tocar por el lado de la calle, uno de mis aleros en eso fue “Chirajito”. Así tuvimos la oportunidad de conocerlos. Cuando vinieron a hacer aquí la película “El Pirata Negro” me pasó una experiencia bonita. Me dijeron: mirá cipote, querés irnos a ayudar, nos vamos a ir todos los días a Panchimalco, ahí iban a hacer la película.Yo felíz porque me llevaban y me pagaban 2.00 colones diarios que en ese tiempo era pisto. Entonces filmaron la película en la iglesia, Anthony Dexter, Lon Chaney, Martha Roth, y según yo iba salir en  la película, pero solo un día  me pusieron una peluca  y un gabán. Corran para allá nos dijeron y yo felíz volteaba a ver a la cámara. Hey no voltees a ver a la cámara me decían jajaja.

¿Su encuentro con Pedro Infante cómo fue?

Le toqué la puerta y me dijo: ajá chamaco que querés. Le digo: le damos brillo a los zapatos. No me dijo, así están buenos. Nombre si será de choto le dije. Y me dice: quien es choto jajaja. De gratis pues.

 

¿Le pagó?

Sí, como no, por cierto con pesos mexicanos. Pero mire la experiencia más tallada para mí fue la que tuve con Tin Tan. Yo estaba en la mera puerta del hotel viendo que iban a salir y venía Tin Tan con un sombrero con una gran pluma y un gran saco. Y le digo: yo tengo un tío que le dicen Tin Tan. Y me dice: ajá chamaco porque le dicen Tin Tan a tu tío. Mi mama dice que por trompudo le dije jajaja, y él me regaló un billete de 5.00 colones, para decirle que esa vez dos días no trabajé.

 

¿En cuál de sus trabajos de niño estuvo más tiempo?

Mire mi horario era así: yo salía a las 6:00 de la mañana de mi casa, vivía en el barrio La Vega, a comprar La Prensa Gráfica, nos daban 10 Prensas por 0.60 centavos de colón,  y como a eso de las 9:00 de la mañana ya las había vendido y había ganado 0.40 centavos. Con esos 0.40 centavos me iba ahí por el Sagrado Corazón y me daban mi desayuno por 0.30 centavos.  Más tarde empezaban las películas de las 10:00 de la mañana en los cines: el Teatro Nacional y el Teatro Principal, entonces yo compraba dulces y los vendía ahí, y sí era la época que se iba a jugar la lotería compraba un par de billetes para venderlos. Al medio día me iba, sacaba la caja de lustres y me iba a los salones.

 

¿Salones de prostitución?

Salones donde la gente iba a tomar sus cervezas.

 

Jajaja se daba sus cruzaditas por la Calle Celis (La Avenida)…

No. Nos quedaba muy lejos. Esos quedaban alrededor del Palacio Nacional, sobre la Avenida España y la 2ª Avenida frente a la Lotería.  Ahí estaba el bar Gutiérrez, La Familiar, estaba el bar Atlacatl, allí nos dejaban entrar a lustrar zapatos.

 

¿Cómo es que termina en la calle,  no estudiaba?

Como no, yo ya había hecho cuarto grado, lo había repetido tres veces jajaja porque me quedaba aplazado.

 

¿Por qué aplazaba, por andar vendiendo?

No, no, no.

 

¿No le gustaba el estudio?

Como no, pero quizás era un poco topado. La cosa es que yo comencé a trabajar porque cuando se murió mi papá yo tenía 13 años, y cuando mi papá se murió le quitaron todo a mi mamá. Mi mamá era una mujer de campo y sólo había hecho tercer grado en el pueblo donde ella vivía, ella era de San Pedro Nonualco, pero se vino a vivir aquí y aquí conoció a mi tata.

 

¿Los dejaron en la calle?

Sí. Mi papá tenía tres talleres de barbería en El Calvario y una enfrente de la Policía, pero se las quitaron porque mi mamá no sabía de leyes ni nada, se las quitó una hermana de él. Entonces yo debí trabajar porque era el mayor. Eso sí, no deje de estudiar. En ese tiempo la misión de un cipote era sacar su sexto grado y aprender a andar en bicicleta porque así ligerito le daban chance a uno en los trabajos. Mi primaria la saque en la Escuela Nocturna de “Vociadores”, ahí solo los que vendíamos periódicos estudiábamos, ahí saqué sexto grado y mi primer empleo fue en un bufete de abogados, iba a la oficina a hacerles el aseo, era el ordenanza.

 

¿Qué fue lo más bochornoso que le pasó en esos tiempos de calle?

Mire una de las cosas penosas me pasó en la escuela, aún estaba vivo mi papá, la profesora nos formó, y un compañero le dijo a la profesora que yo la había insultado y por eso podía ir a la escuela hasta que llegara mi papá. Él me pegó una gran “penquiada”. Y ante Dios yo no le había dicho así. En otro evento siempre en la misma escuela, la Joaquín Rodezno, nos sacaron del grado a los dos (mí compañero), a él por estar copiando y yo por estar hablando. Nos mandaron al patio y yo andaba descalzo. Esa vez le reclamé y nos dimos riata.

 

¿Usted no usaba zapatos?

No, no usaba zapatos.

 

¿No tenía?

Si no tenía.

 

¿Hasta qué edad usó zapatos?

Hasta que tenía 15 años, me puse los primeros zapatos. Para entonces ya vendía billetes de la lotería y ya tenía para comprarlos. Así que me fui a comprar mis primeros zapatos, valían 8.00 colones.

 

Unos burros jajaja…

Sí cabal unos burros. Ahí al mercado los fui a comprar, y me sucedió algo chistoso el siguiente día. Yo no sabía cual era el zapato izquierdo y cual era el derecho y me los puse al revés. Yo vivía en La Vega y mire cuando iba llegando al parque Libertad yo ya no los aguantaba.  Me los quité, me regresé y le digo a un tío: mire yo no aguanto los zapatos; que no te los mediste allá me dice, como no le dije. Ponételos me dice. Y va viendo que me los ponía al revés jajaja. Es que nunca había usado zapatos, para que le voy a mentir.

 

¿Cómo es que termina en la Cruz Roja?

Fíjese que allá por 1970, trabajaba en la Foremost, yo era repartidor de leche, y el último cliente que visitábamos estaba en la carretera a Los Planes de Renderos. Ahí había un restaurante que se llamaba “el Napito”. El muchacho encargado era bien amigo de nosotros y ahí nos quedábamos platicando. Un día llegó un niño corriendo y nos dice: fíjense que va a tener un niño mi mamá. Entonces el muchacho (del restaurante) habló por teléfono y como a los 15 minutos iba llegando una ambulancia. Yo le pregunté a la enfermera de que como se hacía para entrar a la  Cruz Roja y solo me dijo que ahí no pagaban. Igual yo les ayudé en el parto, eso fue en 1970. En 1974 salió un anuncio en el periódico que decía: hágase voluntario, aprenda primeros auxilios, salve una vida. Curso completamente gratis. Me fui a meter, recibí el curso de primeros auxilios y desde entonces estoy en la Cruz Roja. Eso fue en enero de 1974.

 

En más de 40 años ¿qué es lo más triste que le ha tocado vivir en servicio?

Lo más triste ha sido el conflicto armado. Vi morir mucha gente inocente. Yo siempre que me toca atender niños aún me descompongo porque vi mucho niño que pereció en tiempo del conflicto. Arriesgue mi vida también cuando habían enfrentamientos.

 

¿Cuál ha sido el suceso que marcó su vida?

Hay varios. Uno de esos fue cuando me quedé solo con mis hijas y todavía tenía las intenciones de andar de parrandero. Esa creo que es una de las marcas más grandes que tengo.

 

¿Por qué nunca más hizo hogar?

Tuve oportunidades. Y dentro de eso le confieso que hará unos dos meses que me apareció un hijo.

 

¿Un nuevo hijo?

Sí, yo era jefe de obreras en una fábrica que se llamaba “Cera Plastic” en Santa Tecla. Ahí yo era el jefe de 45 mujeres y salía a fregar y todo. En una de esas (una muchacha) me dijo: fíjate que quedé embarazada y yo no creía, eso fue hace 24 años, y hoy en octubre en una de sus visitas, ella vive en Estados Unidos, trajo el muchacho a conocerme. El bicho ya tiene 24 años, pero  ella me lo dijo desde que se sintió embarazada, pero yo no creía.  Yo tenía miedo que el muchacho viniera a reclamarme y no, hoy nos escribimos seguido.

 

¿Ha sido uno de sus mejores regalos este año?

Sí, y ya les dije a mis hijas también. Una de ellas ya lo conoció. Él es pastor de una iglesia en Houston. Sabe yo cuando recién se fue la mamá de mis hijas tuve la oportunidad de acompañarme, pero mis hijas estaban chiquitas y mi miedo era llegar a querer a una mujer y permitir que me las castigara.

 

Don Carlitos, usted lleva muchos abriles en servicio humanitario ¿corresponde la sociedad acorde a los servicios que recibe de la Cruz Roja?

Sí. No todos, pero de alguna manera algo se logra.

 

¿Se atienden más emergencias hoy que durante el conflicto armado?

Sí, y es un tanto más difícil por la violencia. Si usted me pregunta que cuando era más peligroso si en el conflicto o ahora, yo le digo para mi es ahora.

 

Si llegara el momento de partir de este mundo ¿qué le gustaría llevarse en su ataúd, en su tumba?

Jajaja, lo más que les diría es que me pongan es una camiseta con el emblema de la Cruz Roja.

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