Carlos Alfredo Ruiz (Ruz) caricaturista: “La caricatura es una forma divertida de poder expresarme”

Foto cortesía de Ruz

Por Santiago Leiva

No lleva pintura en su rostro ni coloridos zapatos de payaso, pero Carlos Alfredo Ruiz es de los personajes que más sonrisas y carcajadas dibujan en los rostros de los salvadoreños. Carlos, cobijado bajo el nombre artístico de Ruz, lleva años poniéndole el toque humorístico a situaciones cotidianas y temas espinosos a través de la caricatura.

“La caricatura ha sido el conducto por el cual yo puedo expresarme. Puedo decir lo que creo, lo que pienso y lo que veo, y como ingrediente extra utilizar el chiste”, dice. Por años en La Prensa Gráfica y hoy en El Diario de Hoy, Ruz, con sus dibujos rellenos de diálogos populares ha puesto esa chispa de humor a las páginas editoriales y seguramente también puesto con el ceño fruncido a más de algún político, pues son estos los que más se prestan a ser caricaturizados.

“La gente que está metida en política sabe a lo que se va a enfrentar y a pesar de todo eso, muchos políticos que tienen la cara dura, que saben que no están preparados, siguen de necios y son fáciles de caricaturizar”, advierte.  “Mi caricatura en realidad es una caricatura crítica, yo no soy político porque no estoy metido en la política, yo lo que hago nada más es criticar esas situaciones políticas”, sostiene.

Ruz sin embargo es más partidario de exponer al escrutinio público situaciones o temáticas como los congestionamientos vehiculares, la basura, los bolitos y temas del diario vivir. Carlos se casó con el dibujo desde su niñez, pero fue hasta ahí por 1986 que lo convirtió en su oficio profesional. Durante su adolescencia se dedicó a diseñar y confeccionar camisas y pantalones pues aprendió también el oficio de sastre. El diseño y confección de ropa fue nada más una grada más en el camino a su sueño que era convertirse en caricaturista. En la actualidad tiene cinco libros de caricaturas concluidos y sigue produciendo para El Diario de Hoy. Ruz se graduó de bachiller en arte e hizo un par de ciclos en periodismo; vocación que de alguna manera desempeña al exponer mediante el dibujo temas de actualidad. “Almuerzo con noticias y ceno con noticias”, explica. Otra de las pasiones de nuestro personaje de la semana es la pintura; rama artística en la que también destaca. “Yo quizá fuera más reconocido como pintor que como caricaturista”, dice. Con ustedes Ruz y su arte.

Imagino que en su tiempo de colegio era cliente frecuente de la dirección por dibujar a sus compañeros y maestro…

Sí, fíjate que sí. Una vez mandaron a llamar a mi mamá porque no ponía atención a las clases. La profesora le dijo que yo no ponía atención porque solo pasaba dibujando luchadores: “The Tempest”, a “El Santo” a “Blue Demon” a todos esos.  Ese día me acuerdo bien,  me dijo la profesora: Carlos Alfredo traiga el cuaderno, enséñeselo a su mamá y yo tenía el cuaderno lleno de dibujos. Mi mamá bastante apenada, pero que le iba a decir a la profesora si eso era lo que me distraía. Desde pequeño  yo dibujaba en todos los lugares. Me acuerdo que aprendiendo a hacer pantalones, estaba como de 12 años, y era tan arraigada la idea de dibujar que un día yo hice  unos dibujos con lapicero en el planchador y el señor de la sastrería me llamó y me dijo: porque andas manchando tanto, esto no se mancha porque aquí ponemos los pantalones; imagínate si un pantalón es color claro ahí le va quedar el dibujo. La gente no entendía que a mí lo que me interesaba era dibujar.

Foto Santiago Leiva

¿Y qué  tal era para el estudio, era bueno como para el dibujo?  

Hablándote las cabales fui un estudiante promedio, no el mejor, pero me defendía en algunas materias. La que a mí me daba quehacer era las matemáticas. Las materias que tenían que ver con números no me llamaban la atención, y lo más chistoso de todo era que mi mamá quería que yo estudiara bachillerato en Contabilidad en la ENCO, y en realidad eso no me interesaba a mí porque yo todo el tiempo andaba solo dibujando. Dibujaba a mis compañeros, hacía caricaturas de mis profesores. A mí los profesores me ponían en la pizarra a dibujar porque ellos no podían. Yo les hacía los dibujos de mapas o cualquier cosa que ellos necesitaban. Incluso a mis compañeros les hacía los dibujos y los carteles. Ellos sacaban buenas notas y yo a mis carteles no les ponía tanto entusiasmo.

 

¿Les cobraba?

No, no les cobraba, los hacía nada más porque me gustaba hacer eso, me gustaba dibujar. Cuando yo comencé a dibujar quizá tenía unos ocho o nueve años.

 

¿Qué le llevó a la sastrería, porqué quería aprender?

La relación es la siguiente. Mi mamá cosía, ella podía hacer cualquier tipo de costura porque por la la misma situación económica mi mamá se tenía que rebuscar haciendo delantales para amas de casa, hacía camisas y cualquier tipo de costura. Con eso se defendía mi mamá. Y yo  quise aprender no por necesidad si no porque a mí me gustaba el dibujo y podía dibujar diferentes estilos de pantalones. Mi idea era ser un diseñador de modas, en ese momento se me metió que yo quería diseñar, porque yo decía que el diseño y la costura está relacionada. Así que aprendí a coser a los 12 o 13 años, hacía pantalones y camisas. Hacía pantalones y los hacía bien, pero no fue aquello que lo hago por necesidad, sino porque me gustaba. Los dibujaba y los confeccionaba. Es más, de cipote, viví un tiempo en el que me ayudaba con eso en los estudios porque aprendí a coser bien y me pagaban. En esa época un pantalón te lo pagaban como en cinco colones, y mis compañeritos de esa época como de 15 o 16 años me buscaban para que yo les hiciera pantalones y a mí me gustaba.  En esa época también apartaba tiempo para estudiar y hacer deportes porque me gustó  el basquetbol y la gimnasia olímpica. Así fui creciendo hasta que llegué al bachillerato en arte.

 

¿Se confeccionaba sus propios pantalones?

Sí, todo. Hacía pantalones para mí. Yo le enseñé también a un tío que luego se hizo sastre.

 

¿Usted viene de familia pobre, humilde?

Sí, si, si, de una situación económica pobre, pero mi niñez en realidad fue bonita, no tengo malos recuerdos de haber aguantado hambre ni nada de eso. Tuve una niñez igual a la de todos. Fui un niño muy curioso, hiperactivo. Me gustaba inventar, yo inventaba cualquier cosa. Nosotros vivíamos en los edificios de la colonia IVU y me recuerdo que una vez inventé una piscucha que tenía una cola quizás como de 15 metros porque mi idea era salir de lo normal, hacer cosas diferentes. En esa época la gente quizá se admiraba porque me salían ideas un poco locas. Amarraba un lazo de un árbol a otro, cortaba una rama y hacía un gancho para deslizarme en el lazo como se ve en las películas.

 

Era travieso jajaja

Digamos que hacía travesuras como un niño normal. Mi situación económica no era la mejor, pero nunca me sentí achicado ante esa situación porque yo siempre tuve la idea que iba a salir adelante y la gente me lo decía también.

 

¿Por qué dejó la confección de ropa, quizá ahora sería un gran diseñador?

Fíjate que siempre tuve la idea de hacer una fábrica de confección, pero no sé, eso quizá solo fue para mí un escalón, un trampolín, que me llevó a otras cosas. Lo de la confección me llevó al diseño, y el diseño que es parte del dibujo me llevó a lo que yo siempre había soñado. Yo desde pequeño soñé hacer caricaturas. Desde mi infancia yo era un poco crítico de lo que veía, y decía: en algún momento voy a hacer caricaturas, pero no me metía a lo social ni a lo político ni a criticar a los protagonistas de todo lo que estaba pasando, nada de eso.  En ese momento hacía caricaturas de todo lo que veía y me gustaba utilizar mucho texto. Así me fui metiendo.

¿A esa edad que era lo que más le gustaba dibujar, cuál era su patrón de dibujo?

No sé, pero dependiendo de la época así vas creando, dibujando, y haciendo cosas que en ese momento quizá es lo que te llama más la atención. A mí me llamaron la atención los payasos quizá por su vida, por sus tristezas, por sus alegrías porque así es la vida en realidad y yo quizá lo comparaba con el circo y agarraba como personaje a los payasos. Así que empecé a hacer payasos.

 

¿Cuándo llega su primer trabajo formal como dibujante?

Mi primer trabajo formal  en una empresa fue allá por 1981 después que salí de bachillerato en arte del CENAR. Salí graduado del CENAR como bachiller en artes plásticas en la especialidad de diseño gráfico que en ese momento se llamaba dibujo comercial y  comencé a trabajar en FINATA (Financiera Nacional de Tierras Agrícolas),  pero antes trabajé como profesor de estética durante un mes en una escuela. En FINATA estuve trabajando en un departamento de relaciones públicas donde tomaba fotografías, dibujaba, diseñaba y hacía un pequeño informativo del quehacer de las cooperativas y también hacía caricaturas. Era como un paquín interno. Además de eso, me tocaba, a veces, trabajar como maestro de ceremonia y tomaba fotografías de las entregas de títulos de propiedad. Todo lo que tenía que ver con comunicaciones. Estuve más de cinco años en FINATA. Luego un amigo me dijo que había la posibilidad (de trabajar) en un periódico nuevo, y ese era La Noticia, que era un periódico que nacía de La Prensa Gráfica, llegué y para mi sorpresa el gerente del periódico era Carlos Samayoa Martínez que era amigo mío porque casualmente él le daba servicio de publicidad a FINATA.  Entonces me entrevistó y me dijo: vos con nosotros te vas a quedar dibujando y así fue. Vi los trabajos de los otros aspirantes al puesto y eran principiantes como yo, pero quizá yo tenía un poco más de noción porque yo en esa época, a los 16, 17 años, me relacioné con Nando Pacheco que era, digamos, el mejor caricaturista del país. Él se hizo amigo mío y más o menos me empezó a guiar, a orientarme y también me pasaba las invitaciones para que participara en concursos internacionales.

 

¿Cuándo se da cuenta que realmente viviría de la caricatura?

Fue en 1986 que llegué a La Noticia. Yo tuve una gran ventaja, yo entré en un buen momento. Cuando yo entré a La Prensa Gráfica no había mucha gente que trabajara en esta área. Quizá si lo había, pero en los medios en ese momento quizá si había uno era mucho. Bollani creo que estaba en ese momento, Nando creo que estaba fuera del país. Digamos que entré en una época en el que estaba el terreno fértil y cuando yo empecé a hacer dibujos, caricaturas, ilustraciones todo lo que hacía se iba (se publicaba), no tenía restricciones. En un día hacía hasta cinco o seis ilustraciones y no me cansaba.

 

Imagino que su estilo actual no es el del inicio ¿cómo llega a este estilo?

En realidad todo eso pensado, no es que se haya dado por cualidad. Yo siempre pensaba que pasan tantas cosas y que era importante contar una historia. Así que algunos amigos me comentaban  situaciones y yo las hacía en caricatura.

 

Hacía una sola caricatura…

No, no, no. Hacía una historieta.

 

¿Esa fue su apuesta?

Sí, siempre me gustó eso. Yo decía:  en este país los que han estado como caricaturistas siempre han usado un formato, no me puedo permitir quedarme encajonado en esa idea, tengo que ver otra forma de expresar mis ideas y así fue. Dije voy a empezar a hacer un esquema distinto porque no quiero encasillarme con lo que ya hizo Nando, con lo que ya hizo Bollani, con lo que ya hizo Toño Salazar. Aunque Toño Salazar después descubrí que hacía cosas parecidas a las mías. No se encajonó.

 

¿Cuál es el formato común?

El formato común es una caricatura, un texto y ya. Esto lo hace mucha gente en el mundo, pero yo dije: nombre el asunto es contar una historia y tratar de utilizar un poquito de humor. A mí uno de los ingredientes que me ha dado muy buen resultado es utilizar el lenguaje. Yo dije por ahí me voy a ir y sé que eso va a pegar, y cabal porque eso le empezó a llamar la atención a la gente. Yo también oía las opiniones de mis amigos y de repente escuchaba opiniones que de que estaba bien lo que hacía, pero otros me decían que ponía mucho texto, que saturaba. Así que fui moldeando y tanteando que era lo que más le podía gustar al salvadoreño.

 

¿Y qué era lo que más les gustaba?

Lo primero el lenguaje y segundo la utilización de imágenes parecidas a los personajes. Hubo un compañero, Flavio Villacorta, que llegó a ser gerente de La Prensa Gráfica que un día me dijo: mirá me gusta lo que hacés,  hace lo que estás haciendo porque eso es lo que se vende. Y eso es lo que me ha llevado a seguir haciendo mis caricaturas y que mis caricaturas se identifiquen con la gente de aquí. Yo tengo un estilo que en realidad no es que se haya dado de la noche a la mañana, ha sido la búsqueda de una imagen que me identifique. Cuando yo me pongo a valorar lo que hago en este momento y lo que hice cuando comencé hay una gran distancia. Veo que la figura que utilizo hoy es bien diferente lo que hacía al principio. La he mejorado.

¿En qué está la diferencia?

Lo que diferencia lo que hice antes a lo que hago hoy tiene que ver con la forma del dibujo. El dibujo es diferente en el sentido en que está mejor hecho y eso es normal porque entre más practicas mejor se ven los dibujos. Llega el momento en que ya no son los mismos dibujos porque el estar practicando te va dando una mejor calidad a nivel visual del trazo.

 

¿Tiene referentes para su estilo de caricatura?

Yo aprendí  por ejemplo de un buen caricaturista que trabaja para la revista MAD, (Sergio) Aragonés. (Su estilo) es un poquito parecido y fue mi inspiración se puede decir. De pequeño coleccionaba la revista MAD y hay uno de apellido Coker del que me gustaba mucho el trabajo que hacía, me gustaban no sus personajes en sí, sino sus movimientos. Era un hombre que podía expresarte en un dibujo aquel movimiento que solo en las películas podes ver. De la revista MAD hay varios, pero más que todo a quien recuerdo es a Aragonés que es parte de mis referencias. Otro de los que aprendí fue de Rius, Eduardo del Río.

 

¿Cómo define cual será el tema del día, se necesita estar en la jugada como todo un periodista?

Lo que hago, y se puede decir que ya es parte de mi vida,  es que veo las noticias. Almuerzo con noticias y ceno con noticias porque es parte de mi trabajo. De repente escucho algún tema y digo ese es el tema.

 

Almuerza y cena con noticias para hacer sus caricaturas…

Exacto. Estoy muy pendiente de las noticias. El otro ejercicio que hago es que reviso los periódicos y veo que noticias me pueden servir para hacer mis caricaturas.  De repente salen cosas graciosas de los aspirantes a alcaldes o aspirantes a diputados. Salen frases graciosas y eso hoy en los medios se explota mucho, y los caricaturistas estamos muy atentos, muy pendientes a lo que dice uno  o el otro. Hoy hay que estar pendiente también de las redes sociales, de todo, porque son insumos para hacer caricaturas.

 

¿Se podría considerar la caricatura como una especie de bulling?

La gente puede decirlo, porque al final de cuenta quizá pueda llegar a ser bulling, pero yo creo que la gente que está metida en política sabe a lo que se va a enfrentar y a pesar de todo eso, muchos políticos que tienen la cara dura, que saben que no están preparados, siguen de necios y son fáciles de caricaturizar.

 

¿Cuál es el campo más fértil para la caricatura, lo político quizá?

Posiblemente sea la política, pero en mi caso lo que me sale más fácil y me gusta es cuando vienen las vacaciones que son temas más tranquilos, más relax. No se alude a nada personal sino a situaciones como por ejemplo los borrachos, las trabazones, las cosas que hace la gente en la playa. Todo ese tipo de situaciones me llaman más la atención que las cuestiones políticas. Mi caricatura en realidad es una caricatura crítica, yo no soy político porque no estoy metido en la política, yo lo que hago nada más es criticar esas situaciones políticas y que la gente dice: cabal, así es el asunto.

 

¿Dónde consigue el punto de satisfacción en la caricatura?

Lo consigo cuando de repente las personas dicen: hey esa estuvo buena, o cuando alguien me dice fíjate que comentaron tu caricatura en la televisión o en la radio. Eso me hace sentirme satisfecho porque me doy cuenta que la caricatura estuvo buena y al mismo tiempo gustó.

 

¿Hace una por día?

Sí, y hay veces que me adelanto porque hay temas genéricos.

 

¿Cuándo usted pasó de La Prensa Gráfica a El Diario de Hoy hubo cambios en su caricatura?

Quizás al principio el cambio fue que no utilicé mucho algunos personajes que utilizaba en La Prensa. En La Prensa utilizaba bastante la aleta de tiburón, utilizaba al perro, al ciego, a la vendedora de pupusas y a los bolos. Siempre los utilizo, pero quizá los uso menos.

 

¿Hay alguna caricatura que le hay generado problemas?

Estando en La Prensa hubo un reclamo de United Airlines, fue por una cuestión personal y ahí aprendí una lección. Resulta que mi mamá venía en un vuelo y al ver que le habían perdido la maleta me molesto, hice una caricatura y puse United, el logo de ellos. Saque la caricatura y me demandaron.

 

En serio…

Sí me demandaron. Me mandaron un papel y Eduardo Torres, que en ese momento estaba como gerente de La Prensa, me mandó a llamar, me sentó  y me dijo: tomá lee esto. Cuando empecé a leer me sentí raro, me asusté, pero él me dijo: tranquilo, nosotros lo vamos a resolver, esto lo vamos a arreglar con ellos, pero no te enfoques en hacer cosas personales, si vas a criticar algo que sea un  problema general para que nadie te diga nada. Tampoco pongas logos o marcas porque eso te va a traer problemas después. Así que aprendí la lección y comprendí que no tenía que meterme en “camisas de once varas”.

 

¿Y los políticos nunca le han reclamado?

Tal vez en algún momento sí, pero he aprendido que no tengo que poner los nombres de las personas, sino que como por ejemplo en el caso de Nayib Bukele yo digo el barbudo, como me va a demandar porque yo diga el barbudo. Entendí que no tenía que hacer alusiones personales.

 

¿Dentro de sus cientos de caricaturas hay alguna con una particularidad especial?

Es posible, pero este trabajo lo haces diariamente. A veces me preguntan ¿cuál es la caricatura que hizo antier? y yo ya ni me acuerdo porque yo ya estoy pensando en la siguiente.  Así que no tengo una en particular.

 

¿No tiene ninguna caricatura anecdótica?

Es posible. Por ejemplo una caricatura que yo le hice a un jefe de núcleo cuando yo aspiraba a trabajar como profesor en una escuela. Fui al Ministerio de Educación, yo andaba buscando trabajo, y lo primero que hice cuando me dijeron ese es el jefe de núcleo fue hacerle una caricatura y entregársela, y resulta que por esa caricatura me consiguió el trabajo. Lo dibuje se la regalé y el muy contento me dijo: en que te puedo ayudar, le dije que necesitaba trabajo y conseguí trabajo gracias a esa caricatura.

¿El humor que usted maneja en la caricatura lo lleva al ámbito familiar?

Así como soy ahorita he sido siempre. Con mis amigos de repente se me ocurre algo y  lo digo. A mi esposa le da risa y dice: este así es, las cosas las ve siempre a nivel de caricaturas. Jajaja quizás mi trabajo lo tengo tan ligado a mi vida que de repente lo relaciono.

 

¿Le gusta contar chistes?

Sí, pero fíjate que la etapa de mi vida de contar chiste fue de los 15 años a los 20 y algo. De repente dije para que voy a andar contando chistes, quizá algo paso que me hizo sentir como un payaso y me fui olvidando de algunos chistes. De repente se me vienen y los cuentos, pero no es que sea yo tan jocoso. Yo soy bastante serio en algunas cosas, pero con mis amigos me gustaba mucho bromear, de joven yo fui muy bromista, ahora soy como más serio.

 

¿Fue pica flor, imagino que por su talento con el dibujo tenía admiradoras?

Fíjate que quizá eso me ayudaba de alguna manera a llamar la atención de las cipotas. En la época de octavo y noveno grado me gustaba como contar chistes para llamar la atención. También dibujaba a medio mundo. Una vez cuando estaba ya en el bachillerato en arte me aplazó un profesor porque le habían trabado ballena de apodo y yo lo dibujé en la pizarra jajaja. Así que él bien bravo me aplazó la materia jajaja.

 

¿Qué significado tiene ahora la caricatura para usted?

Mirá la caricatura en sí es una manera que yo utilizo para comunicarme, para poder decir o contar una historia. La caricatura ha sido el conducto por el cual yo puedo expresarme, puedo decir lo que creo, lo que pienso y lo que veo, y como ingrediente extra utilizar el chiste.

 

Una forma divertida de llevar el sustento diario a la casa…

Exactamente. Es una forma divertida de poder expresarme. Al final de cuenta como dijo alguien es que le paguen a uno por hacer lo que le gusta.

 

¿Cuál considera es su legado para el país?

Mirá a mí a final de cuentas lo que me gustaría es enseñar un poco este trabajo, esta profesión. Enseñar a los jóvenes como piensa y se puede expresar un caricaturista, o criticar lo que está sucediendo. Me gustaría impartir clases a personas que les interese y les guste.

 

¿Ruz, si usted no fuera caricaturista que sería?

En realidad quizás si no hiciera caricaturas estuviera pintando porque esa es otra de mis facetas. Estaría pintando y quizá fuera más reconocido como pintor que como caricaturista porque me encanta la pintura. Yo digo que si dejo de hacer caricatura me meto a la pintura. La caricatura la utilizo como un recurso para ganarme la vida y me gusta, pero en realidad otra de mis pasiones ha sido la puntura.

 

¿Ha vendido cuadros?

Siendo caricaturista, estando en La Prensa Gráfica ilustraba y hacía mis cuadros, pintaba y vendía. Pero de ahí a unos años para acá poco he hecho, poco he vendido. He estado pintando, pero no como antes quizá porque he estado más enfocado en este rollo.

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