Luis López, músico: “Fui hippie, fumé marihuana, tomé LSD e hice amor libre”

Por Santiago Leiva

La sala de estar luce tapizada de cuadros. Algunos, auto retratos llevados a lienzos en formato de caricatura por el reconocido artista salvadoreño Bollani. Hay otras figuras, pero en la  “catedral” de Luis López, “El Monseñor del Rock”,  abundan los cuadros de “Los Beatles” y John Lennon. Es más, el día esta platicadita, decidió vestir un pantalón vaquero y una camisa negra con la imagen de Ringo Starr.

No es para menos, Luis nació con el rock and roll circulando en sus venas y aunque ahora es un seguidor de Cristo, nada le impide seguir deleitando a su público con canciones como “La Plaga”, “Despeinada” o “Popotitos”. “Yo he llegado a entender que la música no es mala, asisto a una iglesia evangélica, y a mí quien me dijo que tenía que seguir cantando fue mi pastor”, explica “El Monseñor del  Rock”. Es más, para este símbolo del rock and roll salvadoreño, con su música y testimonio de vida, puede incluso rescatar almas en centros nocturnos. “En los bares uno puede trabajar para la obra de Dios, se pueden rescatar almas”, advierte.

Y lo dice con autoridad porque que detrás de su vida cargada de éxito en la música, también hubo sombras, tristezas, frustraciones; alcohol y drogas que le recorrieron el cuerpo de los pies al  cerebro. Luis nunca tuvo el calor de un hogar, perdió a su madre a los cinco años y de su padre tuvo poca referencia lo que le llevó a vivir “arrimado” entre parientes, y más adelante todo ese cariño que le faltó de chico, lo encontró entre sus fans.

Aclamado como vocalista de “Los Supersónicos” Luis, no solo encontró la fama sino que también, junto a la banda, integraron al movimiento hippie; y lo que vino fue rock and roll, sexo y drogas. El movimiento hippie desapareció casi al unísono con el rock and roll a finales de los 60s, pero Luis cargó con sus vicios por varias décadas más. “Yo fumaba (marihuana y tabaco), es más antes de cantar siempre me echaba media botella de tequila. Chupaba de lunes a lunes todo el día, y ahí estaba en ese ambiente cuando Dios empezó a tratar conmigo. Yo era un fumador compulsivo y me quitó el tabaco y luego me quitó el alcohol de una forma sobre natural”, recuerda.

No titubea al contar que en esa época estuvo al borde de la locura, incluso del suicidio, pero fue entonces que Cristo subió al escenario y le cambió la vida. “He tenido muchos momentos agradables musicalmente hablando, pero lo más bonito que me ha pasado es haber conocido a Cristo. Son los 12 años más felices de mi vida”, concluye. Luis López, “El Monseñor del Rock” es el personaje de la semana.

En El Salvador se le conoce como “el Monseñor del Rock” o le identifican con “Ruko Rock” ¿cómo le decían en su tiempo de escuelero?

¿En mis tiempos de estudiante de escuela? El Chele me decían, y después ya más adelante el Chele Pica, y no sé porque quizá por pícaro jajaja.

 

Era pícaro jajaja.

Sí, pero eran picardías de cipote, andar haciendo maldades en la colonia.

 

Usted creció en la Rábida ¿cómo fue su niñez?

No. Yo mi niñez la viví primero en San Jacinto, luego en la 10 de Septiembre y me juventud prácticamente la viví en la Rábida.

 

Vivió en colonias populares, de gente normal, imagino su niñez fue como la de cualquier salvadoreño.

Sí claro, fregando con los cheros en las esquinas,  jugando fútbol y basquetbol en las calles. Especialmente en la colonia 10 de Septiembre que era una colonia bastante tranquila y las calles solas, claro estamos hablando de época de los 60s. que no había mucho carro, que no había mucha circulación de vehículos. Nosotros poníamos las metas en las calles con piedras. Ahí cerca tenía de vecino a  (Jorge) el “Mágico” González“, más bien, a Los Pachínes porque ellos vivían en la colonia Luz, anexo a la 10 de Septiembre. Ellos también jugaban en la calle.

 

Teniendo cerca a Los Pachínes ¿Cómo es que usted no termina jugando fútbol?

Jajaja no. No porque yo lo jugaba cotidianamente. Lo jugaba como cualquier niño, pero no era mi pasión.

 

¿Cuál era su pasión en ese momento, la música?

Sí, siempre fue la música. Desde pequeño me gustó escuchar la radio y ponía la música que estaba de moda en esa época. Tenía como cinco años, ponía la radio y me ponía a cantar a la par de la radio. Siempre me gustó la música.

¿Cantaba rancheras?

Sí claro, las rancheras en ese tiempo. En ese tiempo estaban de moda Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía, y la Sonora Matancera con todos sus cantantes famosos. Entre ellos Beny More, Daniel Santos… yo cantaba toda esa música.

 

¿Cuándo se pasa al rock and roll?

Eso fue ya cuando me fui a vivir a la Rábida. Allí tenía un grupo de amigos y nos juntábamos en las esquinas. Había una esquina que le decíamos La Pajarera y ahí nos reuníamos para fregar a las bichas y los cheros que pasaban.

 

A cuentear cipotas…

Sí por supuesto, y a decirles apodos.

 

¿Ahí inicia también con la música?

Sí. Allí empecé con otro amigo que tocaba guitarra. Empezamos a cantar boleros porque él se sabía bastantes boleros y yo también. Empezamos a dar serenatas a las bichas de allí de la colonia y para para el Día de la Madre nos reuníamos allí y nos íbamos a darles serenatas a las mamás.

 

¿Les pagaban las serenatas?

No, no, no. Era afición. Éramos populares en la colonia porque nos gustaba cantar. Nos poníamos a cantar en la esquina. Recuerdo que una vez había una velada en la iglesia de la colonia y nos dijeron que ahí estaban unas cipotas bailando, que estaban preparando un acto. Pues nosotros nos fuimos a meter y encontramos a las bichas bailando y cuando vimos a las bichas le dijimos a la encargada que queríamos participar nosotros también.

 

¿Querían participar por estar cerca de las bichas?

Sí, queríamos conocerlas. Y esta señora (la encargada) era María de los Ángeles de Castillo, ella era una actriz, era preparadora de artistas. Vivía en una de las esquinas con su esposo que era pianista, don Elías Castillo.

 

¿Y qué pasó?

Pues nos hicimos amigos de ella y nos invitó a participar en la velada. Ella también hacía unas tertulias en las que invitaba a los artistas y la gente de su época los sábados por las tardes. Ahí conocí a Eduardo Fuentes y varias de las figuras que cantaba en la televisión como René Velasco. Ellos cantaban sus canciones y nosotros nuestros boleros. A esas tertulias también llegaba el  tenor salvadoreño Fernando Meléndez del Valle. Era un tenor buenísimo, famosísimo que tenía su escuela de canto.

Todos ellos cantaban música semi clásica y don Elías los acompañaba. Yo también le decía a don Elías que me acompañara y cantaba. Ahí me escuchó cantar el maestro Meléndez del Valle y me dijo que él me iba a dar clases de canto y empezó a darme clases gratis. Él era famoso; viajaba todos los años por todo el mundo, ´él cantaba en la Escala de Milano, ante los reyes de Austria, de España, era reconocido, y tenía muchas esperanzas en mí. Me decía: yo te voy a llevar a la Escala de  Milano para que cantes. Pero para esos días, en la colonia, unos amigos habían comprado unas guitarras eléctricas y le dijeron al amigo con el que yo cantaba los boleros que les enseñara a tocar, y él les empezó a enseñar y se les ocurrió hacer un grupo. Les dijeron que yo cantaba y me quedé cantando con ellos. Ese fue el primer grupo en el que yo canté se llamaba los “Fire Finger”.

Pues resulta que ahí una vez tuvimos la oportunidad de estar en la televisión en el Canal 4, y me vio el maestro Menéndez del Valle que yo estaba cantando. Cuando yo entré al día siguiente a la clase me estaba esperando y me recibió con estas palabras: y ahora con ustedes el gran tenor salvadoreño Luis López les va a cantar la Gallinita Josefina y  yo todo achicado con él. Luego me dijo: mirá tenés que decidir si quieres cantar esa música o quieres aprender a cantar. Claro yo era un joven, un cipote y la música del canto es linda, pero yo me veía con corbatín, y en cambio en lo otro yo veía las cipotas en los turnos jajaja. Así que decidí quedarme a cantar la música con guitarras eléctricas y abandone las clases con el maestro del Valle. Ahí empecé mi nueva aventura con el rock and roll.

 

Imagino tuvo influencias internacionales como la Enrique Guzmán por ejemplo…

Mira sí. A mí me gustaba cantar la música precisamente de “Los Teen Tops” que era el grupo con el que cantaba Enrique Guzmán, “Los Locos del Ritmo”, “Los Rebeldes del Rock”. Había un montón de grupos mexicanos que eran los que nos influenciaban en ese tiempo, porque era lo que ponían en la radio.

¿No sonaba el inglés, no cantaba en inglés?

No, ahí en  “Los Fire Finger” todavía no cantaba inglés. En  “Los Fire Finger” duramos poco. Como seis meses por la falta de equipo. El equipo que ellos tenían no era profesional, era equipo para tocar en la casa. Entonces cuando nos lanzamos y empezamos a tener a oportunidad de tocar en cines, en teatros, en turno de colegio el equipo que teníamos ya no nos funcionaba. Quisimos conseguir equipo y como no pudimos nos desinflamos y terminamos el grupo. Pero en este tiempo a la par con “Fire Finger” habían nacido “Los Supersónicos” y ellos si habían comprado buen equipo. Entonces cuando supieron que se habían desintegrado “Los Fire Finger” se me acercó  Mauricio Salinas, que era del bajista, y me dijo si quería cantar con ellos. Esa misma noche tenían una presentación en Santa Ana y ahí debuté yo con “Los Supersónicos” y me quedé trabajando con ellos. Ya con “Los Supersónicos” comenzamos a cantar también en inglés. En ese tiempo salieron “Los Beatles” y Elvis Presley ya estaba, pero no lo habíamos experimentado todavía. Fue con “Los Supersónicos” que comenzamos a trabajar más profesionalmente ensayábamos todos los días y tuvimos la oportunidad de participar en festivales. La primera vez que participamos en un festival Centroamericano éramos novatos y ganamos el tercer lugar. El primer lugar lo ganaron “Los Súper Twisters” y el segundo lugar lo ganaron “Los Satélites del Twist”. Esos festivales los armaba Tito Carías en la YSU, y en el segundo año que iba el Festival Centroamericano, no queríamos participar, pero nos metimos y lo ganamos.

Después de eso tuvimos la oportunidad de viajar a México, tuvimos la oportunidad de grabar nuestro primer disco con DICESA. Grabamos dos 45. El primer disco que grabamos fue “Trátala bien” que era un cóvers de un cantante norteamericano y no pegó mucho. Después grabamos una canción que se llama “Jambalaya”, hicimos la letra en español, y esa si se popularizó, pegó en las radios. Fue el primer éxito discográfico que tuvimos como “Los Supersónicos”. Después tuvimos la oportunidad de grabar nuestro primer disco de larga duración. Ahí ya iba también música original del grupo. Más adelante tuvimos la oportunidad de grabar un segundo disco de larga duración con RCA Víctor en México, y ahí conocimos a Angélica María, Pedro Vargas, Roberto Jordán. Ahí nos comenzamos a rosar con artistas de esa talla y fue un éxito ese disco. Ahí estaba una canción que todavía suena bastante que se llama: “Era un muchacho”. Hablamos ahí de un muchacho que lo habían llevado a la guerra de Vietnam, que en ese tiempo era la moda. De eso hablaba la canción. En ese tiempo también salió la moda de Los hippies.

 

¿Se metió a esa moda?

Sí, “Los Supersónicos” nos hicimos hippies  y yo también como Luis López por su puesto.

 

¿Cuál era el rollo de ser hippie, que significaba?

Mirá era una filosofía, era una forma de vida. El hippie en primer lugar estaba en contra de todo lo establecido. Estaba en contra de la guerra y especialmente de la guerra de Vietnam. Nosotros prácticamente comenzamos a cantar música de protesta, y esa canción que te menciono era una de ella. Había otra que se llamaba “Lo Sabes”. Esa época fue especial porque en ese tiempo se dieron también muchas circunstancias. Nacieron los movimientos de liberación femenina, el movimiento de Martin Luther King de pelear por los derechos de los negros; el hombre también llegó a la luna en esos días…

 

Para ese tiempo usted estaba muy joven ¿qué era lo que más disfrutaba al subir al escenario?

Pues mira mi pasión siempre fue la música. Yo disfrutaba el estar en un escenario cantando y que a la gente le gustara. Disfrutaba interactuar con la gente, que se nos apreciara. Es que te voy a decir una cosa, mi mamá murió cuando yo tenía cinco años y mi papá no estuvo. Prácticamente nunca tuve una familia.

 

¿Con quién se crió?

Con mis tías, con mis abuelos. Siempre andaba de casa en casa hasta que me liberé con la música. La música me ayudó porque ahí encontré gente que me apreciara por el hecho de ser artista. Ahí empecé a sentir la compañía de la gente.

 

¿Se hubiese perdido si no llega a la música?

No sé, pero no creo porque de todas maneras en la música también hay donde perderse jajaja. Acordáte que los hippies no solo eran amor y paz, también era marihuana, sexo, o LSD. Muchos andaban ahí con la heroína también.

 

¿Se subió usted a las drogas, digo porque si no, no podría estar en la moda hippie?

Claro, yo fumé marihuana, tomé LSD e hice amor libre y todo eso porque era parte del ser de ese movimiento. Dentro del movimiento (hippie) yo estaba en la parte de la música, había otros que andaban en las motos, otros andaban en otros vaciles como el esoterismo, la brujería. Había de todo porque este era un movimiento bien extenso a nivel mundial. Ese movimiento duró hasta ahí por 1970 y muere prácticamente con el rock and roll a finales de los 60s. Cuando el rock and roll muere los grupos empiezan a tocar música más latina.

Aparece (Carlos) Santana, Malo, y aquí en El Salvador aparecen grupos como “La Fiebre Amarilla” y comienzan a tocar música de otros géneros, ya no era el rock and roll. Decían que era una fusión, pero yo nunca le entendí. Salieron otros grupos como “Sagitario”. De “Los Supersónicos” salió “Sagitario” prácticamente, pero yo nunca me metí con ellos porque a mí nunca me gusto ese cambio. Yo siempre fue rockero.

 

Había que subirse a un nuevo rollo, nuevo género ¿cómo hizo para sobre vivir en su estilo?

Yo siempre fui rebelde en ese aspecto, nunca quise meterme en el rollo de seguir la corriente de los demás grupos, por eso pasé tres años lejos de la música. A los tres años fundé un grupo que se llamó “Banda Gracias”, pero como yo le había impreso el estilo de los 60s y ya estábamos en los 70s.,  no tuvimos éxito con ese grupo. Yo pues me amarré los pantalones, seguí cantando y me empecé a identificar como Luis López. Era el que hacía vivir todavía esa música de los años 60s. Los primeros años fue duro porque había otras tendencias, pero tuve la oportunidad al principio de los 80s, de grabar un disco como solista, así que grabé una recopilación de los éxitos de los 60s, y pegó con tubo el disco. Se llamaba “Recuerde sus éxitos”.  A la gente le gustaba cuando oía “Despeinada”, “Popotitos” y “La Plaga”. Después de eso durante cuatro años grabé cuatro álbumes consecutivos con DICESA. Ahí grabé un disco que se llamó “Regreso a mi Patria”.

 

Entiendo que hay un lapsus donde se va del país ¿Qué le motivó a probar suerte en Los Estados Unidos?

Buscar nuevos horizontes. Yo llevaba contactos de mi disquera de aquí, y fui a buscar el sello RCA, pero allá estaban más cuadrados que acá mano, y más que era en Miami. Pues fui y me entrevisté con el mero mero de RCA y me dijo: que bonito cantas, lastima el estilo de música que cantás. En ese tiempo en Miami estaba de moda Willy Chirino, era otra onda mano.

 

Usted llegó desactualizado…

Yo iba en otro contexto, y me dijeron que lástima. Yo tampoco les dije me voy a adaptar porque yo quería hacer lo mío.  Así que no funcioné allá y decidí venirme de regreso. Además de eso me hacía falta vivir aquí.

 

La gente narra historias de que en Estados Unidos hizo esto y lo otro, usted estuvo allá un año ¿en ese tiempo que le tocó hacer para vivir?

Fíjese que yo gracias a Dios llevaba recursos para vivir. Fui a Canadá, fue a San Francisco, fui a Los Ángeles y tuve presentaciones, pero no con éxito porque no era la música de moda. Me vine frustrado.

 

Como hijo Prodigo…

Sí como hijo Prodigo, pero ya aquí vine a continuar como solista. Y lo bueno es que casualmente antes irme grabé “Regreso  a mi Patria” y esa canción allá sonó, pero terminó de pegar cuando yo regresé. Ahí estaba también el éxito mayor que yo he tenido discográficamente que es: “Ya vas Barrabás ya vas”. Ese es el éxito que siempre me pide la gente.   Así que me vine y continué mi vida cantando en restaurantes, hoteles y en todos lados. Después de haber trabajado en varios lados fundé un local que se llamó “El Picadilly” en la zona Rosa. Ahí me di gusto cantando y se me llenaba el lugar, pero era en tiempos de la guerra.  Una vez pusieron el toque de queda de 7:00 de la noche a 5:00 de la mañana y para mantener el negocio se ocurrió poner algo que se llamó “de toque a toque”. La gente entraba antes de las 7:00 de la noche, cerrábamos la puerta, y la abríamos hasta las 7:00 de la mañana del siguiente día.  Pasaron los toques de queda, pero el conflicto seguía, y una noche que íbamos cerrando el lugar como las 10:00 me dice una cocinera: mire allá un hombre con una pistola lleva a su esposa. Vi que la llevaba un chamaco, me subí a mi carro lo encendí y me le dejé ir. Le pegué, pero el chamaco era diestro, pegó un salto, la soltó y me puso la mecha. Te voy a matar me dijo, y yo agarré valor y le dije: si querés matáme. Yo ya sentía el semillazo. La cosa es que el chamaco como que se cortó y solo me dijo: creo que me he equivocado ándate. Esa misma noche decidí cerrar el lugar y me fui a trabajar al Hotel Camino Real.

¿Se quedó sin negocio?

Seguí trabajando como solista en otros lados hasta que decidí poner mi negocio “Ruko Rock” en  Los Planes de Renderos. Ahí me fue bastante bien durante siete años. La gente llegaba y yo allí tenía mi banda también. A todo esto yo era un alcohólico, estaba bien metido en la marihuana y en todos los vicios, pero la gente llegaba porque les gustaba el ambiente, porque era prácticamente un ambiente de los 60s, por eso se llamaba “Ruko Rock”

 

¿Siempre necesitó fumar marihuana y tomar para cantar?

Si yo fumaba, es más, antes de cantar siempre me echaba media botella de tequila. Ahí estaba en ese ambiente cuando Dios empezó a tratar con migo. Yo era un fumador compulsivo y me quitó el tabaco, luego me quitó el alcohol de una forma sobre natural.

 

En serio…

Yo hice un trato con Él. Le dije que iba a dejar de tomar la media botella que me tomaba antes de cantar, porque yo chupaba de lunes a lunes todo el día. Hice un trato con Él porque el negocio empezó a decaer. Me acordé de Dios y le dije: hagamos un trato, yo voy a dejar de echarme la media botella de tequila, pero que se me llene el lugar otra vez, y efectivamente me empezó a funcionar. Y así en ese trato que tenía se me quitó el deseo de tomar, pero yo seguía con la marihuana.

 

¿No quería dejarla?

No porque yo decía que no me hacía daño, es más decía que me ayudaba. Un día llegó un hombre de la Fraternidad de Hombres de Negocios a invitarme a un evento y yo hasta lo rechacé, pero mi vida era una zozobra, no tenía sentido para mí. Ya estaba al borde de la locura, al borde del suicidio.

 

¿Pensó el suicidio?

Si porque yo ya no le sentía gusto a nada, pero fue entonces que se apreció este hombre y me invitó a una reunión. Dije: voy a ir a ver, llegué y ahí tuve un encuentro con Cristo. A raíz de eso decidí cerrar el negocio porque yo vendía alcohol y yo ya no tomaba. Es más, después de que lo cerré, recuerdo que me habían sobrado un montón de cajas de Vodka y no encontraba qué  hacer con ellas hasta un día garré las botellas y las desocupé en el tragante. Ahí   se terminó esa etapa y me quedé trabajando en la Fraternidad de Hombres de Negocio, dando testimonio de lo que Dios había hecho en mi vida. Luego empecé a grabar música cristiana y ahí estoy. Al principio no quería trabajar ya secularmente (cantar música secular) por el ambiente, pero después tuve la revelación que es mi trabajo y que es el don que Dios me dio y que tenía que seguir trabajando para poder sobrevivir.

 

Quizá para un cristiano evangélico lo más difícil es dejar la música secular ¿cómo se hace?

Como le digo. Yo he llegado a entender que la música no es mala. Acuérdese que hay mucha religiosidad y la religiosidad nos lleva muchas veces a ser como los fariseos. Hay mucho fariseísmo. Yo asisto a una iglesia evangélica y a mí quien me dijo que tenía que seguir cantando fue mi pastor. Mirá me dijo, ese es tu trabajo. Es como que un abogado solo porque se hizo cristiano ya no va a trabajar de abogado y vos no sos tan pícaro como muchos abogados. Eso sí me dijo, escoge la música que vas a cantar, que la música que vas a cantar no ofenda a Dios en sus letras, ni ofenda la dignidad de la persona. Así que yo sigo cantando “Popotitos”, y no creo que con cantar “Popotitos” ofenda a alguien. Si hay canciones que hablan abiertamente de sexo no las canto. Ahí estamos y cuando puedo trabajo en eso porque tampoco me gusta trabajar en bares. Aunque a veces en esos lugares (bares) uno puede trabajar para la obra de Dios.

 

¿Se pueden rescatar almas de los bares?

Claro por su puesto. Ahí es donde está la gente que lo necesita.

 

¿Se lo ha planteado alguna vez?

Sí, y ya lo he hecho yo.

 

¿Ha rescatado algún alma de los bares?

Sí, yo a cualquier lado que voy a cantar siempre les doy un pequeño testimonio de lo que Dios ha hecho en mi vida.

 

¿Hasta hoy, que consideraría como lo más bonito que le ha pasado en su vida?

¿En mi vida?. Lo más bonito que me ha pasado es que tengo 12 años de haber conocido a Cristo, y son los 12 años más felices de mi vida. He tenido muchos momentos agradables musicalmente hablando, pero lo mejor que he hecho ha sido eso, los 12 años que he estado en el evangelio.

 

¿Todavía le gusta que le digan “El Monseñor del Rock”?

Pues sí, porque no. Ese es un nombre artístico que me pusieron.

 

¿Quién se lo puso?

Ese me lo pusieron en el Malibú, cuando estaba enfrente de la Universidad. Allí el dueño le llamaba “La Catedral del Rock” y cuando yo fui a cantar allí me anunció como “El Monseñor del Rock” y me quedó así.

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