Gregorio Rosa Chávez, Cardenal de El Salvador: “No soy de redes sociales, soy de la galaxia de Gutenberg”

Fotos por Santiago Leiva y Dennis Leiva

Por Santiago Leiva

Ha estas horas, el Cardenal Gregorio Rosa Chávez surca los cielos, y quizá, al aroma de un café en un cómodo asiento de avión, lea los periódicos matutinos. El líder católico cultiva el hábito de leer diarios y revistas mientras viaja, y este día tendrá un largo camino de El Salvador a Roma.

Él tiene entrada “VIP” para atestiguar en primera fila la canonización de Óscar Arnulfo Romero; su amigo y maestro. El beato Romero será declarado oficialmente Santo este 14 de octubre y la iglesia católica salvadoreña se prepara para un acto sin precedentes. “Este año es un año muy especial, es la culminación de un camino largo, muy largo y muy difícil, pero ha quedado, claro, pero tan claro quien es Romero que el Papa está feliz de poderlo canonizar. Roma está viviendo en este momento a Ritmo de Romero”, dice el Cardenal Rosa Chávez.

Este es el segundo acontecimiento que él y los fieles católicos cuscatlecos celebran con júbilo.  A inicios de año, Francisco, el Papa que quedará en la historia por volver en Santo a Monseñor Romero, también “se saltó normas” para convertir a Rosa Chávez en Cardenal.  “Era imposible pensar en esto (ser Cardenal) porque las leyes no lo permitían. Nunca un (obispo) auxiliar fue hecho Cardenal en toda la historia de la iglesia, pero el Papa rompió las reglas y sin avisar. Cuando me dieron la noticia yo pensé que era una broma. Ya pasó el Día de los Inocentes dije”. Y sí, quizá el “Santo Padre” abrevió el camino en él, pero es un status católico que se lo ha labrado a pulso desde que se enlistó como seminarista hace más de 60 años.

Nacido en el cantón “Las Animas” de Sociedad, Morazán, el Cardenal Rosa Chávez tomó los hábitos sin pensar que encontraría  bajo la “sotana” una prodigiosa carrera. Fue en una cena a solas con su padre que este le pintó la ruta sacerdotal. Su progenitor le dijo “tú tienes para sacerdote” y el aceptó mecánicamente. Para entonces tenía 14 años y ya había dejado atrás el capirucho, el trompo, las canicas y las pelotas de trapo. Eso sí, el juego de pelota lo practicó hasta los 27 años y aún sigue viendo por televisión el buen fútbol que nos  llega del exterior. El de acá  lo “desespera”.   Rosa Chávez jugó de portero y extremo derecho en su tiempo de seminarista, y como tampoco pensó en ser Cardenal, nunca soñó con ser futbolista profesional. “Siempre pensé ser párroco, ese era mi deseo”, dice con humildad. El Cardenal Rosa Chávez es mi personaje de la semana.

2018 se presenta como uno de los años más memorables para la iglesia católica salvadoreña, usted fue nombrado Cardenal y en pocos días Monseñor Romero se convierte formalmente en Santo…

Sí, sí, este año es un año muy especial, es la culminación de un camino largo, muy largo y muy difícil, pero ha quedado tan, pero tan claro quien es Romero que el Papa está feliz de poderlo canonizar. El 14 de octubre vamos a tener una fecha realmente inolvidable.

¿Cómo están viviendo los días previos a ese acontecimiento?

Una cosa bonita es que hemos hecho en Roma una semana de Romero y ya está organizada. Habrá una exposición de fotos, habrá una presentación de como se anunció su muerte en el mundo entero. Habrá conferencias, habrá fiesta, películas sobre él y una vigilia el día antes. Ósea que Roma está viviendo a ritmo de Romero en este momento y cuando sea el “día grande” será un hombre de mención mundial ya oficialmente. Ya lo es en este momento, pero será entonces San Romero del mundo. Parece mentira, pero así va a ser. Nos acercamos realmente a cosas nunca imaginadas.   

¿En lo personal como lo vive usted, hay emoción, hay ansiedad…?

Estuve en Roma hace dos (tres) semanas, fui a experimentar como está esperando el Papa ese momento con tanta ilusión. Tengo datos que no puedo revelar, pero que indican el cariño tan grande que tiene el Papa para Romero. Lo ve como el modelo de pastor que él quiere para toda la iglesia. Ver al Papa tan compenetrado, igual que todos sus colaboradores, hay uno de sus ayudantes que está haciendo un libro de Monseñor Romero y Pablo VI y va a publicarse en estos días, indica pues que verdaderamente Romero llegó a la cumbre de lo que la iglesia puede ofrecer a un hijo que supo ser fiel toda la vida. Al Papa le ha conmovido que Romero escogiera quedarse con el pueblo para defenderlo, para acompañarlo incluso dar la vida por el (pueblo). Creo que eso dice todo.

¿Es la doctrina de Romero la que el Papa quiere en el mundo?

El Papa nos propone tres cosas para que el país tenga paz. Primero tomar en serio su doctrina, segundo seguir su ejemplo y tercero invocar su intercesión. Vamos a presentar en Roma un documental de la televisión Suiza que muestra como Romero va guiando al pueblo como guió Moisés a su pueblo durante 40 años; de como Romero fue capaz de sentir el dolor del pueblo, clamor de un pueblo y como sintió el llamado de acompañarlo hasta su liberación. Esa fue su utopía, por eso dio la vida. (Él) terminó muy decepcionado con la parte política porque el golpe militar no fue lo que él esperaba…

Después de Monseñor Romero quizá es usted quien sigue la línea que el trazó…

Es algo natural porque estuve muy cerca de él, en su vida aparece 40 veces mi nombre. En momentos críticos yo siempre estuve a su lado y conozco exactamente su corazón, su psicología, sus alegrías y sus tristezas, y en ese sentido es algo natural que la gente me asocie con él, pero claro hay una distancia infinita entre él y yo, pero lo importante es tratar de seguir ese ejemplo porque hay que seguir caminando con este pueblo que todavía está clamando por una libertad que nunca le ha llegado plenamente.

Entiendo que usted le conoció desde muy joven; que fue su maestro…

Él nació en 1917 y yo en 1942, él era mayor que yo, teníamos de diferencia 25 en cuanto a edad. Lo conocí a mis 14 años siendo yo adolescente, pero con él me hice amigo cuando tenía 25 años, yo lo acompañé en San Miguel como su asistente y ahí fue cuando nos hicimos amigos. Esa amistad se mantuvo el resto de su vida y es una gracia grande para mi haber visto de cerca un Santo. 

Hábleme de usted, nunca le nombraron arzobispo pero sí  Cardenal ¿cómo recibe esa noticia?

Era imposible pensar en esto porque las leyes no lo permitían. Nunca un (obispo) auxiliar fue hecho Cardenal en toda la historia de la iglesia, pero el Papa rompió las reglas y sin avisar. Supe que hizo pocas consultas cuando tomo esta decisión y por tanto yo no podía esperar que sucediera. Cuando me dieron la noticia yo pensé que era una broma. Ya pasó el “día de los inocentes” dije yo.

Ja ja ja…

No mire si es cierto (me dijeron) ahí está la nota en el Internet. Eso fue como a las 5:00 de la mañana del día que se proclamó en Roma. Después yo estuve con el Papa Y él me dijo una frase que hoy si puedo repetir.

Aja cuénteme…

Yo estaba comiendo en el comedor donde el Papa come. De repente él bajo a comer y yo lo veía cuando estaba en su mesa, su secretario le llevó la comida y de repente se levanta y se va. Después viene el secretario y me dice: el Papa quiere saludarlo, me voy detrás del secretario, y él (Papa) se da vuelta y me dice: y no te dio un infarto la noticia y yo le dije: Dios nos sorprende y usted también como siempre nos sorprende, eso le respondí yo, y estaba muy feliz. Después cuando fui a Roma en el mes de junio de este año igual estaba muy feliz de estar pensando en Romero. Yo le llevé una foto de Romero y hablamos de él.  El Papa está muy contento de todo lo que está pasando en este país desde que fue anunciada la canonización.

Usted ahora es Cardenal ¿le ha pasado alguna vez por su mente el sueño de ser Papa? 

No, absolutamente no.

¿Por qué?

Es imposible.

¿Qué lo hace imposible? ya es Cardenal y el Cardenal es elegible…

Sí, pero no, no aplica como dice en las hojas de la “Embajada Americana”. No aplica.

Usted no esperaba ser Cardenal, ¿cuándo decide tomar los hábitos hasta donde llegaba su sueño?

Yo siempre pensé ser párroco, ese era mi deseo.

Ese era su sueño…

Sí. Después me nombran director del Seminario, me nombran Obispo a la par de Monseñor Rivera y Damas, que fue un gran maestro para mí, y yo quería ser servidor de la iglesia, pero de repente surge Romero en el horizonte y me cambia todo el esquema porque estar a su lado era también arriesgarse. De hecho así me lo dijeron: no te conviene estar cerca de Romero, él está amenazado. Un día (Romero) me llamó junto con otro padre y nos dijo: ustedes también están amenazados. Yo sonreí y no dije nada porque sabía que esa era parte de la amistad con él, pero mire Dios me protegió y aquí estoy contando la historia. Y luego cuando él muere vi ya como conservar su memoria. Quisieron borrar la memoria de Romero, quisieron que desapareciera del mapa su nombre. Un Nuncio que vino nos llamó a unos cuantos y nos dijo: gracias a ustedes Romero está vivo porque lo querían matar mandándolo al olvido. Y es verdad, querían que nos olvidáramos de él, y el Papa pues rescató su memoria de forma espectacular hasta coronarlo como uno de los santos de la iglesia. Entonces ser parte de esa historia es algo conmovedor, emocionante y también muy comprometedor.

¿Se vio en peligro alguna vez por su cercanía con Monseñor Romero?

El momento más duro fue cuando vino la ofensiva final (Hasta el Tope). Estábamos con (Arturo) Rivera y Damas escuchando de la ofensiva y decidimos quedarnos en la casa. Nos llamaban que fuéramos a la Nunciatura a protegernos y sabíamos que cualquier cosa podría pasarnos a los dos. Y él tuvo una cosa muy bonita que es digna contarla. Él era salesiano por tanto devoto de la Virgen María Auxiliadora. Fuimos a la capilla, por cierto hubo un apagón porque ya estaba la guerra en la ciudad, había una imagen de la virgen y le dice él: Tienes que protegernos. Le dijo tres palabras, pero era como una orden. Esa fue toda la oración y me llamó la atención porque dice estamos en manos de Dios, pero tú eres su intercesora. No pasó nada, pero sí hubo una cosa interesante.

¿Qué hubo?

El día jueves que mataron a los Jesuitas de repente escuchamos unas voces en la calle que decían, y recuerdo bien las palabras. (Ignacio) Ellacuría y Martín Baró ya cayeron sigamos matando comunistas decían. Él (Rivera y Damas) me dice avisa a Casa Presidencial, yo avisé y me dijeron que era imposible que eso sucediera. Después oímos de nuevo las voces con las mismas palabras.

Eran voces de soldados imagino…

Después supe que fue, pero en el momento pensé que eran voces de la calle, pero bueno volví a avisar a Casa Presidencial y me volvieron a decir que no podía ser. Supe después que eran los altavoces del Cuartel San Carlos.

¿Usted dónde estaba?

Nosotros estábamos en el Arzobispado y escuchamos las voces en el cuartel San Carlos. Ellacuría y Martín Baró ya cayeron sigamos matando comunistas, eso era lo que decían. Era claro que se estaban atribuyendo la muerte de los Jesuitas. Después hubo un forcejeo con los militares porque Monseñor lo dijo en la homilía y reclamó Elena Fuentes que estaba a cargo de la 1ª Brigada. Le dijo (el militar) lo que nosotros decimos está grabado, pues entonces busque en sus grabaciones que ahí está le dijo Rivera y Damas. Ese momento fue tenso, pero aquí estamos Dios nos conservó la vida.

Fue amigo íntimo de Monseñor Romero, ¿Qué sintió, como vivió usted su asesinato?

Estábamos los dos celebrando misa. Él en su lugar y yo en el Seminario. A las 6:25 me dice el portero: han herido a Monseñor. Yo comunique a los seminaristas y salí en taxi hacia la Policlínica Salvadoreña, hoy se llama Hospital Pro Familia, encontré su cuerpo en una camilla de lámina, ya sin vida con sus ornamentos morados y sentí un dolor muy grande, pero sabía que eso iba a pasar. Él sabía también que iba a pasar. Solo como iba a ser esa era la pregunta. Yo la considero la mejor muerte porque fue en el altar y eso le impactó mucho al Papa Juan Pablo II y por eso decidió ir a visitar su tumba en 1983. Le dijeron no vaya, es peligroso, está politizado y él dijo: como no voy a ir si entregó la vida en el altar. Esto marcó la vida del Papa Juan Pablo y le hizo cambiar la mentalidad que tenía sobre Romero, porque el Papa dudó de él cuando comenzó su pontificado. Pensó que él era cómplice de los comunistas o cosas por el estilo, pero después entendió que era un mártir. Y lo dijo después en el año 2000 cuando lo visitamos en el mes de noviembre. El Papa Benedicto también creyó en él. Dijo: es un gran partido de la fe y merece ser beatificado, no tengo la menor duda.

Usted es un hombre de Dios, pero hay momentos en lo que se pierde la calma ¿no sintió rabia, coraje, frustración, al ver a su amigo sin vida?

Más bien paz porque murió en el altar. Mi temor era que lo ametrallaran en el camino, que fuera en un accidente fingido o que llegaran a su casa en la madrugada. Lo (mataron) justo en el momento del ofertorio como quien dice la víctima era él, eso es un simbolismo. Y por otra parte había un periodista ahí con su grabadora y había un fotógrafo con su cámara y tenemos fotos y la grabación de su última homilía. Realmente que quede una imagen y un audio de un martirio nunca pasó antes. Como es Dios de bueno.

Sin duda ese pasaje es duro, pero también hay sublimes ¿cuál es el momento más sublime que ha vivido en su vida pastoral?

Quizá cuando llegó el Papa Juan Pablo II a El Salvador y lo saludé en el aeropuerto. Él me dijo, en italiano, cuando me vio: ¡que obispo más joven! Y claro era un sueño ver a un Papa aquí y más verlo besando el suelo de El Salvador. Recordemos que él besó el suelo y claro eso me impactó muchísimo. Después logré estar con él varias veces a partir de esa fecha, pero quizá es el momento más grandioso que he vivido.

Usted nació en el campo ¿qué le motivó a tomar los hábitos?

Es curioso porque es una vocación nada espectacular. Yo hice sexto grado, éramos nueve hermanos, y un día que estaban todos mis hermanos con mi mamá donde la abuela en el campo, nos quedamos solo mi padre y yo y a la hora de la cena me lanzó la pregunta a quemarropa: ¿qué vas a estudiar?, no sé le respondí. Y él me dice: tú tienes para sacerdote. Después me vuelve a peguntar: ¿qué vas a estudiar? y yo le dije: para sacerdote, se lo dije mecánicamente no conscientemente.

¿Por qué creía él que usted tenía para sacerdote?

Él había notado en mí una manera de ser que le hizo pensar en eso y creo que no se equivocó.

¿No lo pensó dos veces?

Realmente yo no lo pensé, y fíjese que  yo no era una persona que fuera a misa seguido. En mi pueblo daban la misa una vez por mes, y pues humanamente no podría pensar una cosa como esa, pero de repente él lo descubrió porque quiso ser sacerdote. Él fue sacristán en Gotera y le iban a dar media beca para que fuera al Seminario, pero mi abuelo en lugar de apoyarlo le dio una cuma para que trabajara y eso a él le marcó mucho y dijo bueno ya que yo no pude vas a ser vos sacerdote.

¿Trabajó usted con la cuma?

Pero solo en cuestiones pequeñas, como limpiar el entorno de una mata de maíz. Nada más fue un poco como juego.

¿Nunca trabajó en el campo durante su niñez?

Trabajé con mi papá haciendo hortalizas, a él le encantaba eso.

¿Qué sembraban?

En mi casa no había agua potable y había que ir a buscarla afuera, pero sembrábamos rábanos, repollo, lechuga, tomate, chile, berenjena y zanahoria. Era lindo ver que iba la matita germinando, eso me impactaba siempre. Me gustaba ver como se iba engrosando el tronco de un rábano o de una zanahoria por ejemplo, y él era tan amante de eso que me contagió de ese amor a las cosas de la naturaleza. También sembré árboles con él y los mangos aún están ahí.

¿Cuáles eran sus juguetes antes de pensar en el sacerdocio?

Eran juegos netamente infantiles y nada tecnológicos. En ese tiempo una varita era un caballo, un carrete de hilo con hule era un carrito, las pelotas con las que jugábamos eran de trapo, no había pelotas como las de ahora. Jugaba cosas bien sencillas: capirucho, chusco, trompo, canicas… esos eran los juegos de mí infancia.

¿Cuándo deja esos juegos?

Cuando fui a cuarto grado en Jocoro. Ahí entré a otra etapa. Es que curiosamente donde yo nací y viví solo había primer grado y lo estudié dos veces porque no tenía donde ir al grado siguiente.

¿Dónde nació exactamente?

Nací en Sociedad, en el cantón “Ánimas”, y después viví en el cantón “El Peñón”, ahí viví de niño y ahí fui a la escuela. Después en segundo grado me mandaron al pueblo, pero solo había segundo y tercero. Luego me mandaron a Jocoro, donde hice, cuarto, quinto y sexto. Y después pasé al Seminario, ahí estuve 12 años. Así es un poco la historia de mi vida.

Al seminario entra de 14 años…

Sí de 14 años.

¿En ese tiempo no pensaba en formar su propia familia, no pasaba eso por su mente?

Mi padre decía que yo desde que entré nunca dudé y me ponía como ejemplo a mis hermanos de que yo nunca dudé del camino que tenía que seguir. Y sí es verdad que al principio tiene crisis uno y piensa: ¿será o no será mi camino?, pero con una familia como la mía, tan unida, tan integrada y en un ambiente tan sano, era tan natural que ese camino  lo mantuviera, que cada uno perseverara en su camino porque el ambiente es muy importante para una vocación y yo tuve un ambiente ideal.

¿No hubo novias?

No hubo tiempo. Tenía 14 años y tenía que olvidarme de eso.

¿Le explicaron que no se podría casar?

Por su puesto, sabía lo que significaba y me gustaba estar en ese lugar. Me gustaba estudiar y me metí en eso de lleno y aquí estamos.

¿Era estudiante de 10, de 9, de 8…?

Hay que preguntárselo a mis compañeros a ver que dicen jajaja, pero si yo siempre tuve buenas notas.

Hoy  en día la diversión es el teléfono celular y en otros tiempos el fútbol, los deportes, ¿cuál era su diversión en el Seminario? era un muchacho joven…

Curiosamente yo fui más aficionado de las cosas intelectuales como la lectura, pero me gustaba el deporte sobre todo el voleibol y el fútbol. Jugué los dos deportes, pero ahora de sacerdote como yo me descanso un poco es leyendo, viendo televisión o escuchando música. Y sí veo deportes por la televisión. Nunca fui un gran deportista soy más bien una persona más intelectual.

¿Hasta qué edad llegó jugando fútbol?

Todo el tiempo del seminario. Nunca estuve en la selección, pero me tocó jugar de portero y extremo derecho. Jugué desde los 14 años que entre al Seminario hasta los 27. Es que ahí después del almuerzo se hacía deportes.

Usted me decía que más que deportista se considera una persona intelectual ¿Cuántos libros habrá leído Cardenal?

Es una buena pregunta porque hoy la gente comienza pero nunca termina un libro. Da tristeza con los estudiantes de hoy que no tienen el hábito de la lectura. Yo tengo la costumbre que cuando el Papa saca un documento lo leo inmediatamente a la carrera, pero después lo leo con calma. A nivel de documentos de la iglesia yo siempre he estado muy al día, ha sido mi principal preocupación. Hay menos tiempo para (leer) literatura, para tratados, pero yo intento siempre. Curiosamente hoy leo más periódicos que libros, y cuando viajo, incluso, la gente ha notado que voy recogiendo periódicos en el camino de distintas lenguas y a veces encuentro cosas fantásticas. Así que yo leo mucho revistas y periódicos, sobre todo cuando voy de viaje.

Cuando dice que recolecta periódicos diferentes lenguas significa que habla varios idiomas…

Sí leo varios idiomas…

¿Cuáles?

Además del español, el francés, el italiano, el inglés y el portugués. Los entiendo y me defiendo en todos ellos, pero no soy un perfecto hablante.

¿Cómo los aprendió?

El francés lo aprendí porque estudié tres años en Bélgica y me tocó estudiar en francés, el inglés por afición y práctica. El italiano porque casi es obligatorio aprenderlo, ahí está la sede de la iglesia católica, y el portugués es tan parecido que de escucharlo tanto se le pega a uno. Ciertamente tengo facilidad para los idiomas.

¿De literatura que le gusta leer?

Digamos que comencé con los clásicos como El Quijote, pero no tengo mucho que decir al respecto.

¿Cómo es normalmente un día del Cardenal Rosa Chávez?

Hay más trabajo que antes. Hay muchas invitaciones de afuera del país. Y localmente para dar conferencias y para asistir a celebraciones y actos públicos. La agenda está más cargada, pero yo procuro vivir como siempre he vivido en este lugar.  Vos has visto como se vive acá, una casa sencilla junto a la calle viendo el drama humano pasar todos los días enfrente de la puerta. Uno no se desubica y esa es también la gracia de estar aquí. Aquí (en la Iglesia San Francisco) estoy desde hace 22 años y camino a pie por el centro de la ciudad. Voy a la Catedral y nunca tomo carro, voy ahí pasando entre piñatas, entre borrachos y méndigos; y entre la gente que lucha todos los días con sus ventecitas callejeras. Esa es un poco la escena que me acompaña cada día.

La pregunta obligada ¿usted porque nunca fue arzobispo?

Yo nunca busqué puestos y eso todo el mundo lo ha visto. A mí eso me da mucha paz porque nunca busqué un puesto en la iglesia. Nunca, nunca hice una gestión de influencia, de intriga para lograrlo. No está en mi ADN eso. El Papa lo supo y quizá dijo: hagamos algo extraordinario, algo que no está en los cánones y lo hizo (al nombrarme Cardenal). Él vio quizá que yo nunca busqué protagonismo sino servir y eso es lo que a mí me da paz.

A pesar de eso usted ha tenido mucho protagonismo yo recuerdo que estuvo en todo el proceso de pacificación, en los diálogos…

Fíjate Santiago que hay un “guinness records” que tengo yo como salvadoreño, y es que fui el único que estuve en todas las pláticas de 1984 a 1989. En todas estuve yo, las preparé todas. Ese si es un records que tengo yo y nadie más lo tiene porque todos iban cambiando. Es un records que me gusta recordar porque lo saboreo. Ver todo el proceso de paz desde adentro durante cinco años, ver los personajes, hablar con ellos, tener anécdotas de cada uno es algo muy enriquecedor y muy estimulante. Son de las memorias que más conservo y cuando veo a los protagonistas recuerdo tantas cosas que quizá un día podrían escribirse y dar luz sobre ciertos acontecimientos.

Hoy en día la tecnología nos invade ¿es usted de redes sociales Cardenal?

Para nada, yo soy de la galaxia de (Johannes) Gutenberg, yo soy de lo impreso, me cuesta estar en las tecnologías. Me gusta el olor a papel, no me gustan los libros electrónicos. El olor del papel de un libro y tocar la página es un placer que lo sigo disfrutando.

¿Y qué música escucha?

Honestamente por mi trabajo no puedo tener música mientras trabajo. Hay entrevistas, hay audiencias y casi no escucho música. Tengo algunas (piezas) para que me calmen mientras estoy preparando una conferencia o algo. Es música ya sea clásica o religiosa, pero sin letra.

¿Clásicos de Beethoven, Chopin…?

Puede ser Mozart, puede ser Beethoven  o Vivaldi. Es música que a uno lo relaja y le da ánimo. De la religiosa, más bien relajante y que no tenga letras. Sobre todo Salmos. Con eso trabajo, pero que me conecte a internet y me siente a escuchar música casi no tengo tiempo para eso.

En la calle sin embargo se oye de todo ¿de esa música cuál le parece más perjudicial para los jóvenes?

Precisamente yo recuerdo a un colega tuyo que un día me llamó para decirme mire la tonada que está saliendo de reggaetón y los jóvenes ni cuenta se dan. Ciertamente da tristeza ver como los jóvenes hoy están alienados por lo que escuchan y ven. Están enredados en las redes.

Usted jugó fútbol e imagino le gusta el fútbol…

Sí.

 ¿Qué equipos le gustan?      

Esa pregunta es muy peligrosa. A Monseñor Saenz un día le preguntaron ¿usted es Barça o Real Madrid?, y él dijo: yo soy del deporte y ahí se acabó la plática.

¿Y usted de cuál es?

Estuve en el Penal de Mariona y la imagen de la Virgen de la Merced tiene el escudo del Barcelona y evidentemente los colores del equipo, y uno eminentemente sonríe y dice aquí estamos en un clima Barça. Evidentemente yo disfruto viendo fútbol, pero no el de El Salvador, ese me desespera.

¿Por qué le desespera el fútbol de acá, por malo?

Yo recuerdo los tiempos de “Cariota” Barraza y encarnaba valores. Yo estuve en San Miguel donde había un equipo que era popular: el Dragón y no había más. El Dragón era el equipo de los pobres y “Cariota” era del Dragón. Después prestó su nombre al estadio de San Miguel y él tenía que pagar para entrar.

¿Era aficionado del Dragón usted?

No, pero claro por ser de Oriente era de los equipos del Oriente, después me descontinué porque me dio mucha tristeza.

¿Por qué no le parece el fútbol de acá, le parece lento, aburrido o por qué?

Realmente por más que intento no logro entusiasmarme. Y al ver la manera como se maneja y los estadios vacíos todavía menos. Que lindas serían las canteras y el apoyo de gente con mística, que lindo sería un país así que produjera jugadores con valores. Yo jugué descalzo en aquellos años y uno se rompía las uñas y se destripaba los dedos cuando pegaba con una raíz, y ver ahora que es un negocio el fútbol da mucha tristeza.

¿Pensó en algún momento ser futbolista profesional?

No, jamás. Llegué hasta la segunda en la selección del Seminario, nunca llegué a la primera y tampoco lo pretendí. Igual hice un poco de atletismo, practiqué salto alto, pero todo fue mediocre como lo hacía jajaja.

¿Al Cardenal que le gusta comer?

Es curioso. Cuando me preguntan cuál es mi comida favorita me da risa porque tengo que llegar a los frijoles, a la tortilla, a la sopa de gallina india, al aguacate y nada más. Yo soy de dieta muy sana, no tomo medicina, llevo una dieta muy sana, muy balanceada y ya está en mi ADN, no tengo que hacer esfuerzo. Yo viajo y nunca llevo medicina para el estómago, nunca me ha dolido la cabeza y eso es asombroso. No sé qué es un dolor de cabeza. Mi salud es una de las cosas que más le agradezco a Dios. Yo duermo pocas horas, soy de cinco horas de sueño, pero son horas bien dormidas. Aprendí desde estudiante como desconectar la máquina. Yo dejo la mente en blanco a la hora de apagar la luz y al ratito estoy dormido. Yo ya tengo 76 años y para la edad que tengo me dicen que no aparento esa edad.

¿Qué hay normalmente en la maleta de viaje del Cardenal?

Libros mayormente.

Pronto verá al Papa ¿tiene bastante acceso al Papa?

Eso es lo asombroso Santiago, que uno solo va a una oficina y solo dice quisiera ver al Papa y te dicen tal día te va a recibir. Esa es la dinámica. Uno no abusa de eso por su puesto, pero uno puede escribirle, llamarle y ahora con Francisco con mucha más razón.

1 Comentario

  1. Esta nota es diez,mis respetos por su Excelencia,Cardenal Rosa Chavez,le he seguido la pista a parte de su vocacion sacerdotal,y siempre me pregunté,porqué nunca le dieron el cargo de obispo principal,ahi tienen la respuesta clara,nunca he buscado un puesto,solo quise servir,grande muy grande el Cardenal .

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