Otto Meza, caricaturista: “Soy un mal ateo y un mal cristiano. No estoy seguro si existen los milagros y no estoy seguro de ser 100% ateo”

Otto Meza

Por Santiago Leiva

Para convencer a Otto Meza de que existen los milagros, se necesita más que usar sotana, tocar la puerta de su casa con una maleta repleta de atalayas o desplomar 100 personas frente a un pulpito.

Él se declara mitad cristiano y mitad ateo pero, sobre todo, fiel devoto de la integridad de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, el mártir salvadoreño que hoy se vuelve santo para la feligresía católica mundial. La figura de Monseñor Romero es una imagen recurrente en la obra artística editorial de Otto.

Lo ha dibujado entre 20 y 25 veces para ilustrar las páginas editoriales de El Faro y muchísimas veces más por otras circunstancias. “Ya seas ateo, católico o evangélico, cuando conoces una persona que es íntegra, te atrapa. Yo creo que Monseñor Romero me atrapó cuando ya leí sobre él y lo conocí, por eso se vuelve recurrente en mi caricatura”, explica Otto.

Este artista es del pensar que la caricatura no es solo para hacer reír, sino también para plasmar un mensaje, y Monseñor Romero cumple con este segundo mandato. “Si busco hacer reír haré una caricatura de un político, pero si quiero dejar un mensaje positivo Monseñor Romero se presta para eso”, dice. En la actualidad Otto plasma su talento en El Faro, pero su obra y trabajo también adornaron en el pasado las páginas de El Diario de Hoy y LA PRENSA GRÁFICA. Incluso, hace unos años publicó su libro “Otto y Momo”.

Otto trae el talento para el dibujo en la sangre y lo practicó desde su niñez, pero ser caricaturista no era su primera opción. Él soñaba con ser médico pediatra. Incluso, concluyó cinco años de esta humanitaria carrera, misma que tuvo que dejar por falta de recursos económicos y la que ya ha apartado de sus anhelos. “Yo no cambiaría nada (de mí historia), ahora soy lo que soy y no miro atrás con tristeza o con nostalgia negativa, porque si no, renegaría de lo que soy. Y yo ahora estoy contento con lo que soy”, advierte. Así, el destino le robó un médico a El Salvador, pero le regaló un artista del dibujo, un personaje que hoy espera “romper el balón” y “meter un gol más” con otra caricatura de Monseñor Romero. Otto es mi personaje de la semana.

Otto, Monseñor Romero es una figura recurrente en tus caricaturas, ¿representa algo especial en tu vida?

Creo que es la figura en sí de Monseñor, como persona íntegra, la que te atrae y atrapa. Todos nos sentimos atraídos por las personas que son íntegras al revés y al derecho; y ya seas ateo, católico o evangélico, cuando conoces una persona que es íntegra, te atrapa. Yo creo que Monseñor Romero me atrapó cuando ya leí sobre él, cuando ya lo conocí. Creo también que la primera persona que vi muerta en una foto, o que yo recuerde, fue a Monseñor Romero, y he contado algunas veces que vi llorar a mi abuela inconsolablemente cuando él murió. Eso me motivó a conocerlo. Cuando lo conocí, lo vi como una persona íntegra y por eso se vuelve recurrente en mi caricatura, porque quiero demostrar que esa integridad anda todavía por ahí latente en la gente, en el pueblo; no en los políticos obviamente, pero si en los demás.

¿Da mucho el personaje de él para caricaturizarlo?

Sí. Físicamente tenía características muy establecidas. Una mandíbula un poco grande, una nariz prominente, pero también se presta para el mensaje, que es el rol de la caricatura, porque la caricatura no es solo para hacer reír. Si busco hacer reír, haré una caricatura de un político; pero si quiero dejar un mensaje, Monseñor Romero se presta para eso. Es como esta conciencia colectiva salvadoreña que viene y le jala las orejas a cualquier político actual.

Entonces: para reír, caricatura de políticos; para mensaje, Monseñor Romero…

Sí. Yo no digo que no haya políticos buenos, porque (seguro) los habrá. Pero para dar un mensaje positivo, yo no voy a agarrar a ningún político. Prefiero agarrar a Monseñor Romero.

¿Cómo cuantas veces lo habrás dibujado?

Fíjate que lo dibujé desde que estaba en el Equipo Maíz. Yo trabajé un tiempo en el Equipo Maíz y colaboré con algunas ilustraciones de Monseñor Romero para ellos. Y lo habré dibujado una infinidad de veces porque de repente alguien me lo pedía para alguna camisa o me lo pedían para alguna tarea.

¿Y para publicar?

Para publicar en caricatura, quizá unas 25 veces desde que estoy en El Faro. En otros periódicos lo intenté, pero no se pudo porque la figura de Romero todavía era un poco tirante, muy politizada y no se podía poner en una caricatura. En El Faro si tuve esa libertad y desde que estoy ahí lo he hecho unas 20 o 25 veces.

La figura es la misma, pero ¿cómo haces para presentar un diferente mensaje con la misma imagen?

Lo que pasa es que Romero tiene mucho que dar. Yo he dicho que quizá no lo veamos nosotros, pero cuando muramos quizá nuestros nietos sabrán retomar el legado real de Romero. Hoy por hoy es difícil por esta misma politización de la figura o el oportunismo político, pero Romero tiene mucho para dar. Desde decirle a un tal Roberto por teléfono “te perdono”, que es una caricatura mía, hasta inyectarnos un poco de esperanza cuando se asoma desde el cielo (en otra caricatura) para ver si algo cambia en El Salvador. Entonces, pues, Romero tiene para darnos un enfoque positivo de las cosas para rato. Yo moriré y si alguien toma la figura de Romero para caricaturas, tendrá historias que contar.

¿De él, ¿cuáles son las caricaturas que más recuerdas y que mensajes has enviado?

Te mencionaba dos. La de Roberto, “te perdono”, que me gusta mucho porque Monseñor Romero dijo que de antemano que perdonaba a quienes le quisieran hacer daño y, además, porque estuviese donde estuviese él sí le diría a alguien: te perdono. También recuerdo una caricatura que hice cuando cerraron Tutela Legal de Arzobispado. En esa caricatura sale Monseñor diciendo: nunca había sentido un dolor tan grande desde aquel 24 de marzo. Porque (al cerrarla) lo volvíamos a asesinar, matábamos su legado. Y bueno, la (caricatura) que estoy preparando para la canonización, que es una especie de jalón de oreja para la iglesia. Es Monseñor Romero tocando a las puertas de Catedral y diciendo: tal vez hoy si me dejan entrar.

Peo él ya está en la cripta…

Está físicamente, pero me refiero a su memoria, su legado real, su fuerza. A su legado real como ser íntegro que era no la figura que quieren politizar o sobre la que se quieren montar al decir es mi guía espiritual, mi partido político lo apoya, me entiendes. Ese es un tema inútil para mí. El legado de Romero es mucho más fuerte, su memoria histórica es mucho más fuerte, la iglesia misma lo bloqueó. Sus amigos lo dejaron solo, muchos obispos le dieron la espalda. Ahora vamos a despolitizarlo y dejarlo entrar como su memoria. No solo su figura.

¿Crees en los milagros de los santos?

Je, je, je. Me cuesta mucho. Soy un mal ateo y un mal cristiano. No estoy seguro si existen los milagros y no estoy seguro de ser 100 por ciento ateo.

¿Por qué mal ateo y mal cristiano?

Porque yo creo que todos, cuando estamos zocándola, hemos dicho: “Dios mío, échame una mano”. Me ha pasado, lo he dicho cuando he estado enfermo, cuando me han operado o cuando he tenido situaciones difíciles. Y también soy un mal cristiano, porque me acordaré de los santos y sus milagros en ese momento, nada más. Creo que soy mitad ateo y mitad cristiano.

¿Qué cuesta más caricaturizar: a una figura muerta o a una viva?

Yo no he tenido ningún problema. He hecho caricaturas de alguien vivo y muerto. Quizá el problema para caricaturizar a Romero no es el hecho de que esté muerto, sino de que es una figura importante y eso da pie a que vayas con mucho cuidado. No puedo poner a Romero diciendo algo que no creo que diría y tampoco me puedo poner a los pies de él diciendo: este es mi legado más importante, porque no soy él. Eso es lo jodido de Romero: que está muerto, sí; pero es una figura importante.

Es un muerto con voz…       

Claro, es un muerto que tiene voz y, como te decía, la conciencia de él todavía nos ronda y nos duele. Todavía nos dice: les suplico, les ordeno, les ruego, cese la represión. Y quizá hoy no sea una represión armada, pero hay otro tipo de represiones. Si no (comulgas con) mis ideas, te despido; si estoy jodido, te despido. Si no eres de mi partido, te vamos a joder. Esa es también una represión a la libertad.

Me decías que sos mitad ateo, mitad cristiano, pero imagino que te alegra la canonización de Romero. ¿Cómo estás viviendo las horas previas a ese magno evento?

Mira: lo veo con mucha alegría, es decir, creo que triunfa la verdad. Eso me satisface mucho y me anima a dibujarlo más. Es como cuando estás viendo un partido un fútbol y tu equipo mete gol y sabes que con ese gol ganas la Copa del Mundo. Te dan ganas de sacarte la camisa, darle vueltas, tirarla a la calle y gritar. Si vale la comparación pagana, es la misma que tengo. Es decir, le metimos un gol a la historia. Romero es una persona auténtica, no era una figura política, tuvo que meterse a la política porque proclamaba los derechos humanos y en ese momento proclamar los derechos humanos era pecado.

¿La canonización te parece un gol a la historia?

Sí, es un gol a la historia, a la memoria histórica de todos. A que nos demos cuenta de que es un ser humano íntegro, un salvadoreño que ahora es universal y que siempre dijo la verdad en el momento que lo tuvo que hacer.

Aparte de Romero, ¿a que otras figuras te encantan dibujar y sobre todo que se prestan para eso?

(Mauricio) Funes, en su momento. Lo que pasó es que cuando yo comencé a hacer caricaturas ya a diario en LA PRENSA GRÁFICA eran momentos previos a que Funes ganara las elecciones y entonces pues se volvió como mi caballito de batalla, se volvió como el personaje al que había que caricaturizar seguido. Después, han sido alcaldes, presidentes de la Asamblea Legislativa, políticos en general.

Has recorrido ya varios medios de comunicación a través de tu arte. ¿Cómo te iniciaste en la caricatura?

Fíjate que todo empezó cuando estaba pequeño. Fui a una feria y ahí tenían una exposición de Toño Salazar, un caricaturista salvadoreño. Él tenía unos bocetos porque iba a ilustrar el libro de “El Quijote”. Pues esos bocetos estaban en vitrina y a mí me encantaron. Era un niño y ya me gustaba dibujar, pero fue entonces que la caracterización de personajes me gustó. Con el tiempo, vi el trabajo de Bollani y después conocí a Ruz. Él me dio mi primera clase de caricatura. Me llevó a LA PRENSA GRÁFICA y me mostró un poco cómo era su proceso de trabajo. Ahí me gustó la caricatura. Cuando conocí a Alecus, ahí me gustó el mensaje que podés transmitir en la caricatura.  Así fue como un día hice una caricatura para LA PRENSA GRÁFICA y de repente los políticos se molestaron, el PCN se molestó. Entonces yo dije: hey, te ven, les molesta. Es una manera de picarle las costillas a los dinosauros, y eso te agrada, no porque te sientas con poder sino porque les das luz a los demás que no son inmortales, que son vulnerables y que los podés vulnerar con un dibujo.

¿Mandaste la caricatura a LA PRENSA GRÁFICA?

No, no, ya trabajaba en LA PRENSA GRÁFICA, creo que en ese momento estaba cubriendo las vacaciones de Alecus.

Ahí definiste tu estilo…

No, yo creo que lo sigo buscando. Ruz tiene un estilo muy bien definido, Alecus también. Y yo considero que lo sigo buscando. Muchas veces confunden mis caricaturas con las de Alecus y me siento halagado, porque siento que me suben al nivel del maestro, el maestro Alecus. Pero todavía estoy un poco en la búsqueda de mi paleta de colores, todavía invento un poco. Hoy, el fondo lo dejo totalmente en blanco o no le pongo texto, estoy todavía inventando. Mis dibujos se parecen un poco a los de Alecus, porque él me marcó, lo sabe porque se lo he dicho muchas veces. La verdad el estilo de él me marcó mucho.

Me contabas que te impactaron los bocetos de Toño Salazar, pero ya dibujabas. ¿Hay herencia de caricaturista en la sangre?

Sí, sí, sí. Tengo un tío que hizo un curso por correspondencia en la época de los 70. Hizo un curso por correspondencia y los niños, los sobrinos de él, nos sentábamos calladitos alrededor de la mesa para verlo dibujar. Él dibujaba muy bien. De hecho, le ofrecieron varias veces trabajo de dibujante, pero él nunca quiso. Dibujaba porque le gustaba. Dibujaba a Batman, Superman, cómics y yo empecé igual: dibujando tirado por esta vena artística de él.

¿Qué dibujabas?

Igual; Batman, Superman, los superhéroes de todos los paquines que nos llegaban. Todo paquín que nos llegaba yo lo reproducía, quizás hasta que conocí a Snoopy.  Yo siempre digo que Snoopy me salvó de la guerra, porque cuando lo conocí había una imaginación mucho más fuerte detrás de este personaje; se subía a su perrera y se ponía a escribir en una máquina una carta o volaba un avión y después el perro volvía a su casa y comía en cuatro patas. Ese nivel de imaginación me hacía a mi dibujar imaginándolo en la época de la guerra y eso me abstrajo un poco de la guerra.

¿Qué dibujabas en ese tiempo?

Mis personajes. Trataba de inventármelos, obviamente copiaba. No era Snoopy, pero era un perro que también volaba. En fin, tenía solo la noción de inventar algo.

La figura del perro la utilizas en tu libro de Otto y Momo…

Sí, pero Momo existe. Bueno, existió porque ya murió. Fue mi primer perro, un dálmata. Pero bueno, creo hay algo de Charlie Brown y Snoppy, en Otto y Momo. Es la relación con su perro, donde a veces su perro es mucho más listo y el niño es más ingenuo.

¿Cuándo decidís que vas a vivir de la caricatura, que esa será tu profesión?

Es gracioso, porque siempre dibujaba. He sido tímido, casi no hablo mucho. Entonces, de chiquito o leía o dibujaba. Mi papá decía: a mí me preocupa que este cipote solo pase dibujando porque de eso no va a vivir. Mi papá era contador. Y yo empecé a estudiar medicina y me la pagaba dibujando. Pero llegó un punto de la carrera que yo ya no podía seguir pagándomela. Así que completé hasta 5º año. Comencé el primer ciclo del 6º año y me fui. Tuve que irme porque ya no podía pagar y era cansado. Fue entonces que dije: toda la vida he dibujado me voy a meter a estudiar diseño gráfico, que es lo más parecido a dibujar. Desde entonces, todo me empujó al dibujo. La vida misma me empujó a seguir dibujando, me fui becado a Italia, estuve ahí y regresé, y siempre a seguir dibujando.

Te fuiste becado a Italia. ¿Quién te becó?         

Una ONG religiosa. Mundo Unido se llama  y es italiana. Me becó a través de un movimiento religioso. Ellos me pagaron el viaje y todo.

Beca para estudiar…

Sí, era una cuestión de reciprocidad. Yo tenía que ir y trabajar un poco con ellos, echándole una mano, y en pago me dieron en la oportunidad de estudiar. Así era la beca, digamos.

¿Qué estudiaste? ¿Dibujo?

Estudié tres cosas: Historia de la religión… Ya ves, soy un mal ateo. Ja, ja, ja. Estudié ilustración y animación web, que era como un boom para usar Flash. Después de eso regresé y todo me empujó a que siguiera dibujando y me metiera más en diseño. Es gracioso, porque años después, cuando ya era caricaturista de LA PRENSA GRÁFICA, mi papá me llama y me dice: “no tienes ahí 20 pesos que me prestes”,  y yo dije: hey, no era éste el que me decía que de grande no iba a vivir de dibujar. Me dieron ganas de decirle, pero obviamente no se lo dije.

¿Dónde estudiaste medicina?

Medicina en la Nacional (UES) y diseño en la Don Bosco. Ahí me gradué

Estudiaste 5 años…

No, estudié un técnico en diseño gráfico.

¿Nunca pasaste por el CENAR?

No, nunca había recibido una clase de dibujos, más de la que me había dado Ruz, que fue el mismo día que me inscribí en la facultad de Medicina.

¿Cómo llegas a LA PRENSA? ¿Como pasante?

Si, hice una pasantía en LA PRENSA GRÁFICA, práctica orientada le llaman en la Don Bosco. Así que hice mi práctica en LA PRENSA y me pusieron a dibujar para “Palomitas de Papel” y en la sección de infografía. Recuerdo que en esas dos semanas que estuve ahí, hice una infografía que era media página y una doble página para “Palomitas de Papel” y yo estaba que volaba, ya te imaginas. No era la primera vez que publicaban algo, porque ya trabajaba para el Equipo Maíz y me publicaban mis ilustraciones en libros que no eran míos, pero sí la ilustración que lo acompañaba.  Así fue como pasé por LA PRENSA y de ahí me fui a trabajar a El Diario de Hoy. Ahí trabajaba como diagramador para la sección de espectáculos, pero un día, leí un titular que tenía que diagramar que decía: “Madonna pierde ropa interior en aeropuerto”, y yo dije: bueno, yo estudié medicina y me costó, me salí. ¿Me fui a Italia para diagramar que Madonna perdió su ropa interior? Esto no va conmigo. Ese día renuncié, di el periodo de gracia de una semana más y me fui. De ahí me fui a la imprenta del Arzobispado. Hice la semana de prueba y me dicen: está contratado. Pero ese mismo día me llamaron los de LA PRENSA y me dicen: mire, hay una plaza para usted. Me pagaban el doble que en la imprenta del Arzobispado y dije: ok, vámonos. Era además de dibujar para “Palomitas de Papel”.

¿De ahí saltas para convertirte en caricaturista oficial?     

Si, hubo movimientos en LA PRENSA. Se fue Alecus, lo despidieron y me tocó, lastimosamente, tratar de suplir esa plaza. Para mí fue duro, porque era mi amigo, es mi amigo. Estuve ahí por dos años, haciendo la caricatura editorial. Luego me fui porque me salió una plaza de diseñador y de ahí me llaman de El Faro: “¿hey, qué pasa, por qué ya no publicas?  Les dije que ya no estaba en LA PRENSA, que estaba en otro trabajo y me propusieron que trabajara con ellos. Así que sigo siendo el diseñador de una empresa y dibujo para El Faro con toda la libertad.

Tienes dos empleos…

Sí, trabajo para las dos.

¿Y tu niñez cómo fue? ¿Te criaste con tus papás?

Bueno, con mi papá sí; con mi mamá, no. Ellos se separaron cuando tenía un año y tuve una niñez un poco movida porque a mi papá le gustaba beber un poquito. No era escandaloso de los que beben, se enojan y pegan, pero había problemas de los que con conlleva el mismo alcoholismo. No había dinero para pagar la luz, te cortaban la luz. No había dinero para el agua, te cortaban el agua, y obviamente son problemitas que como niño te tocan y te da vergüenza salir a la calle o aceptar delante de tus compañeros que estás jodido. Pero también fue una niñez muy buena, ya que la figura de mi abuela me motivaba a educarme. Ella me conseguía un lápiz o se inventaba algo para que jugara. Por ejemplo, un chacalele, que ella los hacía con botones. Me daba uno y me ayudaba a despertar la imaginación. Fue una infancia de muchas carencias, pero positivo en lo que te decía de Snoopy, que me hizo imaginar. A mí la imaginación me ayudó a que la infancia no me jodiera tanto.

¿Tu sueño de niño era ser médico?

Yo soñaba con ser médico porque me gustan los niños, pero no como Michael Jackson. Ja, ja, ja, Quería ser pediatra, pero bueno, mi primer trabajo oficial como diseñador gráfico fue en LA PRENSA GRÁFICA y tenía siempre mucho que ver con niños.  Me llamaron a dibujar para niños justo en el momento que la revista se estaba rediseñando y eso me dio la libertad de soñar, libertad a crearles un mundo nuevo a los niños y motivarlos a ser parte de ese mundo.

¿Ya murió el sueño de ser médico?

Si, lo que pasa es que me di cuenta de que la vida es un proceso. Tuve que pasar por la Facultad de Medicina para conocer gente maravillosa. Amigos y amigas, casi hermanos, y para aprender muchas cosas de la vida. No cambiaría nada, ahora soy lo que soy y no miro atrás con tristeza o con nostalgia negativa porque si no renegaría de lo que soy. Y yo ahora estoy contento con lo que soy, sé que puedo mejorar, sé que debo mejorar, sé que hay muchas cosas que tengo que cambiar, pero miro hacia delante. Miro hacia atrás solo para ver donde estuve y hasta donde he llegado.

¿Cuál es tu máximo sueño?      

Sueño con muchas cosas, por ejemplo, con hacer un corto animado con mi amigo Renato Mira. Ya hemos hablado y hemos soñado con el tema, ya casi lo tenemos, pero no tenemos ni el tiempo ni el dinero para hacerlo. También sueño con hacer una novela gráfica. Me encantaría una novela gráfica sobre la historia de las 17 mujeres que están presas por, en teoría, aborto. Asesinato le llaman. A ellas les acusan de asesinato en primer grado de sus niños y es discutible el tema.

¿Pasaste por otros trabajos antes de la caricatura?                

Me tocó hacer de todo. Creo, si la memoria no me falla, que mi primer trabajo fue a los 12 años que hice un mural en un kínder, de ahí para acá hice encuestas, trabajé en una imprenta cortando papeles para tarjetas y en el colegio donde estudié me dieron trabajo de vendedor en la librería y de esa manera no me cobraban la cuota escolar. Hice un poco de todo.

Para cerrar, ¿cómo ves que estampen tus caricaturas de Romero en camisas?

Ja, ja, ja. A mí lo único que me molesta es cuando le cortan el nombre, la firma, o recortan solo la cabeza de Romero y le ponen otro dibujo encima. A mí me agrada que mi dibujo toque fibras tan sensibles y que la gente diga: yo quiero portar ese dibujo porque me representa de alguna manera, me identifico con ese mensaje.

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