Trump mantiene sus lazos cordiales con Putin pese al castigo a Rusia

Agencias

EE.UU. y la UE han entrado en un intercambio de golpes con Rusia sin precedentes desde la Guerra Fría. La expulsión masiva de diplomáticos, decretada por los aliados como respuesta al envenenamiento del exespía Sergei Skripal en suelo británico, recibió ayer una dura respuesta de Moscú, que centra sus acusaciones en Washington. Aunque el Kremlin se reserva las acciones concretas que anuncia para el futuro, señala a Estados Unidos por capitanear medidas «repugnantes» y de «chantaje» a sus aliados.

Es la primera reacción oficial de Rusia a la iniciativa más contundente de Trump contra el Gobierno de Putin en sus catorce meses de mandato. Una decisión que culmina una escalada que inició la Casa Blanca poco antes, también con unas primeras sanciones al Kremlin por su interferencia en la elección presidencial. Eso sin contar con la continua aprobación de castigos económicos a Moscú por su acoso a Ucrania, que Trump heredó de Obama.

Pero lo que habría sido una continuidad natural entre inquilinos de la Casa Blanca sobre un hasta ahora indiscutido rechazo a la política exterior expansionista y agresiva de Putin, topa ahora con una atípica querencia presidencial. Es la política del guiño del «outsider», que no quiere soltar la mano de Putin. En un mandato condicionado por el pecado original de la supuesta trama rusa. La admiración a Putin ya fue parte esencial al mensaje de campaña de Trump. Su idea de la fortaleza del ruso frente a la debilidad de Obama caló entre su núcleo fiel de votantes.

Así que, lejos de cualquier rectificación, Trump se apalanca en su estrategia pro Putin. La semana pasada, cuando ya contaba con su probable decisión de expulsar a diplomáticos rusos, el presidente desoyó a sus asesores y llamó al jefe del Kremlin para felicitarle por su victoria electoral.

Un reconocimiento que quiso recalcar con su satisfacción personal por el resultado. Aunque para los «trumpólogos», sea tan significativo el casi silencioso seguimiento que ha realizado en Twitter sobre la crisis con Moscú. Cobra fuerza también la teoría de que intenta no romper lazos para evitar que su homólogo ruso decida poner en circulación quién sabe qué información que le perjudique.

 

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