Bicentenario de Independencia en Centroamérica, en medio de su peor crisis

Foto cortesía de la República de Costa Rica

El Universal

San José.— Juegos pirotécnicos, espectáculos de luces, poemas, cánticos, conciertos, desfiles marciales, marchas estudiantiles, lecciones de historia… Costa RicaEl SalvadorGuatemalaHonduras Nicaragua se ataviaron de festejo para conmemorar hoy su bicentenario de la independencia de España.

La parafernalia política —promesas de bienestar y proclamas de exitoso porvenir— atiborró el escenario mediático de los cinco países para celebrar sus 200 años de vida independiente, pero detrás del decorado festivo persistió una Centroamérica hundida en un agudo deterioro democrático, socioeconómico e institucional.

“El sistema está enfermo: poco acceso a servicios básicos de salud y educación, a trabajo digno y a condición ambiental adecuada”, afirmó el abogado guatemalteco Nery Rodenas, director de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala.

“Estas repúblicas fueron constituidas en su origen con exclusión social racismo y sí han funcionado para aquellas élites criollas que decidieron dejar de tributar para España [en 1821]. Esos errores históricos se mantienen y la exclusión llega a hoy”, dijo Rodenas a EL UNIVERSAL.

“Son países con grandes sectores que viven en condiciones infrahumanas y altos niveles de migración a Estados Unidos. No son 200 años para festejar. Son 200 años en los que mucha gente ha quedado fuera. El sistema corrupto enriqueció a políticos, militares y empresarios y les dio privilegios e impunidad”, lamentó.

Dominado por la creciente miseria, el desamparo social, la corrupción incesante, la masiva migración, la progresiva inseguridad y el avance del crimen organizado por el tráfico de drogas, armas o personas, el conflicto regional se agravó con el estallido, a partir de 2018 en Nicaragua y de 2020 en El Salvador, de pleitos, crisis institucionales sin precedentes en el siglo XXI.

“En Nicaragua, 200 años después de la independencia, no tenemos nada que celebrar ya que la cultura política es la misma”, narró el economista y sociólogo nicaragüense Oscar René Vargas, exprofesor universitario en Nicaragua y México y exiliado desde 2018 en Costa Rica. “Es decir: corrupción, impunidad, democracia de fachada, elitismo, sectarismo, utilización del Estado como medio para enriquecimiento de las élites, mentira como instrumento político, desigualdad social, clientelismo político y [un] largo etcétera”, relató Vargas a este diario.

Acusados de dirigir una dictadura dinástica desde 2017, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, atizaron en 2021 la represión para controlar el mapa electoral y, sin rivales, reelegirse para otro quinquenio en los comicios de noviembre próximo, catalogados por los opositores como farsa. La pareja negó los cargos y defendió que en Nicaragua hay democracia.

Los líos del vecindario recrudecieron en 2020. Tras asumir la presidencia de El Salvador en junio de 2019 por cinco años, Nayib Bukele exhibió su autoritarismo y, con apoyo militar y policial, se apoderó de la Asamblea Legislativa en febrero de 2020 para obligarla a cumplir sus órdenes.

Sin renunciar a sus planes de acaparar poder y asido al timón del Ejecutivo, Bukele logró hacerse del mando de la Asamblea y del aparato judicial (incluida la Sala de lo Constitucional y la Fiscalía General) entre febrero y mayo de 2021 y, pese a las prohibiciones constitucionales, este mes recibió luz verde para intentar reelegirse y gobernar de 2024 a 2029. Bukele adujo que sus actos son legítimos.

“El Salvador sigue de manera acelerada los pasos de Nicaragua con la gestión mesiánica y desquiciada de Bukele”, aseguró el abogado y politólogo salvadoreño Benjamín Cuéllar, dirigente de Víctimas Demandantes (VIDAS), colectivo (no estatal) de El Salvador de defensa de derechos humanos.

Con excepción de Costa Rica, el bicentenario halló “a la zona sin instituciones, con pobreza y violencia. La gente más afectada por estos males huye de estas tierras y busca en otros lados lo que acá no encuentran”, explicó Cuéllar a este periódico.

Radiografía

Por el coronavirus, más de 16.4 millones de los 46.6 millones de costarricenses, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y nicaragüenses, o 35.2 de cada 100, debieron hacer menos tiempos de alimentación (desayuno, comida o almuerzo y cena) cada día en 2021. Las cifras fueron reveladas por “Estado de la Región”, informe emitido en julio de este año por el Estado de la Nación, programa de la educación superior pública de Costa Rica que precisó que, en 2020, los cinco países superaron los niveles de pobreza de 2019.

Las caídas en los ingresos de amplios segmentos por el alza del desempleo ante el golpe de la pandemia “comprometieron aún más la seguridad alimentaria de los habitantes de la región”, con “proyecciones de hambruna” y “estrés alimenticio” desde 2019 en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, recordó. “La contracción económica” por la enfermedad destruyó puestos de trabajo, disparó el subempleo y el desempleo, redujo los ingresos de los hogares e incrementó la pobreza en los cinco países, indicó.

El bicentenario “encuentra a esta región sumida en la peor crisis en décadas, en concreto, desde la época en que los conflictos político-militares asolaban el área”, precisó el reporte, al aludir a las guerras por la pugna entre guerrillas comunistas y ejércitos anticomunistas que sacudió al istmo en la segunda mitad del siglo XX y se saldó con unos 375 mil muertos y desaparecidos.

Pese al desolador panorama, con su paz en duda y atrapada en su perenne turbulencia sociopolítica, Centroamérica se vistió de jolgorio para hoy…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here