Canciller Alexandra Hill Tinoco defiende la soberanía nacional y deja un mensaje de transformación ante la 81.ª Asamblea General de la ONU

Durante su intervención en la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la ministra de Relaciones Exteriores, Alexandra Hill Tinoco, centró parte fundamental de su discurso en la defensa irrestricta de la soberanía de El Salvador y en la capacidad de la nación para trazar su propio rumbo.

Ante la comunidad internacional, la funcionaria fue enfática al señalar que las decisiones del país recaen únicamente sobre los salvadoreños, destacando los altos costos históricos que requirió recuperar dicha autonomía.

“Nuestra soberanía no se negocia. Nuestra soberanía no se toca”, afirmó la canciller, agregando que el Estado salvadoreño está plenamente decidido a defenderla porque recuperar este derecho ha costado «demasiada sangre».

En la parte final de su alocución, la titular de la diplomacia salvadoreña resumió en cuatro puntos clave el mensaje que el país busca proyectar ante el mundo como un ejemplo de superación y cambio estructural:

  1. Las naciones no están condenadas a repetir su pasado: La superación de crisis históricas es posible mediante la voluntad política y el liderazgo firme.
  2. Los problemas imposibles tienen solución: Las crisis complejas —como la inseguridad y la violencia crónica— pueden revertirse con estrategias adecuadas y determinación.
  3. El tamaño de un país no determina el tamaño de su responsabilidad: Las naciones pequeñas también pueden asumir un rol protagónico y ofrecer soluciones replicables a escala global.
  4. El futuro pertenece a quienes se atreven a transformar con determinación: El porvenir no está reservado para las potencias tradicionales, sino para aquellos gobiernos que actúan con valentía para cambiar sus realidades.

Para cerrar su participación, la canciller Hill Tinoco hizo una invitación a no aceptar como inevitables males globales como la guerra, la pobreza y la violencia, reiterando que El Salvador demuestra «con hechos» que es posible transformar una realidad adversa en un entorno de paz y desarrollo.