Entre Colores y Sombras: ocho años abriendo escenarios para la inclusión en El Salvador

Foto cortesía Entre Colores y Sombras

El arte puede convertirse en una respuesta frente a los prejuicios. Para Melissa Córdova, esa posibilidad tomó forma cuando se convirtió en madre de una niña con síndrome de Down en 2015. Lo que comenzó como una experiencia íntima terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy busca transformar la manera en que El Salvador reconoce el talento y las oportunidades de las personas con discapacidad intelectual.

Así nació Entre Colores y Sombras, una iniciativa artística inclusiva que desde 2018 trabaja con actores, actrices y bailarines con y sin discapacidad intelectual para crear espectáculos originales de teatro y danza. Su primera producción, Tintino, llegó en 2019 a la Gran Sala del Teatro Nacional de San Salvador, marcando el comienzo de un recorrido que ha llevado a la compañía a explorar temas como la discriminación, los sueños, la prevención del suicidio y las barreras que enfrenta esta población.

«Algo que fue tan personal, tan privado, era como necesario ponerlo en un espacio», recuerda Córdova al explicar el origen del proyecto. Como artista escénica, encontró en su propio oficio una manera de responder a las inquietudes que surgieron con la maternidad y de llevarlas a una conversación colectiva.

«Creo que el arte es un mecanismo de visibilización, un mecanismo de posicionamiento, de que nos miren», afirmó.

Esa convicción se convirtió en el punto de partida de un movimiento que no busca únicamente llevar a personas con discapacidad intelectual al escenario, sino reconocerlas como artistas capaces de crear, interpretar y compartir sus propias historias.

La propuesta de Entre Colores y Sombras se distingue por la integración de artistas con y sin discapacidad intelectual en un mismo proceso creativo. Las obras, explica Córdova, son originales tanto en su puesta en escena como en la música y la interpretación.

La intención es que la inclusión forme parte de la práctica artística y no sea únicamente un mensaje expresado desde el escenario. Cada producción plantea nuevas posibilidades de colaboración y permite que los intérpretes desarrollen sus capacidades en un entorno de trabajo colectivo.

Después de Tintino, la compañía continuó ampliando su repertorio. En 2021 realizó una coproducción con una compañía de Costa Rica, experiencia que llevó su trabajo más allá de las fronteras salvadoreñas.

Un año después presentó Serenas, una obra que aborda la prevención del suicidio y el abuso, temas que requieren espacios de reflexión y sensibilización. Posteriormente llegó La maleta de los sueños, un collage musical en el que los artistas comparten sus aspiraciones y expresan qué desean para sus vidas adultas.

La obra pone en el centro una dimensión que atraviesa el trabajo de la fundación: las personas con discapacidad intelectual también tienen sueños, intereses, proyectos y decisiones propias. Escucharlas y reconocer sus aspiraciones es parte del camino hacia una inclusión que trascienda el discurso.

De una iniciativa artística a una fundación

Con el paso de los años, la iniciativa inclusiva amplió sus objetivos. En 2025 se convirtió en fundación, una transformación que, según Córdova, representa un paso importante para llegar a más personas y territorios.

Actualmente, la organización trabaja en tres áreas principales. La primera es la compañía artística, considerada el corazón del proyecto; la segunda comprende los programas sociales para la vida, entre ellos AVISO, orientado a jóvenes y al desarrollo de habilidades relacionadas con la independencia; y la tercera es la apuesta por nuevos espacios culturales.

En esta última línea se encuentra Sala de Teatro Reservas, concebida como un espacio experiencial para que artistas puedan presentar sus propuestas y encontrarse con el público.

La expansión hacia estos programas refleja que la inclusión cultural requiere más que una presentación ocasional. También necesita formación, acompañamiento y espacios en los que las personas puedan desarrollar sus habilidades y participar activamente en la sociedad.

Oportunidades para crecer y desarrollarse

A ocho años de su nacimiento, Entre Colores y Sombras ha construido una trayectoria que conecta la creación artística con el trabajo social. Sus producciones abordan temas sensibles, exploran distintas disciplinas escénicas y buscan generar encuentros entre artistas con diferentes capacidades.

Para Córdova, uno de los principales desafíos sigue siendo ampliar las oportunidades disponibles para las personas con discapacidad intelectual. La formación, la participación cultural y el desarrollo de habilidades para la vida son parte de un proceso que necesita continuidad y compromiso.

«Ellos necesitan oportunidades para crecer y desarrollarse», señala.

La frase resume el propósito que dio origen a la iniciativa y que hoy orienta su trabajo como fundación. No se trata solamente de ofrecer un lugar en el escenario, sino de contribuir a que las personas con discapacidad intelectual puedan desarrollar sus capacidades, expresar sus aspiraciones y construir sus propios proyectos de vida.

En cada obra, Entre Colores y Sombras propone una manera distinta de mirar la discapacidad: no desde las limitaciones que la sociedad suele atribuirle, sino desde el talento, la creatividad y las oportunidades que todavía hacen falta.

El movimiento que comenzó con una experiencia personal continúa así su recorrido por la cultura salvadoreña, con la apuesta de que el arte no sea un espacio reservado para unos pocos, sino un escenario abierto a la diversidad y al derecho de todas las personas a crear, participar y ser reconocidas.