Por Bayron Romero Corresponsal Internacional
Lo que comenzó en 2023 como un proyecto juvenil en Tejutepeque terminó llevando a 40 integrantes de la Banda Musical de Tejutepeque hasta Toronto, Canadá. En el camino enfrentaron retrasos en las visas, la pérdida del patrocinador que inicialmente cubriría el viaje y enormes esfuerzos económicos de sus familias. Pero el sueño no se detuvo: la música salvadoreña llegó a las calles de Toronto.
La historia de la Banda Musical de Tejutepeque no comenzó en Toronto ni en un aeropuerto. Comenzó en 2023, en el municipio de Tejutepeque, cuando un grupo de jóvenes encontró en la música una oportunidad para aprender, convivir, crecer y representar con orgullo a su comunidad.
El proyecto tomó forma gracias al trabajo de la Asociación Juvenil de Tejutepeque (ASJUVENT) y al esfuerzo de personas que creyeron desde el principio en el potencial de los jóvenes. Entre ellas destacan Dennys Estrada, presidente de ASJUVENT; Heber Lara, fundador de la Banda Musical de Tejutepeque; Eriberto Aragón, director general de la banda y fundador de ASJUVENT; Noé Ramírez, director musical de la Banda Musical de Tejutepeque; y Cindy Alas, directora de la Casa de la Cultura Salvadoreña en Canadá, quienes desempeñaron papeles importantes para que el proyecto pudiera avanzar hasta convertirse en una experiencia internacional.
Desde sus primeros días, la agrupación se convirtió en un espacio de formación y convivencia. Los jóvenes comenzaron a prepararse musicalmente mientras construían, casi sin saberlo, un sueño que terminaría llevándolos mucho más lejos de lo que alguna vez imaginaron.



El sueño de llegar a Canadá
La posibilidad de participar en un desfile latino en Toronto comenzó a tomar forma en marzo de 2025.
Para los integrantes de la banda, la invitación representaba una oportunidad extraordinaria: viajar al extranjero, compartir su talento y llevar el nombre de El Salvador ante una audiencia internacional.
En un primer momento, el panorama parecía estar asegurado. Existía un patrocinador dispuesto a asumir los principales gastos de la delegación, incluyendo vuelos, alojamiento, alimentación y traslados durante la estadía en Toronto.
Ensayos, organización, documentación y planificación se convirtieron en parte de la rutina de los jóvenes. El viaje parecía encaminado y la ilusión crecía con cada día. Pero entonces comenzaron los problemas.
El proceso para obtener las visas canadienses sufrió retrasos. Después de meses de preparación, los integrantes de la banda todavía no contaban con la autorización necesaria para viajar.
Para los jóvenes, que habían dedicado tiempo y esfuerzo a prepararse para representar a El Salvador, la posibilidad de que el viaje no pudiera realizarse significaba una enorme decepción.
Cuando todo parecía complicarse, apareció una nueva esperanza.



A través de gestiones realizadas desde Canadá, entre ellas la intervención de una senadora canadiense que manifestó su intención de ayudar con el proceso, el panorama comenzó a cambiar.
Días después llegó una noticia que volvió a encender la ilusión: 37 visas habían sido aprobadas.
Sin embargo, todavía faltaban varios menores de edad, cuyos procesos requerían documentación adicional. Después de completar los requisitos correspondientes, comenzaron a llegar nuevas aprobaciones. Finalmente, 57 integrantes obtuvieron sus visas canadienses.
Pero obtener la autorización para viajar no significaba que los 57 pudieran finalmente formar parte de la delegación que viajaría a Toronto. Cuando parecía que el principal obstáculo había sido superado, surgió un nuevo problema.
Las visas fueron aprobadas demasiado tarde para mantener las condiciones establecidas con el patrocinador original. El apoyo económico estaba sujeto a una planificación que debía realizarse con varios meses de anticipación.
Ante el retraso, el patrocinador decidió retirarse. La noticia representó un golpe para el proyecto.
El respaldo económico que inicialmente cubriría los gastos de la delegación ya no estaba disponible. Ahora los propios integrantes y sus familias tendrían que buscar la manera de financiar el viaje. Fue entonces cuando la banda tuvo que decidir si continuar o renunciar al sueño.
Al principio, solamente 10 músicos estuvieron dispuestos a asumir el reto. Diez jóvenes decidieron que, aunque las condiciones habían cambiado completamente, todavía valía la pena intentarlo.
Poco a poco, más integrantes se sumaron al esfuerzo y comenzó una carrera contra el tiempo para reunir el dinero necesario.



El esfuerzo de las familias
La obtención de los fondos se convirtió en una tarea colectiva. Integrantes, padres de familia, amigos y personas cercanas a la banda participaron en diferentes actividades de recaudación. Hubo ventas de camisas y souvenirs, actividades gastronómicas, bailes, rifas y otras iniciativas destinadas a reunir recursos para los boletos y los gastos del viaje.
El costo del vuelo rondaba los 850 dólares por pasajero, una cantidad considerable para muchas de las familias involucradas. Cada dólar reunido representaba un paso más hacia Toronto.
El viaje que inicialmente había sido concebido con patrocinio terminó dependiendo, en buena medida, del esfuerzo económico de los propios integrantes y sus familias.
El sueño ya no dependía de un patrocinador. Dependía de la voluntad de quienes habían decidido no abandonarlo. En este proceso también fue fundamental el acompañamiento de quienes estuvieron al frente de la organización y de la formación musical de los jóvenes.
Dennys Estrada, presidente de ASJUVENT, tuvo un papel destacado en el respaldo y la coordinación del proyecto juvenil. Desde la organización se impulsó el trabajo necesario para que los jóvenes pudieran avanzar desde los primeros pasos de la banda hasta una experiencia internacional que parecía cada vez más difícil de concretar.
También estuvo Heber Lara, fundador de la Banda Musical de Tejutepeque, quien formó parte de los primeros esfuerzos para hacer realidad el proyecto musical y brindar a los jóvenes un espacio donde pudieran desarrollar sus capacidades y representar a su comunidad.
Eriberto Aragón, director general de la Banda Musical de Tejutepeque y fundador de ASJUVENT, acompañó el crecimiento de la agrupación desde sus inicios. Su trabajo estuvo ligado al desarrollo del proyecto juvenil, la organización y el acompañamiento de los integrantes durante el proceso que llevó a la banda desde Tejutepeque hasta Canadá.
En la parte musical, Noé Ramírez, director musical de la Banda Musical de Tejutepeque, tuvo la responsabilidad de dirigir la preparación artística de la agrupación. Su trabajo fue fundamental para que los jóvenes llegaran a Toronto preparados para representar musicalmente a Tejutepeque y a El Salvador.
Desde Canadá, Cindy Alas, directora de la Casa de la Cultura Salvadoreña en Canadá, también desempeñó un papel importante en este proceso, acompañando desde Toronto las gestiones y el desarrollo de la visita.






El proyecto, por tanto, no fue resultado del esfuerzo de una sola persona.
Fue la suma de voluntades de fundadores, dirigentes, músicos, familias y personas que creyeron que aquellos jóvenes podían llevar la música de Tejutepeque más allá de las fronteras.
De 57 visas aprobadas a 40 viajeros
Después de meses de trámites, gestiones y actividades para recaudar fondos, finalmente llegó el momento de viajar.
Aunque 57 personas obtuvieron la aprobación de sus visas, las condiciones económicas y otros factores hicieron que no todos pudieran realizar el viaje.
Finalmente, fueron 40 integrantes de la Banda Musical de Tejutepeque quienes viajaron a Canadá.
El dato es importante porque representa la diferencia entre quienes lograron obtener la autorización migratoria y quienes finalmente pudieron concretar el viaje.
El 24 de septiembre de 2026, los integrantes comenzaron a desplazarse hacia Toronto en diferentes grupos.
Después de meses de incertidumbre, trámites, recaudaciones y sacrificios familiares, el momento esperado finalmente había llegado.
Ya estaban en Canadá.
La música salvadoreña frente a las cataratas del Niágara
Una de las primeras experiencias de los jóvenes fue visitar las cataratas del Niágara, uno de los lugares turísticos más emblemáticos de Canadá.
Allí, la música salvadoreña volvió a convertirse en protagonista.
Con sus instrumentos y al ritmo de la música latina, los jóvenes compartieron su talento con los visitantes y contagiaron de alegría a quienes se encontraban en el lugar.
Pero la razón principal del viaje todavía estaba por llegar.
Tejutepeque desfila en Toronto
Los días 25 y 26 de septiembre estuvieron marcados por las principales actividades relacionadas con la visita.
El momento más esperado llegó con el desfile latino en Toronto.
Por primera vez, la Banda Musical de Tejutepeque representó a El Salvador en este evento, llevando el nombre de su municipio y del país a las calles de la ciudad canadiense.
La agrupación recorrió aproximadamente seis kilómetros, atravesando algunas de las principales calles de Toronto.
Para los jóvenes, cada paso tenía un significado especial.
No solamente estaban desfilando.
Estaban representando a sus familias, a Tejutepeque y a El Salvador.
Detrás de cada instrumento había meses de preparación.
Detrás de cada uniforme había actividades de recaudación.
Y detrás de cada sonrisa estaban las dificultades que tuvieron que superar para llegar hasta Canadá.
Para quienes observaban el desfile, podía parecer simplemente una presentación musical.
Para los integrantes, era la culminación de un sueño que muchas veces estuvo a punto de desaparecer.
Cindy Alas: un encuentro que trascendió la música
La experiencia también tuvo un significado especial para Cindy Alas Torres, directora de la Casa de la Cultura Salvadoreña en Canadá.
Alas estuvo vinculada al proyecto desde Toronto y siguió con ilusión el proceso que finalmente permitió la llegada de los jóvenes.
Después de meses de gestiones y de conocer finalmente en persona a los integrantes de la banda, pudo compartir con ellos durante su estadía.
Alas dedicó posteriormente un emotivo mensaje a la agrupación, en el que agradeció a los jóvenes por haber llevado alegría, frescura y espontaneidad a su vida.
También destacó el vínculo humano que se construyó alrededor del proyecto y expresó el cariño que le dejó la experiencia.
En uno de los momentos más emotivos de su mensaje, expresó:
“Gracias por sanar y traer paz y plenitud a mi corazón”.
Sus palabras reflejaron que la visita había trascendido la presentación musical.
Para ella, había significado un encuentro humano con jóvenes con quienes había compartido durante meses el sueño de hacer posible su llegada a Canadá.
Alas también destacó el esfuerzo de los integrantes y el compromiso demostrado para representar a El Salvador.
Una historia construida entre muchos
La Banda Musical de Tejutepeque no llegó a Toronto porque el camino haya sido sencillo.
Llegó después de enfrentar retrasos en las visas, cambios inesperados, la pérdida de un patrocinador y una enorme presión económica.
De las 57 visas aprobadas, solamente 40 integrantes pudieron finalmente viajar.
Cada uno de ellos llegó después de un proceso que involucró a sus familias y a muchas personas que colaboraron de diferentes maneras.
Hubo quienes participaron en actividades de recaudación.
Quienes compraron una camisa. Quienes compraron comida o souvenirs. Quienes participaron en una rifa. Quienes hicieron una contribución económica. Y quienes simplemente creyeron que aquellos jóvenes podían conseguirlo.
El proyecto también contó con el trabajo y acompañamiento de Dennys Estrada, desde la presidencia de ASJUVENT; Heber Lara, como fundador de la Banda Musical de Tejutepeque; Eriberto Aragón, desde la dirección general de la banda y el impulso inicial de ASJUVENT; Noé Ramírez, desde la dirección musical; y Cindy Alas, desde Canadá, acompañando el proceso y recibiendo a los jóvenes a su llegada.
Cada uno, desde su espacio, formó parte de una historia que terminó mucho más lejos de donde comenzó. La historia de la Banda Musical de Tejutepeque es, en esencia, la historia de una juventud que encontró en la música una forma de representar a su comunidad. Una banda que nació en 2023 y que apenas unos años después consiguió cruzar las fronteras de El Salvador.
Una banda que comenzó preparando sus instrumentos en Tejutepeque y terminó haciéndolos sonar en las calles de Toronto. Una banda que descubrió que detrás de un viaje internacional no solamente hay boletos de avión y maletas, sino también sacrificios, incertidumbre, trabajo familiar y voluntad.
Durante su recorrido por Toronto, aquellos 40 jóvenes llevaron consigo algo que no cabía en ninguna maleta: el orgullo de ser salvadoreños.
Mientras sus instrumentos resonaban por las calles de la ciudad canadiense, también resonaba la historia de un grupo de jóvenes que decidió continuar a pesar de los obstáculos.
El viaje terminó, pero queda una experiencia que difícilmente olvidarán: haber representado a su país, haber llevado el nombre de Tejutepeque hasta Toronto y haber demostrado que un proyecto juvenil nacido en un pequeño municipio salvadoreño puede encontrar escenarios más allá de sus fronteras.
La Banda Musical de Tejutepeque no solamente realizó un viaje. Llevó un pedazo de El Salvador hasta Canadá. Desde Tejutepeque hasta Toronto, el sueño finalmente se hizo realidad.








