La Calabiuza llena de leyendas las calles de Tonacatepeque

Foto cortesía Alcaldía de San Salvador Este

Cientos de salvadoreños participaron este domingo 1 de noviembre en el tradicional Festival de la Calabiuza, en Tonacatepeque, donde personajes de la mitología salvadoreña recorrieron las calles del distrito como parte de una de las celebraciones culturales más esperadas de la víspera del Día de los Fieles Difuntos.

La Siguanaba, el Cipitío, el Cadejo, la Llorona, el Padre sin Cabeza y la tradicional Carreta Chillona fueron algunos de los protagonistas de la jornada, en la que grupos de niños, jóvenes y adultos dieron vida a las leyendas populares mediante disfraces, máscaras y representaciones.

La actividad, que se desarrolla cada 1 de noviembre, congregó a habitantes y visitantes que llegaron para presenciar el desfile, acompañado de antorchas y otras expresiones artísticas que mantienen viva la tradición oral salvadoreña.

Uno de los elementos característicos de la celebración es el ayote en miel, un dulce preparado con calabaza, dulce de panela y canela, que forma parte de una antigua costumbre de los habitantes de Tonacatepeque.

De acuerdo con relatos de los pobladores recogidos por la agencia EFE, los antepasados recorrían las viviendas para pedir ayote en miel mientras repetían el estribillo: «Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo ayote para nuestro camino iluminado».

La tradición era conocida anteriormente como el festival de San Caralampio y estaba vinculada a las prácticas comunitarias de la víspera del Día de los Difuntos. Con el paso del tiempo, esta costumbre evolucionó hasta convertirse en el Festival de la Calabiuza, que desde 1992 se celebra bajo esa denominación.

Una tradición con raíces comunitarias

Los antecedentes de la Calabiuza se remontan a las costumbres de las comunidades de Tonacatepeque. Según explicó Jaime Rivera, subdirector del distrito, en declaraciones recogidas por La Prensa Gráfica, sus orígenes se sitúan alrededor de 1934, cuando los habitantes realizaban recorridos para solicitar ayote en miel.

En aquella época, los niños también utilizaban calaveras elaboradas con morro, a las que colocaban pequeñas velas para iluminar sus recorridos por los barrios.

La celebración atravesó una interrupción durante los años del conflicto armado salvadoreño, pero fue retomada por jóvenes de la localidad después de los Acuerdos de Paz de 1992. Posteriormente, en 1995, la municipalidad comenzó a respaldar oficialmente la actividad, que fue incorporando nuevos elementos culturales y organizativos.

Con el paso de los años, la festividad ha ganado popularidad y se ha convertido en un referente de la identidad cultural de Tonacatepeque, conocido también como la capital de la mitología salvadoreña.

Las leyendas como parte de la identidad

Más allá de los disfraces y las representaciones, la Calabiuza busca transmitir a las nuevas generaciones las historias que forman parte del imaginario popular salvadoreño.

Para esta edición 2026, los grupos participantes trabajaron durante varios meses en la elaboración de carretas, vestuarios y figuras inspiradas en los personajes mitológicos. La Prensa Gráfica reportó la participación de ocho grupos juveniles e infantiles en los preparativos de la festividad.

La celebración también incluyó actividades gastronómicas, emprendimientos, artesanías y presentaciones culturales, que complementaron el recorrido principal.

De esta manera, Tonacatepeque volvió a convertir sus calles en escenario de una tradición que reúne memoria, gastronomía, leyendas y participación comunitaria, como antesala de la conmemoración del Día de los Fieles Difuntos, cada 2 de noviembre.