Un “Chino“ salvadoreño en Canadá

Por: Lenny Castro

Nelson Edgardo Ramírez García –“El Chino” para sus amigos– nació y creció en una de las colonias más humildes de Soyapango.

Desde allí partió en 2011 rumbo a Canadá únicamente con una maleta, muchas bendiciones de parte de sus padres, el recuerdo de los besos de una hija pequeña, consejos de sus amigos de infancia y sus sueños de una vida mejor.

Atrás, como una quimera quedaba el objetivo de ser Ingeniero Industrial y al frente se vislumbraba una nueva meta, llenar de orgullo a su familia con su decisión y llevar el pan a la mesa para su retoño.

La historia del Chino, representa la de muchos connacionales, quienes han visto en la migración una oportunidad para labrarse un futuro digno.

Todos los caminos llevan a

Después de haber finalizado su bachillerato en el Instituto Santa Lucia, Nelson quería ser un Ingeniero Industrial, fue por ello que comenzó dicha carrera en la Universidad Tecnológica; sin embargo, después de cierto tiempo, un trabajo a tiempo completo, una bebé y un par de ciclos cursando la carrera se dio cuenta que no podía seguir costeándosela.

O ganaba para llevar el pan a la mesa o para pagar su carrera. Fue así como tomó la decisión de aplazar sus sueños …  “Cuando nació mi primera hija la situación económica no era favorable para que yo pudiera seguir estudiando, yo trabajaba en una maquila de ropa”. Mencionó.

Nelson ganaba para entonces $300 al mes, a este sueldo había que restarle los descuentos de ley, a la hora de llenar las necesidades básicas de su hogar ese dinero era insuficiente; a pesar de ello cada día agradecía a Dios poder contar con un trabajo.

Pero su suerte, así como la de un buen grupo de compañeros, incluyendo a su hermano que trabajaba en el mismo lugar, cambió abruptamente cuando en el lugar decidieron hacer un recorte de personal y todos pasaron a ser desempleados.

Fue así y en la rebusca desesperada que alguien les contó que en el Ministerio de Trabajo publicaban ofertas laborales, sin demora y siempre en compañía de su hermano fueron a las oficinas de dicha institución y fue ahí donde por primera vez vio una pequeña luz para su situación.

“Por gracia de Dios, ahí había una publicación donde solicitaban personas para laborar de forma temporal en el extranjero, preguntamos y resultó que era para Canadá… Al día siguiente fuimos a dejar lo que necesitaban y nos hicieron la entrevista”. Recordó.

Sin miedo y sin paracaídas, Nelson decidió entrar al proceso de selección, él sabía que lo peor que podía pasar es que le dijeran que no; así que decidió arriesgarse y buscar una respuesta positiva. Uno de los requisitos era que los aplicantes estuvieran dispuestos a dejar su país (y su familia) por un periodo de dos años como mínimo.

Había también otros requisitos, como el manejo del inglés básico, exámenes médicos, ausencia de antecedentes penales y -su mejor carta- experiencia previa en maquila en el área de producción; también necesitaban que las personas interesadas estuvieran acostumbradas a manejar o levantar cargas de entre 30 ó 50 libras, etc.

“El sueldo inicial era entre 10 y 11 dólares la hora… y te daban todas las condiciones: alojamiento, transporte. Nosotros no teníamos que dar nada de dinero, todo era por cuenta de la empresa que estaba contratando y el Ministerio de Trabajo”. Explicó.

El proceso fue más largo de lo que esperaba y durante este siguió buscando otras oportunidades y encontró otro trabajo, pero nunca desistió.

La crisis

Nelson contó que al venir del seno de una familia humilde y de escasos recursos el hecho de poder viajar en avión y conocer otro país era un gran sueño para él y al principio eso era parte de la motivación, la cual nunca descendió durante todo el proceso.

Era el 2009 cuando creyó que partiría, empero el desenlace de su éxodo aún estaba lejos de llegar debido a la crisis económica, la cual se había originado en Estados Unidos un año antes, y que para entonces hacia sentir sus efectos en todo el mundo. La industria canadiense no fue la excepción.

“Vinieron de Canadá a entrevistarnos, me dijeron que me iba e inclusive nos hicieron una despedida en el ministerio…pero se dio el problema de la crisis y la empresa paró, y ya no me pude ir en ese año”. Señaló

Decepcionado, desmoralizado, con el tiempo en su contra y nuevamente con las manos vacías, porque había renunciado al trabajo, le tocó pasar el mal trago y comenzar de nuevo la búsqueda.

En esta nueva carrera y después de un largo periodo logró comenzar otra vez en un almacén de muebles y electrodomésticos. Así transcurrieron casi dos años cuando de nuevo en 2011 recibió una llamada inesperada del ministerio, diciéndole que los canadienses estaban interesados nuevamente en contratar gente de El Salvador y preguntándole si estaba en la disposición de someterse por segunda vez al proceso.

Sin dudarlo dijo si, pero en esta ocasión fue más precavido y no se lanzó de cabeza. No dejó su trabajo hasta que ya tenia el boleto en sus manos.

Recuerda que fue un proceso largo, pero que al final vio recompensado su tiempo y esfuerzo en septiembre de 2011, cuando dejó el país para dirigirse a la ciudad de Lethbridge en la provincia de Alberta, Canadá.

No es lo mismo verla venir que tenerla enfrente”

Con boleto en mano, Nelson vivió sentimientos encontrados antes de partir, la despedida no fue fácil, el choque entre lo soñado y la realidad fue un impacto duro; despedirse de sus padres y sobre todo de su pequeña para aventurarse a lo desconocido fue una de las decisiones más difíciles de su vida.

La empresa, que se llevó al Chino y a varios grupos de salvadoreños antes y después que él a Canadá, fue la multinacional Maple Leaf Foods. Él partió con 19 personas más y allá tuvieron todas las condiciones necesarias para viajar y vivir cómodamente: un guía, casa, comida y transporte. Según Nelson todo era óptimo, lo que convierte a dicha compañía en una de las mejores para laborar.

Sin embargo, otro tema ha sido la añoranza por su tierra. La cual se impone en muchas ocasiones a la lógica y es aquí donde cualquier persona lejos de su hogar tiene que demostrar de qué está hecho y ser fuerte.

Lo que lo mantuvo siempre en pie, en las pruebas más duras, fue su familia y sobre todo su hija. Contó que los primeros meses fueron extenuantes, no solo por el trabajo físico y repetitivo, también por la soledad y el clima. En los momentos de reflexión después de esas jornadas agotadoras y con dolor físico en ocasiones llegó a preguntarse, qué estaba haciendo allí.

Después ponía en contexto su vida y recordaba las razones que lo pusieron rumbo a Canadá y se obligaba a recargar fuerzas.

“Uno ya no solo piensa en su bienestar, sino también en el de los hijos, como padres quieres darles una mejor vida y no deseas que experimenten las limitantes que uno vivió”. Resaltó, para posteriormente enfatizar que las dudas iniciales desaparecieron inmediatamente.

Entre capacitaciones constantes sobre los procesos de producción y calidad de la empresa, así como las clases para mejorar el inglés, cualquier incertidumbre se fue evaporando. Sin mencionar la compensación económica.

Nueva vida

Después de 6 años en el exterior la vida de Nelson ha cambiado mucho, encontró nuevamente el amor y tiene otra hija fruto de su actual relación, es bilingüe (lo cual quizá ha sido uno de los retos más difíciles de vencer desde su punto de vista), ha tenido que acostumbrarse a un ambiente multicultural y diferentes acentos. Ha logrado alcanzar estabilidad laboral y económica.

Además, desde marzo de 2015, ya es residente canadiense y aspira a seguir creciendo dentro de la empresa. Mucho camino ha recorrido este Chino salvadoreño, desde que inició su viaje; no obstante, él sabe que algo que no puede olvidar son sus raíces y mantenerse humilde.

Cada uno de los obstáculos que le ha tocado vencer han sido enfrentados con eso, con humildad y mucha fuerza de voluntad.

Siempre que vuelve a El Salvador de visita recarga su corazón de amor familiar. Para él su familia, tanto la de allá como la de acá, es invaluable. El apoyo de ellos ha sido clave en todo momento para salir adelante.

En alguna ocasión, a pesar que el objetivo era otro, cuando la situación se ponía dura en los inicios tuvieron que apoyarlo con dinero, sin importar los sacrificios que esto implicara.

Como cuando se le venció su permiso de trabajo y tuvo que estar un tiempo sin laborar a la espera de la regularización de su situación. Allí no faltó el soporte incondicional de los padres y de su pareja allá.

O cuando viene a El Salvador, siempre están cuidándolo debido a que la zona donde viven ha cambiado mucho por el tema de la violencia de pandillas, nunca lo dejan solo y no faltan las recomendaciones para salvaguardar su integridad física.

“Ellos siempre (su familia) me han apoyado, mi mamá siempre está orando por mí. Siempre que he necesitado algo nunca han dudado en apoyarme”. Aseguró

La morada

Recuerda que la primera vez que regresó al país fue 3 años después de su partida, recién le habían renovado su permiso de trabajo y ha sido uno de los momentos más satisfactorios de su vida.

Otros momentos agradables y de gran importancia han sido cuando fue con su hija y esposa a visitar El Salvador y con la sencillez que lo caracteriza, también nos contó que recién cumplió otro sueño, llevar a sus progenitores de visita a Canadá y poder mostrarles las bellezas de ese país.

“Como les conté uno de mis sueños era viajar, pero quería lo mismo para mis papás, no podía ser egoísta y por fin el año pasado puede traerlos por un par de meses, ellos muy contentos, fuimos a conocer lugares a los que ni yo había ido de visita…”. recordó muy orgulloso.

La forma de pensar de Nelson, en cuanto al cuidado de los recursos de un país, ha cambiado radicalmente y eso es fruto de la influencia de su nuevo hogar, el amor por el entorno por parte de los ciudadanos canadienses para mantener su país en las mejores condiciones, el respeto y amabilidad al prójimo que profesan es algo que cambia las perspectivas.

A pesar del tiempo y sin alterar su esencia de salvadoreño, nos contó todo lo que extraña del país y una de esas cosas es su fruta favorita “las anonas”. Sueña con comer una. Es tanta la necesidad de disfrutar los manjares nacionales que ha tenido que aprender a cocinarlos y es que para él un salvadoreño puede vivir en otro entorno siempre y cuando tenga el pan adecuado en la mesa.

Ni un paso atrás

El Chino, ya no se ve viviendo en un futuro en El Salvador, dice que mientras tenga energía para seguir trabajando estará allá procurándoles un futuro mejor a sus hijas. Se ve en el reflejo de los que regresaron.

Ante él, se han abierto otras puertas y la oportunidad de vivir nuevos sueños y concluir metas como la de seguir aprendiendo del idioma y escalar posiciones dentro de la empresa, tecnificándose en el campo industrial.

“Donde trabajo es un muy buen lugar y tengo la oportunidad de continuar estudiando y seguir subiendo de posiciones, todo depende de uno mismo, si se tiene la voluntad de prepararse y no quedarse estancado… la empresa te apoya”. Concluyó.

Nelson Edgardo Ramírez García, “el Chino”, decidió cambiar el destino que le había tocado vivir, no se resignó nunca al fracaso y ha peleado cada una de sus batallas usando las armas que la vida le dio y usando como incentivo las que le fueron negadas.

 

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