España recobra el pulso con un triunfo de prestigio

Agencias

España, sin que tampoco se deba perder la perspectiva ni sacar el champán de la nevera, está de enhorabuena, feliz porque al menos ha recobrado el pulso después de estar clínicamente muerta al término del bochornoso Mundial y satisfecha porque con Luis Enrique en la pizarra se intuye otra cosa.

Con muy poco, así van las cosas en el fútbol, la gente se sube al tren de la selección y sería justo concederle un margen para compensar los estrépitos del pasado, que todavía duelen porque no hace ni dos meses y medio de lo de Rusia. Es pronto para adivinar por dónde lleva este camino, pero no está nada mal, para empezar, un triunfo en el majestuoso Wembley, victoria para reanimar a la tropa y para ponerse por delante en la recién estrenada Liga de las Naciones. Bien por España, bien por Luis Enrique.

Por partes. La revolución del técnico asturiano no es tal si se atiende al once que plantó en el templo, pues del equipo titular únicamente Marcos Alonso no estuvo en el Mundial. Sí que es cierto que utilizó las piezas con otras intenciones y la diferencia principal está en Saúl, que no disputó ni un minuto por entonces y que en adelante se antoja fundamental en este esquema.

Se vació de punta a punta, marcó un gol nada más recibir España el zarpazo de Rashford y tuvo el mismo peso en defensa al desbaratar un tanto cantado de los locales. Es un futbolista total y, ante la frialdad de los talentosos como Thiago o Isco, fue el mejor de un equipo que le va a necesitar muchísimo. Luis Enrique ya tiene a su espartano.

Otra novedad es que De Gea, noticia casi de portada, no se ha olvidado de las funciones básicas de un portero e hizo dos paradones para maquillar una estadística lamentable que le recordaba que cualquier disparo entre los tres palos era gol. En Rusia solo tuvo una intervención de mérito y anoche, en Wembley, fue superado en el primer remate británico. Llegó a los diez minutos en una buena contra que pilló a la selección totalmente descolocada y que resolvió Rashford al primer toque, un pellizco que sirvió para despertar. Con todo, también cabe resaltar la apuesta de Luis Enrique con De Gea. Fin del debate, al menos de momento.

Lo mejor de España fueron las ganas con las que se levantó del tortazo, vuelve a brotar la sangre. Se abrazaba todavía Wembley cuando entre Carvajal y Rodrigo cocinaron una jugada notable por la derecha que acabó con la pelota en Saúl, que aporta llegada desde atrás y remate.

Su acierto espoleó a la selección y se gustó hasta el descanso, cuidando el balón como acostumbra y descubriendo las vergüenzas de Inglaterra, de quien cuesta creer que llegara a las semifinales del Mundial teniendo tan y tan poco. Su centro del campo es inexistente y vive del balón parado, así ha sido toda la vida y en eso no engañan a nadie.

Hubo movimiento, cierto nervio, ganas de correr. El pase horizontal no se pierde, pero Luis Enrique pide una ruta más directa hacia el área y España subió las líneas, imperativa la presión y el sacrificio. Jamás volverá el talento de los Silva o Iniesta, pero a cambio se gana en intensidad, que, aunque no es lo mismo, vale tal y como están las cosas y el fútbol de ahora. Nuevos conceptos para volver a ganar.

Con alguna que otra desconexión, el combinado nacional jugó a sus anchas en Wembley, recinto pata negra, pero cuyas gradas, con asientos comodísimos y con todo tipo de lujos para los seguidores (81.392 ayer), no intimidan ni la mitad de lo que se le presupone a un campo inglés. El caso es que España, en ese dominio abrumador, encontró su recompensa en una jugada de estrategia, paradojas de la vida.

Thiago lanzó una falta lateral y empujó Rodrigo, conexión brasileña entre dos amigos íntimos. Por cierto, Saúl estaba en fuera de juego evidente y molestaba a Pickford, pero en la Liga de las Naciones, por muy nuevo que sea este torneo, no hay VAR para ayudar al árbitro, aunque tampoco hubo protestas.

Se fue apagando la velada y perdió fuerza en la reanudación, difícil de digerir el segundo acto. Básicamente porque Inglaterra fue a menos, que ya es decir, y a España le bastó con mantener la compostura y anestesiar a su enemigo con un rondo sin fin. Thiago pudo hacer el tercero con un remate desde la frontal que se fue por arriba y a partir de ese instante el encuentro se adentró en un tedio insulso y aburrido hasta que a los británicos les movió el orgullo en el último cuarto de hora.

En ese epílogo volvió a aparecer De Gea, salvador esta vez con una notable parada a tiro de Rashford. Su mérito fue mantenerse en pie y desviar el disparo, potente y seco, resucitado y por fin decisivo en un partido de la selección. Fue igual de meritoria la sensacional mano que soltó en el primer tiempo, justo después del gol de Rodrigo, para anular un gran cabezazo también de Rashford.

Con un portero que pare todo es más fácil para España, aprobada en general pese a que le sobró el agobio del final y a la que le salvó el árbitro al anular rigurosamente un tanto de Welbeck en el 97 por molestar precisamente al guardameta en su área pequeña.

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