Barça, con un pie en la final de la Champions

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El Barça tiene a tiro la final de la Champions. Lo tiene casi, casi hecho tras golear al Liverpool en un partido atípico en el que fueron los ingleses los que dominaron y tuvieron las mejores ocasiones pero que el mayor acierto culé, su mayor pegada, el superior talento de sus delanteros, hizo que la semifinal quede casi decantada para los azulgrana.

Los de Klopp mostraron desde el principio sus intenciones. Querían el balón, querían hacer goles y para ello iban a presionar arriba y mostrarse como un equipo valiente. La primera mitad pareció un duelo entre Messi y Salah, cada vez que los dos talentosos zurdos cogían el balón, temblaba la defensa rival.

Pero el gol no tendría protagonismo de ninguno de los dos, sino de otro zurdo. Jordi Alba avanzó por su carril, se sacó un pase magistral para Luis Suárez y el uruguayo, que le ganó la espalda a la zaga culé, tocó lo justo para marcar.

La respuesta del Liverpool no se hizo esperar, y esta vez el que ganó la partida a sus rivales fue Sadio Mané. Sin embargo, el senegalés, solo ante Ter Stegen, falló el disparo. Yesa fue la diferencia entre ambos equipos.

El segundo asalto fue de pleno color red, que monopolizó el balón ante un Barça irreconocible que se limitó a esperar que llegara un contragolpe para hacer el segundo.

Ter Stegen se convirtió, una vez más, en el hombre clave. Primero le sacó una gran mano a disparo de Milner tras jugada de Salah, y después le sacó otra al egipcio, que lo intentó desde fuera del área.

El Barça lo estaba pasando mal, y nuevamente la tuvo Milner, de nuevo desacertado con un tiro demasiado centrado. La respuesta culé fueron dos contragolpes bien llevados por Messi pero mal finalizados por Vidal, primero, y por Suárez, después.

Y en esto del fútbol, el que perdona, lo paga, más si tiene a Messi enfrente. Una jugada de fortuna en el área del Liverpool hizo que el balón le llegara a Suárez, que estrelló el balón en el larguero. Pero en el rechace, Leo, a placer, hizo el segundo y mandó un mensaje al Camp Nou por sus silbidos a Coutinho minutos antes.

El orgasmo general en el Camp Nou llegaría poco después. Una falta lejana, a unos 20 metros, la cogió Messi para clavarla en toda la escuadra ante la admiración de un Camp Nou entregado.

El Liverpool no se rindió, pero estaba claro que no era su día. En una ocasión clarísima, la zaga culé sacó el balón sobre la línea a disparo de Firmino y después Salah, solo, estrelló el balón en el palo.

El Barça pudo matar la eliminatoria, pero no tuvo acierto en varios contragolpes clarísimos, con mención especial para un fallo clamoroso de Dembélé. Los de Klopp, eso sí, necesitan un milagro en Anfield, el Barça tiene pie y medio en el Wanda.

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