Cuando el coraje se forja bajo fuego y disciplina

“siempre he pensado que para ser mejor, hay que rodearse con los mejores…” Ana Mercedes Cea Cañas

Por Lenny Castro

Ana Mercedes Cea Cañas, es un ícono salvadoreño, que puso fin a la brecha de género existente en una profesión, que hasta hace algunos años era dominada solo por hombres, al convertirse en 2011 en la primera mujer que alcanzó el grado de Cabo del Cuerpo de Bomberos de El Salvador.

Esta mujer de fuego, ha roto una serie de estereotipos y ha exportado su talento y conocimientos a la Academia y Cuerpo de Bomberos de Costa Rica, país donde reside actualmente y desde donde la entrevisté para conocer un poco más de la profesional y la persona que habita bajo el uniforme.

Sin duda, Ana Mercedes ha vivido las palabras sabias de Madre Teresa de Calcuta, que rezan: “El que no vive para servir, no sirve para vivir.” Ya que son parte de su estilo de vida.

Cuando uno la conoce, inmediatamente se da cuenta que es un gran ser humano, una persona sumamente inteligente quien se conserva humilde. En su forma de hablar uno descubre sus enormes deseos de ayudar al prójimo de manera desinteresada.

El tono de su voz, delata que nació para ser líder y con su forma de mirarte te das cuenta que siempre está analizando todo lo que la rodea, evaluando pros y contras.

Su trabajo o mejor dicho la palabra “Bombero” no tendría que tener un género definido, pero si nos adentramos en un diccionario o en un motor de búsqueda, inmediatamente nos damos cuenta que tanto la definición y las imágenes corresponden a hombres; son mínimas las entradas que hacen referencia a que este sea un oficio de mujeres.

De ahí que su rol y el de otras mujeres dentro de dicha profesión es una conquista. Ana Mercedes – o “Anita” como la llaman sus seres queridos – ingresó al cuerpo buscando ayudar a otros. Su carrera profesional o mejor dicho sus carreras (ya que ha cursado más de una) eran opuestas, sin embargo encontraron en dicho oficio una simbiosis, la cual le permitió desarrollar todas sus actitudes y forjar el carácter.

¿Dónde realizaste tus estudios?

En varias universidades; soy amante del estudio. Universidad de El Salvador (Licenciatura en Periodismo), Universidad Cristiana de las Asambleas de Dios (Licenciatura en Teología), Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (Diplomado en Gestión Medioambiental, Higiene y Seguridad Industrial) y Universidad de Costa Rica (Asistente en Emergencias Médicas).

¿Alguna especialidad?

Pues toda mi vida productiva me he dedicado al campo de las emergencias y desastres.

¿Cuál es el área de trabajo que más te gusta? Dios me ha permitido combinar mi formación universitaria con mi trabajo en Bomberos. Trabajo en el área de la docencia y la preparación de documentos como parte del proceso de diseño y desarrollo de programas de entrenamiento.

¿Por qué decidiste migrar y en qué año fue? Y ¿por qué a ese país?

En algún momento de mi carrera en Bomberos de El Salvador empecé con la inquietud de que “debía haber algo más”. Y en 2010, en un evento internacional tuve la oportunidad de conocer al director de la Academia Nacional de Bomberos de Costa Rica, quien me invitó a trabajar con ellos. Esa invitación se concretó cuatro años después.

¿Ha sido duro cómo salvadoreña trabajar en el extranjero?

Sí, principalmente en el ámbito personal. Estar lejos de mi familia ha sido y sigue siendo difícil. Mi padre murió cuando yo ya estaba en Costa Rica y solo volví a El Salvador a enterrarlo. Mi mami está solita, pues sus tres hijos salimos del nido, dos de nosotros estamos en el extranjero. Es complicado.

También fue complejo en términos de trámites laborales. Las leyes costarricenses son protectoras del empleado nacional. Lógico.

¿Cuáles han sido los mayores retos a vencer como salvadoreña en otro país?

Demostrar que se está a la altura de lo que se pide. Costa Rica tiene uno de los mejores, sino el mejor cuerpo de bomberos de la región, en términos de entrenamiento, instalaciones, organización y principalmente de recursos.

Entonces se debe estar a la altura de lo que la institución requiere, sobre todo si se va a ejercer la docencia entre su personal. Ha sido una experiencia interesante, siempre he pensado que para ser mejor, hay que rodearse con los mejores.

¿Tu familia ha apoyado cada paso?

Si, su apoyo ha sido incondicional. Eso y el favor de Dios, han sido los fundamentos en los que descansa mi tranquilidad al estar aquí.

Cuando llegamos a la pregunta de ¿Cómo es un día para vos? Su respuesta detalló que la disciplina y la fe forman una parte primordial de su diario vivir.

Un día común y corriente, comienza en la víspera.

Dejo varias cosas preparadas un día antes: mi desayuno, mi almuerzo, mi uniforme y mi mochila. Vivo sola, y si yo no hago algo, nadie lo hace por mí. Así que voy por mi cuenta. Pero yendo al grano…

La alarma suena a eso de las 04:30 horas, me levanto, me aseo, arreglo la cama y me voy al gimnasio.

De 05:15 a 07:00 horas trabajo en mi cuerpo. Los bomberos no podemos dar el lujo de descuidar algo tan importante como el acondicionamiento físico. Todo este tiempo estoy escuchando la radio: primero alguna prédica para alimentar mi espíritu y luego las noticias de mi país. Vivo en Costa Rica, pero mi corazón está siempre en El Salvador.

A las 07:15 horas estoy en el departamento de nuevo, me baño, me cambio, empaco mi comida y salgo en mi moto para el trabajo, que me queda a unos dos kilómetros.

Entre 08:00 y 16:20 horas (4:00 PM) estoy en la Academia de Bomberos. Allí desarrollo diferentes actividades: doy clases, hago los preparativos previos de los cursos (solicitar materiales, coordinar instructores, informar a los participantes), tramito el cierre de algún entrenamiento (notas, informes de cursos), desarrollo algún proyecto principalmente con bomberos de la región centroamericana, trabajo en propuestas de mejoramiento de calidad, me ocupo de procesos de diseño y desarrollo de cursos y muchas otras cosas más.

A las 17:00 horas generalmente estoy de vuelta en el departamento. Después de una merienda, descanso un momento. Luego alisto mi uniforme, alisto el desayuno y el almuerzo del día siguiente, luego preparo mi cena, todo esto mientras veo la TV principalmente canales históricos y documentales.

Luego aparto un rato para estudiar, casi siempre cosas de bomberos o a veces “charranganear” (tocar como aprendiz) la guitarra. Antes de acostarme leo la Biblia y oro.

A las 20:30 por lo general ya estoy acostada… y caigo como piedra.

Mi vida es así de lunes a viernes. Sábado es día de compras, lavar ropa y asear el departamento. Domingo, día de ir a la iglesia y adelantar algunas comidas para la semana.

¿Cuál es la vivencia fuera de sus fronteras que más te ha marcado?

Me ha impactado mucho la necesidad que tienen mis compatriotas de buscar refugio aquí en Costa Rica y su lucha personal. Tantas veces he querido ser y tener más para ayudarles mejor.

Nunca entenderé porque una tierra como la nuestra pierde a sus mejores hijos a manos de la violencia. Pero también me ha impactado la generosidad de mis hermanos costarricenses. Entre ellos he encontrado compañeros formidables, brazos abiertos y personas que de un momento a otro pasaron a ser mi familia adoptiva.

¿Qué aspecto puedes catalogar cómo el más satisfactorio de tu profesión?

La satisfacción que deja el servicio a los demás… es algo que no puede describirse con palabras. Me esfuerzo cada día por ser mejor, para que el servicio que presto a través de mi trabajo sea de lo mejor.

Agradezco sobremanera la oportunidad que tuve de liderar durante un año y medio al equipo de editores del Manual de Competencias Esenciales para Bomberos Centroamericanos. Una publicación -por el momento- única en su género, que recopila al menos 24 temas de formación para los bomberos de nuestra región.

Es importante no olvidar de donde salimos y colaborar con nuestro terruño cada vez que nos sea posible: así se hace patria, aun cuando se está físicamente lejos de ella.

¿Qué es lo que más extrañas de El Salvador?

Extraño todo, su sabor, su color, su olor. Como todos, extraño las pupusas, los choris, el chuco, los tamales de elote, las moloteras del centro de Sivar, las vendedoras gritando “a cora” o más bien “a dólar”, pasar por una venta de CDs piratas y oír a los Hermanos Flores cantando “salvadoreñas que lindas son…” Pero sobre todo extraño a mi familia, mis amigos… mi gente. Pensar en ellos cada día, le inyecta fuerza a mi vida.

¿Qué nuevos retos hay para vos en un futuro?

Pues aquí en mi trabajo siempre hay proyectos nuevos, desarrollo de cursos nuevos, programas regionales, incorporación de nuevas tecnologías e innovación constante. En lo personal quiero seguir estudiando, tal vez vaya muy pronto por una maestría. Y las oportunidades de crecer que vengan, serán bien recibidas.

¿Piensas volver algún día?

Me gustaría volver. Siempre he pensado que estar aprendiendo cosas nuevas y viviendo experiencias diferentes aquí, a más de ser un privilegio, es un compromiso.

El año pasado pude estar dos semanas compartiendo con mis hermanos bomberos de El Salvador, conocimientos nuevos. Fue una experiencia por demás satisfactoria. Pero me gustaría seguir aprendiendo más y en unos años poder volver y desde una posición más influyente poder incidir de mejor manera en la vida de la institución que dejé y de mi país.

¿Cómo se ve en 10 años?

Me veo sirviendo en mi país. Devolviendo lo recibido e influenciando positivamente la vida de mi gente. Pero esos son mis deseos, Dios dirá lo mejor: en sus manos están mis tiempos

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