Salvadoreños en EE.UU. recalcan que el voto es «un derecho y un deber» para 32 millones de hispanos

Foto de agencias

Por Lenny Castro | La VOA

SAN FRANCISCO, EE.UU. – La diáspora salvadoreña en California, en especial la radicada en Los Ángeles, está siguiendo muy de cerca el proceso electoral que definirá el futuro político de Estados Unidos. El motivo, según líderes de esta comunidad, es que los cerca de 32 millones de hispanos que tendrán derecho a voto en las elecciones del 3 de noviembre podrían determinar quién será el próximo presidente del país.

Sophia Cortez, directora ejecutiva emérita de la Asociación Nacional Salvadoreña Americana (SANA) y consejera de la Coalición Latina de Los Ángeles, habló con la Voz de América sobre cuáles son los temas centrales que les preocupaban como salvadoreños y miembros de la comunidad hispana.

Desde su punto de vista, los salvadoreños son un fuerte bastión dentro de la comunidad latina y a ella no le cabe duda de que acudirán a las urnas y sumaran fuerza al voto latino. Para Cortez “el voto hispano decidirá la votación de noviembre”, de ahí que invite a los candidatos a poner especial atención a los intereses de este segmento de la población.

California es un estado ícono para los salvadoreños. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, un 94 % de la población de El Salvador en el exterior, reside en EE.UU. y el mayor número de ésta se concentra en el estado de California, seguido por Texas, Nueva York, Maryland y el Distrito de Columbia.

La organización de las Naciones Unidas (ONU) reveló que en 2019 cerca de 1.429.155 salvadoreños residían en EE.UU.

Retornan al país 92 salvadoreños procedentes de Sudamérica

Cortez explica que, de los 32 millones de latinos con derecho a voto, el 62% de los registrados se identifican como demócratas y que los temas que más les preocupan son: “La inestabilidad socioeconómica –la cual ha empeorado por la pandemia de COVID-19-, la vulnerabilidad del sistema de salud, el limbo en el que se encuentra la legalización migratoria, el miedo a las deportaciones masivas, los salarios no ajustados al costo de vida, la falta de vivienda y la violencia social”. De ahí que, si un candidato no pone atención a estos temas, será muy difícil que obtenga la simpatía de la comunidad.

La activista también hace hincapié en que la comunidad latina «ha madurado mucho» y «ha despertado» y que no olvida que, desde la presidencia de Barack Obama (2009-2017), los demócratas tienen una «deuda moral» con los latinos: una reforma migratoria.

“Esto es una deuda moral que los demócratas no cumplieron en las dos administraciones de Obama”, explica Cortez.

El voto salvadoreño

En el caso específico de los salvadoreños, está segura que en este 2020 acudirán a las urnas en mayor porcentaje que en otros comicios porque, como migrantes, hay mucho en juego, ya quieren esa reforma migratoria. De ahí, afirma, que el voto es ahora más que nunca “un derecho y un deber”, especialmente para personas que proceden de un país que vivió 12 años de conflicto armado.

“Como salvadoreños venimos de una historia de lucha por tener la oportunidad de vivir en una democracia. Hemos aprendido a apreciar la paz y el proceso de elección de aquellos que nos gobiernan”, explica Cortez.

La directora ejecutiva de SANA también resalta que las elecciones de noviembre de este año 2020, serán quizás las más consecuentes porque “no solo se trata de una lucha electoral bipartidista, de una simple contienda del presidente Trump contra el exvicepresidente Biden”. Se trata de algo más profundo, observa, «se trata de legitimar la presencia» de los migrantes.

“Los inmigrantes latinos hemos tenido una experiencia dura, traumatizante. Como trabajadores esenciales somos altamente vulnerables y aún así aportamos a esta economía de gran manera. Es crucial legitimar nuestra presencia y nuestro aporte y ejercer nuestro derecho a escoger el rumbo de este país y por eso tenemos que votar», argumenta.

Cortez detalla que en Estados Unidos hay unos 32 millones de migrantes con derecho a votar, «una de cada diez personas», y que el 34% de esta comunidad se concentra en cinco estados, «dos de ellos son swing states, subraya, en referencia a aquellos estados cuya preferencia política no está marcada a fuego y, por lo tanto,  «pueden ir de un lado o de otro en las elecciones».

«Debemos de ser autores, no solo sujetos, de la vida que queremos para nuestras familias y comunidades”, concluye.

Por su parte, el también salvadoreño Nelson Flores, presidente del Comité el Pescador, que se dedica a brindar ayudar a ciertas comunidades en El Salvador, coincide al señalar que los salvadoreños en EE.UU. «ya han adquirido cierta madurez y eso quedará demostrado cuando vayan a emitir el sufragio».

Flores también habla de la necesidad de que los inmigrantes hispanos se involucren en temas políticos y económicos de este país para generar verdaderos cambios.

“Desafortunadamente las minorías hemos sido las más afectadas con la actual administración” opina Flores, quien explica que la inclusión no debe ser unilateral. Para él la fuerza del cambio reside en la unidad, así como en la legalidad y por eso hace un llamado para que salvadoreños e hispanos, en general, regularicen su estatus migratorio.

“Los cambios no vienen por si solos. Nosotros como comunidad tenemos que trabajar por ellos. Aquellos que podamos hacerlo tenemos que hacernos ciudadanos para tener más representación. Los que podemos votar tenemos que votar”, sostiene.

Flores coincide con Cortez, también, en que las preocupaciones de los salvadoreños son las mismas que las de la comunidad hispana, pero cree que para resolverlos es necesario mayor involucramiento y representación en la política.

“Necesitamos tener más representantes salvadoreños, como alcaldes, gobernadores, asambleístas, etcétera. Tenemos que trabajar más por lograr obtener esa representación porque, de lo contrario, seremos vistos siempre como extranjeros en este país”, puntualiza.

Relación El Salvador – Estados Unidos

En cuanto a la relación de El Salvador con EE.UU., Flores asevera que independientemente de quién gane -republicanos o demócratas- las relaciones entre ambos países no se verán afectadas. En primer lugar, afirma, porque Estados Unidos tiene un interés especial en la región; y en segundo, porque el gobierno del presidente Nayib Bukele tiene buenas relaciones con la actual administración y está seguro de que mantendría esas relaciones con las futuras administraciones.

People cast their ballots in voting booths at the 2nd Street Elementary School in the Boyle Heights neighborhood of Los Angeles…

Foto de archivo de las elecciones de mitad de período. Urnas en la escuela primaria 2nd Street en el vecindario Boyle Heights de Los Ángeles, California, el 6 de noviembre de 2018.

 

Flores reconoce que San Salvador siempre ha tenido una fuerte influencia de Washington. “Mientras el gobierno salvadoreño esté dispuesto a trabajar con ellos, todo sigue igual. Creo que quién gane acá no tiene ningún efecto negativo allá, todo lo contrario pasa con quién gana allá”, puntualiza Flores, para quien el gobierno salvadoreño está haciendo un buen trabajo en esa dirección.

Cortez por su parte es más cautelosa en este tema, ya que cree que una posible victoria Demócrata para el presidente de El Salvador sería incomoda porque él posee una buena relación con la actual administración “y su mandato se asimila al del presidente Trump”.

Por contra, Cortez considera que «los demócratas serían más críticos» con el «estilo» del presidente Bukele, aunque reconoce que “desde la óptica económica, no cambiaría mucho la situación actual».

«La economía salvadoreña es una economía neoliberal dependiente de los EE.UU., gane quien gane”, sentencia la salvadoreña.

¿Cuántos latinos irán a votar?

Ese es el gran interrogante para las próxima elecciones de noviembre, según el Centro de Investigación PEW de los 32 millones de hispanos con derecho a voto en Estados Unidos, el mayor porcentaje es de ascendencia mexicana, aunque las cantidades cambian según el estado y la región.

Otro dato importante que ha resaltado el centro es que no todos acuden a las urnas.

Para las elecciones 2016, por ejemplo, había cerca de 28 millones de latinos aptos para emitir el sufragio, pero apenas votaron 13,5 millones. Para el Centro de Investigación PEW y la Asociación Nacional de Latinos Electos y Designados (NALEO), esa participación fue determinante para el triunfo de la candidata demócrata Hillary Clinton en tres estados (Colorado, Nuevo México y Nevada), pero no bastó para darle la presidencia a la exprimera dama.

Las instituciones están atentas entonces para ver si hay un cambio en el comportamiento de los votantes de esta comunidad, que ahora cuenta con cuatro millones más de votantes y que se ha mostrado muy activa en las últimas semanas apoyando las protestas que denuncian el odio racial.

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