El Espino | Una vida que no se esperaban

Fotos de Carlos Martínez | El Metropolitano Digital

Por Carlos Martínez

De acuerdo al artículo 119 de la Constitución de la República de El Salvador, se declara de interés social la construcción de viviendas, a fin de que el mayor número de familias salvadoreñas lleguen a ser propietarias de la suya.

En teoría, debería de ser así. Cada salvadoreño debe tener su propio hogar para que no pase penumbras, sin embargo, el pasado miércoles 16 de mayo 77 familias de la comunidad El Espino fueron desalojadas por la Unidad de Mantenimiento del Orden de la Policía Nacional Civil, en cumplimiento a una orden de desalojo autorizada por el juez de Paz de Antiguo Cuscatlán.

Luego de desalojados, las familias decidieron mantenerse cerca de la tierra que los vio nacer por temor a irse aun sitio diferente o inseguro para ellos y sus hijos.

Con mucha tristeza y asombro de que apenas pudieron sacar un poco de cosas de sus hogares decidieron usar las aceras y parte del redondel del bulevar Cancilleria donde han levantado con carpetas sus hogares temporales, otros al menos pudieron sacar un par de láminas que sirven como techo.

Norma Romero, como mucho de sus vecinos apenas puede asimilar lo sucedido. A esto le agrega que una de sus hijas que esta embarazada fue llevada al hospital de Santa Tecla de emergencia porque tuvo complicaciones con el embarazo luego de tantas preocupaciones del desalojo que sufrieron, dijo.

Las hermanas Carolina y Wendy Montano, apenas pudieron sacar parte de la mercadería de la tienda que tenían y parte de la ropa que vendían se perdió durante el desalojo.

Por el momento no poseen energía eléctrica, pero cuentan con sanitarios portátiles que fueron llevados por una ONG, ANDA ha puesto a disposición un tanque con agua, un par de chorros en diferentes lugares y ciertos días pasa un camión cisterna repartiendo agua.

FOSALUD también ha instalado un puesto para brindar atención médica a las 77 familias desalojadas; y a lo lejos, se observa una patrulla con un par de agentes municipales y policiales que brindan protección.

En el redondel, cerca de los edificios de Cancillería, los niños inventaron un cancha para jugar volleyball y un par de columpios hechos con llantas donde pasan la tarde jugando, la mejor forma para distraerse y olvidar lo que vivieron en el desalojo.

La tarde poco a poco se torna gris, significa que la tormenta se avecina, y eso no es bueno para estas familias que se protegen de la intemperie debajo de carpetas plásticas a la que por hoy llaman hogar.

Al centro del nuevo refugio de las 77 familias desalojadas, han instalado un centro de acopio, donde guardan toda la ayuda que ha llegado en los últimos días, cuenta con una pequeña vitrina con medicamentos para estar preparados por cualquier emergencia.

María Etelvina de 72 años, con una gran sonrisa recibe al que llega a comprar tortillas a su pequeño negocio que ha improvisado en la acera y pegado al gran muro levantado, aparentemente, por la los dueños de las tierras.

Caminar por esta nueva comunidad improvisada, a pesar de que han sufrido, son muy unidos, tratan de trabajar en equipo, todos velan por la seguridad de todos y siempre te reciben con una gran sonrisa, aunque por dentro la incertidumbre y tristeza opaca sus vidas.

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