Una historia de amor, medicina y café

Foto de cortesía

Edgar Gabriel López Quezada, ha pasado alrededor de 5 de sus 36 años viviendo en Bogotá, Colombia; país cafetalero al que ahora le llama hogar y donde ejerce su profesión como galeno.

Por Lenny Castro

Este salvadoreño, es médico especialista en Cirugía Vascular Periférica y Angiología, y es de los pocos médicos que pueden decir que se ha formado en dos de los mejores hospitales de Latinoamérica y Colombia; La Fundación Cardioinfantil y el Hospital de Mederi (datos avalados por la revista América Economía).

Con café en mano y mucho entusiasmo nos contó por qué decidió cursar allá su especialidad y luego quedarse trabajando en un hospital del sur de la capital.

Su historia profesional, tiene tintes de mucha dedicación y amor. Este último lo llevó en el año 2013 a partir de su natal El Salvador y dejar de lado una subespecialidad, para apoyar y seguir a su esposa, Aura Veraliz Méndez, rumbo a Colombia. Según nos contó, a ella le ofrecieron un trabajo y la oportunidad de crecer como profesional.

Gabriel, se graduó de médico general de la Universidad de El Salvador, donde cursó la especialidad de Cirugía General en el Hospital Rosales y había planeado subespecializarse en Otorrinolaringología, pero en ningún momento dudó de su decisión de cambiar sus planes para apoyar al amor de su vida.

Con el firme convencimiento de su capacidad, aplicó a su vida aquel refrán popular de las abuelas, que reza: “El que es perico donde quiera es verde.”

Fue así como apostó por forjar su carrera fuera de El Salvador y labrarse un futuro. El cual ha llevado un arduo trabajo.

Desde el inicio, sabía que la transición no iba a ser fácil, principalmente por su calidad de extranjero, ya que para poder continuar con sus estudios y conseguir un trabajo en su área era necesaria la convalidación de su titulo, y esto le llevó más tiempo del imaginado.

Además de consumir todos sus ahorros para subsistir durante el periodo que duró dicho proceso. El compás de espera para que sus documentos migratorios estuvieran en regla, fue de aproximadamente 4 meses. A partir de ahí comenzó la búsqueda de opciones para continuar con su preparación profesional.

 

Esto último fue una prueba más, ya que no contaba con beca alguna, o ayuda económica. “Colombia tiene políticas muy estrictas para estudiantes extranjeros”. Explicó, antes de relatarme que la solución que más le convenía en ese momento era la vía de un préstamo personal para costearse la carrera.

Lucha constante

Por su misma calidad de foráneo, dicho crédito lo tramitó en su país de origen, con ello logró solventar la parte económica pero aún tenía un largo trecho por recorrer.

Entre los escollos con los que se topó fue el tener que vencer los prejuicios que había hacia su preparación profesional, por provenir de El Salvador y haber estudiado en una universidad pública.

El connacional, eligió para su especialidad la Cirugía Vascular Periférica y Angiología, según su relato ese capítulo en su vida fue agotador. Además de las ya conocidas noches en vela con turnos corridos de 7/24, tuvo que poner al límite sus conocimientos una y otra vez, frente a sus colegas colombianos, pero su decisión y ganas de salir adelante nunca flaquearon.

“Fue muy duro, porque fue competir en una especialidad con poco desarrollo en nuestro país, muy pocas personas pueden especializarse en eso en El Salvador, requiere prepararse con herramientas de tecnología avanzada a nivel mundial”. Aseveró.

Esa batalla, la tuvo que librar constantemente durante los dos años que duro la especialidad, lucha a la que nunca se somete una persona de allá. Sin embargo, la dedicación y el trabajo duro fueron los que salieron en defensa de este compatriota.

La unidad hace la fuerza

Desde el inicio y durante su aventura fuera de las fronteras, Gabriel y su esposa Aura, se han apoyado mutuamente, jamás consideraron dejar al otro atrás.

Separarse para alcanzar sus metas individualmente, jamás fue una opción, todo lo contrario en cuanto más duro o gris se veía el panorama más se unían.

Gabriel, recuerda que durante los interminables turnos, cuando trabajó y estudió en la Fundación Cardioinfantil, él era el único residente especialista de Cirugía Vascular y lo llamaban a toda hora por cualquier emergencia los 7 días de la semana.

Ante lo anterior, Aura nunca dejó de apoyarlo, a pesar que no tenían tiempo de calidad para estar juntos.

Ella siempre adaptó su vida a la de él, explicó Gabriel “a veces iba llegando a las 2:00 de la mañana a casa y a las 4:00 tenía que estar de regreso por una emergencia y luego de nuevo a trabajar todo el día. Estaba cansado todo el tiempo”.

Salir de paseo o hacer algo tan simple como acompañar a su pareja al supermercado para compartir tiempo juntos en muchas ocasiones no era posible.

Esa etapa se superó con mucha paciencia, también se echaron el hombro entre ambos cuando la nostalgia llegaba para recordarles de sus otros seres queridos que se quedaron acá en El Salvador.

El valor de la familia

Para ellos lo más complicado de migrar es adaptarse a otra cultura, así como dejar a la familia y a los amigos atrás.

El médico recuerda que a veces se tienen que hacer sacrificios pero todos y cada uno de ellos tienen una recompensa, ahora que ha alcanzado estabilidad y respeto en su campo de especialidad, cuenta que el apoyo de la familia siempre es clave, en especial a través de la distancia.

Relató que cuando partió, su familia tenía un poco de miedo, especialmente por el conflicto armado que vive Colombia, pero después comprendieron que la vida allá, es más segura que dentro de El Salvador. “Ahora no hay nadie que nos diga que retornemos aunque estemos lejos”. Concluyó.

López recuerda con mucho cariño a su país y aunque ha venido de visita cree que no volverá a vivir acá. Él se mantiene constantemente informado y sigue la situación de El Salvador desde la distancia y lamenta el aumento de la violencia.

Él no ve una solución a corto plazo “a pesar del conflicto acá, uno se siente más seguro en las calles versus la situación de criminalidad de El Salvador, allá te pueden matar en cualquier lugar. Acá nunca he estado cerca de un atentado y en El Salvador si, vi mucha sangre y muerte debido a las pandillas en cada turno”.

Lo mejor está por venir

La negativa de Gabriel de volver a vivir en su país no solo obedece a una decisión personal, ha sido un acuerdo de familia, en especial en esta etapa de su vida que recién ha conocido; la paternidad.

De acuerdo a lo relatado, su esposa Aura y él estuvieron intentando hacer crecer su familia y dejar de ser un binomio por algún tiempo, sin embargo hubo dificultades en el camino que alejaban poco a poco ese sueño, pero Dios ha sido bueno y recién este año y hace algunos meses vieron sus deseos cumplidos, con la llegada de una pequeña princesa bautizada con el nombre de Sofía Montserrat.

Es por su pequeña que ahora han decidido no dar ningún paso atrás “…que Aura saliera embarazada fue cuestión de Dios.” Aseveró, para luego relatar que actualmente ambos están en un momento de su vida lleno de felicidad y que siguen trabajando por superarse juntos.

Como médico Cirujano, Gabriel trabaja entre 6 y 12 horas diarias, ya que según su contrato tiene que cubrir entre 180 y 240 horas mensuales. Lo anterior le permite dedicar tiempo de calidad a las mujeres de su vida, Aura y Sofía.

Su noble profesión le ha traído mucha satisfacción en diferentes ámbitos, pero sobre todo le ha permitido ayudar a los demás y eso compensa estar a miles de kilómetros lejos de su gente. Espera algún día poder ayudarlos desde su profesión y ese será uno de sus retos a futuro.

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