Cristian López, artista plastico: “Yo nací en el monte, fui parte del romance entre dos guerrilleros”

Por Santiago Leiva

Tómese una postal con él, coloque su imagen en el disco duro de su memoria, anote Cristian López en su agenda porque este nombre  será moda en un par de meses. El joven pintor se ha abierto una autopista entre las nuevas generaciones de artistas plásticos y suya será la obra que se develará al interior de Catedral Metropolitana el mismo día (14 de octubre) que monseñor Óscar Arnulfo Romero, el mártir de El Salvador,  sea canonizado  en Roma. Cristian, nacido en un cantón en las faldas del volcán Chichontepec, ya tiene listo para esa fiesta un cuadro de Romero de seis metros y medio de alto por tres de ancho, y también  en proceso una imagen de la Virgen de La Paz con iguales dimensiones. Las gigantescas pinturas estarán visibles, para la feligresía católica y público en general, en dos de los pilares que sostienen Catedral. Y es que a Cristian, más que recibir una buena suma de dinero por una obra que se vaya a la colección privada de un rico, le emociona que el grueso de la población la disfrute, la aprecie, y la valore.  

“Para mí es mejor pago que la obra sea visible y que todo tipo de persona la pueda apreciar, la pueda disfrutar, a que me den mil dólares y me lo gaste  en dos o tres semanas. El objetivo del artista es que la obra llegue a la población y no que se quede en un cuarto”, reflexiona. Cristian, aunque solo tiene ocho años de pintar profesionalmente ya no es un  novato en este arte. Los murales que adornan el Mercado Cuscatlán reflejan  un  poco de su talento y una  imagen de monseñor Romero pintada  sobre una  pared  lateral de Catedral  también lleva  su  firma. El cuadro de “Jesús de la Divina Misericordia” que resplandece, pintado sobre tela, al  interior de Catedral también es obra suya; mientras que algunos de sus retratos de personajes notables  tienen como hogar la Casa Presidencial. “Cuando empecé a pintar desconocía mi talento”, dice el artista quien a pesar de la magnitud y relevancia que han  cobrado algunas de sus obras mantiene los pies sobre el suelo, tanto que todavía viaja en bus. “No tengo un estudio, pinto hasta en el suelo o en un caballete que pego a la pared porque el espacio es muy corto. Eso me hace pensar donde estoy y también me hace pintar libremente porque cuando uno va a una galería y empieza a vender  (el cliente) le dice haga este tipo de obra”, advierte. Cristian, quien paró su obra en Catedral por más de una hora para la platicadita con el Metropolitano Digital, entró al mundo del arte plástico buscando el “Sueño Americano”, pero encontró en los pinceles, la brocha,  los lápices y la gama de colores, la fórmula  para ganarse la vida sin dejar su patria.  El pintor Cristian López es mi personaje de la semana.

 El nombre Cristian viene del término “Christianus” (seguidor de Cristio) ¿en qué cree Cristian López?

Yo creo en la vida misma, en el esfuerzo y en el trabajo de cada día. En mi caso me pusieron Cristian porque me mi Mamá se llama María Cristina y para que llevara parte de su nombre me puso Cristian, pero sí creo en Cristo, soy un creyente, pero no tanto en religión sino en  Dios.

¿Qué pasó por tu mente cuando te dicen queremos que pinte cuadros para La Catedral?

Fue algo mágico, fue algo que no lo esperaba y quizá ni los Padres (sacerdotes) que me contrataron. Yo vine a pintar atrás de la Catedral,  un mural de una señora que pedía paz, que de hecho era mi Mamá y fue así como ellos me observaron y me llamaron para explicarme de un proyecto que tenían, acepté pintarlo, lo hice, y luego me preguntaron si me atrevía a hacer dos obras de gran magnitud al interior de Catedral. Son dos cuadros de 6.5 x3 metros y en eso trabajo. Para mi hacer estas obras es algo que no lo esperaba, ni lo buscaba, pero se dio.

¿Cómo nace la idea de pintar a su Mamá atrás de Catedral?

Lo que pasa es que yo estuve en Chile, en Valparaíso  y ahí hay mucho grafitis, mucho mural, y cada espacio en blanco es como un lienzo. Los artistas hasta se pelean por plasmar su arte en un lugar digno de Valparaíso. Entonces al venir a  San Salvador, más que todo en el centro, vi todos los espacios en blanco y fue una gran oportunidad para hacer personajes, y pues hice a mi Mamá pidiendo paz. La hice de espalda. Después realice a un niño leyendo, a un señor pensando en (el Portal) La Dalia. En el Mercado Cuscatlán trabajé a Roque Dalton y a Monseñor Romero.

El Monseñor que pintaste al costado Oriente de Catedral se ha inmortalizado…

Sí, vi ese espacio y hablé con el padre que me diera permiso y me dijo que sí. Mi idea era en un principio que Monseñor durara solo tres días (buena) porque es una figura que la derecha la tilda de izquierda y también los evangélicos no mucho con él. Yo le dije al padre que quizá no iba a durar mucho porque lo iban a manchar, pero lo hice el 24 de marzo del año pasado, ya cumplió un año de estar ahí y solo un loquito se atrevió a dañarla. Esa pintura la hice en un día porque creía que no iba durar mucho, pero ha logrado mucho protagonismo tanto con los transeúntes como los extranjeros. El objetivo era hacer a Monseñor a él solo y que el pueblo sean las personas que se toman fotos ahí a la par de él. Ese objetivo lo logré.

¿Ese Monseñor te abrió las puertas de Catedral?

Sí, a partir de ahí entramos en confianza con el Padre. Yo prácticamente estoy haciendo los trabajos (a precio) simbólico, porque es un legado que se está dejando aquí, incluso no se hicieron directamente en la pared porque si hay un terremoto se pueden mover. Van a formato gigante porque tienen que jugar con las obras que están atrás del “Altar Mayor”

¿Cuál es la composición de los cuadros, que figuras son?

En una está Monseñor Romero y el pueblo. La retomé de una foto antigua, aparecen niños y ancianos en ella. Va él en una calle que es de tierra,  que es polvosa, y me gustó mucho porque son los lugares donde él andaba. En esa pintura he metido 12 personas, como simbolismo  a los 12 discípulos que tenía Jesús en aquella época porque aquí Monseñor también tenía sus seguidores. Para mí ha sido un gran reto porque metí 12 personas en un cuadro estrecho que no es horizontal sino que rectangular.

¿Qué ha incluido entre esas 12 personas?

Pueblo. Mujeres, hombres, niños, ancianos, bebe, jóvenes.

¿Qué tiempo te consumió esta obra?

Me he llevado dos meses y medio.

La otra es una virgen…

Sí, y como es óleo me está costando más porque estoy esperando que seque en partes para después continuar. La de Monseñor también es óleo. Son mis primeros óleos a escala gigante, siempre he hecho a lo más de dos metros.

¿Qué virgen es?

Es la virgen de La Paz. (Se está haciendo) porque según el  Arzobispo acá en San Salvador no es reconocida como patrona, siempre se entiende como que es la patrona de San Miguel.

Lleva el escudo de El Salvador…

Sí, en el vestido lleva el escudo que representa que es la patrona de El Salvador, no solamente de San Miguel.

¿Pintar cuadros para Catedral es lo más grande que has realizado artísticamente?

Sí, porque lo veo como patrimonio que va a quedar y eso me hace verlo con otros ojos. Es un gran reto porque son obras que estarán a la par de otras de un artista español.

¿Cuándo te propusieron este reto no te lo pensaste, no hubo temor?

Sí, un tanto quizá en la parte económica porque a veces se trae a un extranjero y se le valora mucho la obra, pero acá en El Salvador a los artistas, más que todos jóvenes, no se le da el valor real a la obra. Por ejemplo la obra puede valer unos $100 mil, unos $20, unos $25 dólares. En ese punto si me puse a pensar, pero de ahí en nada más. El hacerlas no, porque es algo que he venido trabajando públicamente. En el Mercado Cuscatlán, junto con un amigo de New York, hicimos a Roque Dalton que tiene una dimensión de 8×4 metros. Trabajé también a mi prima que está leyendo un libro aun nivel gigantesco de casi 38×12 metros de altura.  Ahí pintamos con pincel, con brocha y hasta rodillo. Entonces para mi ver un cuadro de seis o siete metros es como ver un cuadro de dos metros.

Lo tuyo es menos galería más social…

Yo nunca he estado en un galería, y si bien es cierto la galería es buena porque uno puede mantenerse bien económicamente, no es mi objetivo. La mayor parte de mi obra siempre ha sido social, siempre me he inclinado a la realidad.

¿No te interesan tanto ver tu obra expuesta en salas?

No, no, no. De hecho yo hasta en el suelo de mi casa pinto, no puedo decir que porque no tengo un espacio no puedo pintar. Lo estoy haciendo porque aquí hay mucho joven que va tras la búsqueda de ser alguien en la vida como artista, pero si no vende se frustra. En cambio mi obra es social y es más difícil vender que un paisaje o algo decorativo.

¿Pintas en el suelo, no tenés un estudio?

“No tengo un estudio, pinto hasta en el suelo o en un caballete que pego a la pared porque el espacio es muy corto. Eso me hace pensar donde estoy y también me hace pintar libremente porque cuando uno va a una galería y empieza a vender  (el cliente) le dice haga este tipo de obra”.

¿Podemos de decir que tus lienzos preferidos son las paredes en blanco?

Sí, lo malo es que no son míos y no me permiten pintarlos si no porque ya lo tuviera lleno. Esos han sido obstáculos que he tenido en edificios.

¿Qué te gusta pintar?

En los murales personajes. Personajes que estén en el anonimato. Por ejemplo en Colombia pinté a una señora que tenía 90 años y me llamó mucho la atención que ella siempre estaba afuera en una silla, pasaban muchas personas y nadie la saludaba. Yo la pinté frente a su casa y después del mural muchos la saludaban. Al final se sintió acosada y me dijo que la borrara.

En serio ¿se sintió acosada?

Sí, y me dijo: pinte a una persona bonita no pinte feyuras. Yo me siento mal porque todas mis amigas se vienen a burlar de mí. En Chile pinté a otra señora, ella ya murió, pero la dejé inmortalizada en la “Plaza de las Artes”.

¿Haces cuadros para vender?

Sí, de hecho el objetivo es vender y he vendido bastante, pero de forma personal.

¿En tus cuadros que te gusta reflejar?

He pintado varias series. He pintado una serie sobre nuestra identidad mesoamericana. He pintado también una serie referente a los juegos tradicionales de El Salvador como la piscucha, la chibola, el trompo.

¿Hacés retratos también?

Sí, he hecho varios retratos también, pero de personajes. Hice uno de Francisco Morazán y uno José Martí, esos retratos los tengo en la Casa Presidencial. Esos son unos lienzos de 1.5×1 metro y son los retratos con los que más me he identificado porque los trabajé con mucho tiempo y mucha dedicación. Nunca los he visto puestos en Casa Presidencial porque nunca he entrado, pero dicen que ahí están. Se supone que están en la sala de invitados.

¿Te los pidieron ellos?

Si ellos y fue espectacular para mí porque yo retratos casi no hago mucho, pero si me los piden los hago. Esos (de Casa Presidencial) los hice en mi casa. Hicimos el negocio y están ahí, nunca las he visto donde están porque nunca he entrado.

 Menos mal que tu arte en su mayoría popular…

Sí, acá por ejemplo  Catedral es del pueblo  y no va a estar en un lugar restringido en el  que solo lo verá el Arzobispo y los Padres. Acá lo va a ver la población en general y eso siento que es mejor pago por el valor histórico que va a tener y la cantidad de personas que lo van a ver. Para mí es mejor pago que la obra sea visible y que todo tipo de persona la pueda apreciar, la pueda disfrutar a que me den mil dólares y me lo gaste  en dos o tres semanas. El objetivo del artista es que la obra llegue a la población y no que se quede en un cuarto.

Pero hay muchas obras que acaban en la sala de ricos…

Sí y terminan como colecciones privadas y quedan en el anonimato.

¿Cuál fue tu primera obra ya como profesional?

Uno de mis primeros cuadros que hice ya con estudios fue una Santa Cena, pero cuando estudiaba hice bodegones con lo tradicional: paisajes de todo para ver la técnica.

¿Qué cuadros pintaste en tus inicios?  

Yo empecé a pintar a los 19 años, y cuando empecé a pintar desconocía mi talento. Fue un Padre gringo quien me incentivó.  Yo estaba pintando una virgen de Guadalupe en la pared de mi casa, y la pinté solo por pintarla como cualquier otro chico. Yo vivo en una zona conflictiva de pandillas y ellos pintaban muchas imágenes como la virgen de Guadalupe. La cosa es que la pinté en pequeño en mi cuarto, mi Papá la vio y le dijo al sacerdote. Al Padre (sacerdote) le gustó lo que pinté y me mandó a llamar para regalarme unos lienzos pequeños. Pinté esos lienzos, él vio talento en mí y me propuso que estudiara arte, pero yo lo que quería era emigrar hacia los Estados Unidos. En ese entonces yo estaba recién saliendo de bachillerato y tengo tíos en Estados Unidos que me apoyaban para que me fuera. Entonces como el Padre es gringo yo lo que quería más que todo era enrollarme con él para que me ayudara con la visa, así que le hice los cuadros que me pidió. Cuando el vio los cuadros me dijo: mirá tenes talento, podes estudiar aquí, podes ser alguien en la vida, vos aquí podes hacer algo… pero mi sueño era irme.

¿Qué pasó luego?

Él me dijo que tenía un taller de cerámica, que podía ser el  contador y podía aprender a hacer cerámica, así que me llevó, llegué al taller y fue mentira: nada de contador, me pusieron a batir lodo. Ese día, la señora (una de las socias) no llegó, y al medio día en mi tiempo de descanso yo pinté una taza.  Cuando llegó me preguntó que quien la había pintado y le dije que yo. Me mandó a lavar las manos y me dijo que esa tarde me iba a quedar ahí con ella a pintar.  Fue así como empecé a pintar. De allí cuando llegó el maestro  Mauricio Domínguez (pintor y dueño) me mandó a llamar y me dijo: esto que hiciste en la taza está muy bueno, pero esto lo hacen todos, si querés profesionalizarte vamos al CENAR. Le dije que sí y ya estando en el CENAR él me fue a inscribir. Cuando llegué al CENAR yo no sabía que era arte, no sabía ni siquiera de un artista, no sabía nada. Me hicieron un examen en donde me preguntaban si conocía artistas nacionales y pidiendo copia me dieron nombres como Camilo Minero y Carlos Cañas; y de los internacionales tampoco conocía, pero los otros bichos me dijeron Salvador Dalí y Picasso,

¿Te soplaron las respuestas?

Cabal, hice el examen y me dijeron que lo había pasado, pero es mentira porque al CENAR llegan muy pocos alumnos y a todos los agarran al final. Ahí al ver el talento de mis amigos me quedé asombrado de sus dibujos. Luego a través de la amistad, ellos me llevaron a exposiciones de pintura y ya me fue gustando. En ese tiempo logré vender un cuadro en $150 dólares y mi familia impresionada. Luego hice una exposición con unos amigos y vendí tres paisajes en $300 dólares cada uno y vi que ahí había plata.

Se te borró el “el Sueño Americano” jajaja…

Aja. Se me fue. Nombre dije yo: aquí está fácil. Después de eso me le pegué al amigo que podía más, él me regaló una libreta y unos lápices. Después de clases nos íbamos a Metrocentro, y de ahí me desvelaba hasta las 12 de la noche boceteando. Boté un montón de libretas  porque los dibujos me quedaban feos, pero practicaba, practicaba y practicaba hasta bien noche para aprender. En ese tiempo en la mañana trabajaba en el taller de cerámica y en la tarde me iba al CENAR.

¿Cuál ha sido el cuadro más caro que has vendido?

He vendido como cuatro de $2,200.

¿Tu niñez que tal fue?

Fue una niñez común como todas las que puede haber de escasos recursos en El Salvador. De hecho yo nací en el monte, por la guerra fui parte del romance entre dos guerrilleros. Al principio mi Papá me negó porque quien andaba con mi Mamá era su jefe. Después quizá en alguna discusión entre ellos, mi Papá se la logró conseguir, establecieron la relación y ella quedó embarazada. Yo nací en las faldas del Chinchontepec, del lado de Zacatecoluca, pero me sentaron en el pueblo porque si decían que había nacido allá peligroso para mi Mamá y para mí, así que me pusieron  que nací en una zona en la nunca ni siquiera he estado.

¿Dónde te pusieron que naciste?

En un barrio aledaño a Zacatecoluca, pero yo realmente nací en la montaña. Luego mi Papá y mi Mamá se  separaron porque mi Papá cayó preso político y mi Mamá dicen que iba a ver a otro preso,  cada quien daba su versión a su conveniencia. Al final yo crecí sin Papá y sin Mamá porque hasta la edad de los ocho años estuve con mi Mamá, pero mi Mamá siempre estuvo acá en San Salvador y yo en Zacatecoluca con mi bisabuela. Viví siempre arriba en el volcán en un cantón donde ni había agua ni había luz, pero ahí vi un montón de cosas bonitas como, ver poner las gallinas, ver pasar al campesino con la carreta jalada por bueyes, ordeñar la vaca. Yo creo que todo eso me fortaleció mucho a l hora de pintar.

¿Cuándo llegas a la ciudad?

A los 12 años decidí venir a vivir con mis abuelos  paternos a Ciudad Delgado y hasta la fecha estoy con ellos, y son como mis padres ahora.

¿Tus Papás aún viven?

Sí, mi Papá migró para Los Estados Unidos y mi Mamá anda haciendo oficios domésticos aquí en San Salvador. Mi bisabuela ya falleció, pero mi abuela y mi abuelo están vivos y de hecho hasta los inmortalicé en el cuadro de Monseñor Romero.

En serio…

Sí ahí está mi abuela en ese cuadro gigante porque para mí  ha sido una persona guerrera, sufrió la guerra y nunca ha andado detrás de un político, mi abuelo aparece también, pero más subliminal.

¿Cómo sobre llevas la fama, imagino tenés muchas admiradoras?

No tanto. El arte a veces es aburrido sobe todo para las mujeres bonitas. Es rara a la que le gusta el arte. A las que les gusta si me tienen un gran respeto por cómo me he superado, pero tengo la corazonada de que voy a llegar más lejos.

¿Tenés hijos?

No, no tengo hijos porque no tengo nada digno que darles, hasta que lo tenga y si no lo tengo nunca voy a tener un hijo porque yo viví eso y no quiero repetir la historia.

¿De momento, hasta dónde te ha llevado la pintura?

Más que todo a Latinoamérica. A los países donde he querido estar: la Habana, Cuba, Panamá, Guatemala, México, Chile y Colombia.

¿Te ha dado la pintura para vivir?

Sí porque yo para sobre vivir no lo veo a nivel de artista, yo lo veo a nivel de una persona que gana el mínimo.

¿Pero si te consideras un artista?

Sí, pero económicamente me veo como persona que gana el mínimo.

¿Te gusta la fama?

No, no me gusta porque siento que uno con la fama se condiciona, se enferma.

¿Cristian es de carro o de bus?

De bus.

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