Con el corazón entre dos patrias

Roberto Cortez lleva 18 años viviendo en Estados Unidos

Por Lenny Castro Arguello

Roberto Cortez, nació en San Salvador allá por el mes de septiembre de 1988, sus primeros 12 años de infancia los vivió aquí en El Salvador junto a sus primos, y jamás imagino que él, iba a formar parte de la diáspora salvadoreña que vive en Estados Unidos.

A sus casi 31 años de edad, tiene 18 años de vivir en territorio norteamericano, en la actualidad se encuentra viviendo en Glen Burnie (Maryland).

Recordó  que fue el 7 de febrero  de 2001 cuando con una maleta y a punto de cumplir los 13 años viajó a encontrarse con su madre que tenía ya un tiempo viviendo allá.

El objetivo originalmente era una visita corta, sin embargo en ese momento el país apenas se estaba recuperando del terremoto acaecido el 13 de enero de 2001 y durante su estancia en Estados Unidos, un nuevo sismo trajo consigo la destrucción a El Salvador, el 13 de febrero, apenas 6 días después de su partida.

Razón por la cual, su madre tomó la decisión de que no retornara al país. Roberto y ella fueron beneficiados con el Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) el cual se concedió a los salvadoreños después de los terremotos.

Ese amparo, marcó un antes y un después en la vida de este compatriota.

Lo que más recuerda Roberto de ese momento es la mezcla de sentimientos los cuales iban de la felicidad a la tristeza y hasta a la soledad.

Un país por otro

En El Salvador quedaron muchas de las personas  amadas y las que de una u otra forma marcaron su vida para siempre, Roberto Cortez, venía del seno de una familia disfuncional, sus padres estaban separados, entonces su madre Adela Adis Pereira, tomó la decisión de buscar un futuro mejor en Estado Unidos.

Cuando su madre se fue, Roberto quedó a cargo de una tía y su abuela materna. Su mundo de niño fue influenciado por la fuerza de estas mujeres, quienes con mucho cariño siempre le proporcionaron un entorno seguro.

Dejarlas fue doloroso, pero estar con su mamá nuevamente fue reconfortante. Lo que más prevalece en su mente cuando recuerda ese momento, es la añoranza por la familia, por la tía, la abuela y su padre. A este último no lo ha visto desde que era un niño, pero mantiene una comunicación constante con él.

Contó que el hecho de estar lejos y comenzar en un nuevo lugar fue un reto. Para Roberto cuando se cambia un país por otro, independientemente de tu edad “nada es fácil”, su primer reto a vencer fue adaptarse a un nuevo idioma y su nueva situación.

Como todo niño tuvo que presentarse a la escuela, en sus recuerdos ese día está tan claro como el agua. Un tío lo llevó al que sería su centro de estudio, todavía puede sentir sus palmaditas en la espalda y le parece oír sus palabras deseándole suerte.

“Tenía un nudo en la garganta y fue traumático para mi, sabía cero inglés y eso hizo que los primeros meses fueran difíciles”, relató.

Roberto narró que el hecho de depender de alguien más para transmitir sus necesidades o hacer algo diferente como pedir una comida, la cual no conocía o era nueva en su menú, lo hacía experimentar pena y en ocasiones mucha soledad.

En su mente de niño, eso era un temor constante.

Un joven Roberto junto a su madre

Nunca se sintió frustrado

Entre el cóctel de sentimientos que vivía, nunca prevaleció la frustración, una de las lecciones más importante que aprendió de su madre es que de cualquier situación siempre hay que tomar lo mejor.

“Creo que a los 6 u 8 meses de estar en Estados Unidos, empecé a entender un poco el idioma. Algo que me ayudó tanto a mí como a mi mamá fue que siempre estábamos rodeados de gente que solo hablaba inglés.”Explicó.

Salir de la zona de comodidad fue la clave para no quedarse estancado y también buscar  acceder a nuevas oportunidades.

Este joven salvadoreño superó una de las barreras, que muchos connacionales a veces no pueden o no quieren vencer, abrazar la cultura del país en el que reside y al mismo tiempo mantener su identidad.

¿Cómo lo hizo?

Primero afianzando el idioma (lograr ser bilingüe fue el primer obstáculo a vencer) y luego fijando sus objetivos y apoyándose en mentores que le permitieran conocer su entorno.

Él cuenta que desde que estaba en la escuela su meta era tener un negocio propio, fue por eso que con sus ahorros y a la primera oportunidad que se le presentó compró una tienda, ubicada en un centro comercial, dirigida a los amantes de los deportes.

De forma simultánea regentaba su negocio y asistía al  Anne Arundel Community College, donde cursaba materias relacionadas a la administración de empresas y el mercadeo.

Después de 5 años y algunos meses de poseer la tienda Roberto tuvo que venderla porque ya no era rentable. Si bien era cierto los primeros años dio los beneficios esperados, la recesión y otros elementos fueron en detrimento del negocio.

Al relatar este momento no puede evitar mencionar que lo único que le dejó un mal sabor de boca fue el hecho de declararse en banca rota; sin embargo como bien citaba Henry Ford (fundador de la compañía Ford Motor) “El fracaso es la oportunidad de comenzar de nuevo con más inteligencia.”

Así lo descubrió Roberto, después de cerrar la tienda y con su carrera finalizada, tenía un mar de oportunidades frente a él.

Lo primero que hizo fue emprender nuevos proyectos involucrándose en la apertura de una guardería y gracias a sus habilidades y a su profesión consiguió un empleo como Asociado de Personal en el Departamento de Servicios Sociales de su condado.

Ahora su función es la de reclutador y dice que es un empleo que le llena de satisfacción.

“Si me hubiera aferrado a la tienda no hubiera conseguido lo que ahora tengo…” Explicó Roberto, quién enumeró entre sus logros varios sucesos muy importantes para su crecimiento personal y profesional.

El primer evento fue que al conseguir el trabajo pudo dejar el hogar materno e irse a vivir con la mujer que ama y casarse, luego junto a su esposa adquirió una casa propia y en la actualidad están a la espera de su primer bebé.

A raíz de que sus demandas económicas crecieron con las responsabilidades al ser un hombre de familia, ahora tiene en la mira iniciar otro emprendimiento, el cual vaya de la mano con su empleo, y es iniciar una compañía de limpieza.

Líder y emprendedor

Roberto Cortez no es un hombre que se queda de brazos cruzados esperando que las oportunidades se le presenten solas, salé a buscarlas a diario y sus pesquisas siempre implican horas extras.

Él es un líder y un emprendedor nato, la prueba de esto son sus horarios de trabajo y las actividades multifacéticas que desarrolla.

Después de laborar de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde – de lunes a viernes –   en el departamento de servicios sociales, por las noches de 6:00 en adelante, en días específicos, trabaja en una joyería en el área de ventas y mercadeo, así mismo otros días se involucra en el trabajo de limpieza del emprendimiento que tiene en mente.

Pasa del traje a los tenis en cuestión de horas, pero todo ello con la vista fija en sus objetivos, sabe que en la actualidad no tiene mucho tiempo libre pero los frutos ya se están empezando a ver y son tan tangibles como que ahora es propietario de una casa y no tan palpables pero igual de satisfactorios como el hecho de que ha cambiado la vida de muchas personas al ubicarlos en puestos de trabajo y ayudarles a alcanzar sus sueños.

El mensaje especifico de este connacional con sus acciones, es la perseverancia y él lo reafirma con sus palabras: “Uno nunca debe darse por vencido, mientras luchas, hay que rodearse de personas que te empujen a hacer cosas positivas. Si fallas en algo no lo veas como fracaso, solo ajusta tu plan y empieza de nuevo… Uno nunca pierde solo aprende”.

Las motivaciones

Una de las principales motivaciones de Roberto es su familia, en ella siempre ha encontrado apoyo, sobre todo en su mamá y ahora en su esposa y la futura madre de su hijo.

Ellos han estado en cada uno de los pasos que él ha dado y eso lo hace sentirse afortunado.

Sus planes a futuro están llenos de esperanzas, buenas noticias y trabajo, en los próximos días recibirá los documentos que lo convierten en residente permanente de Estados Unidos (si es que al publicarse esta nota no los ha recibido).

También el nacimiento de su hijo está programado cerca del mes de octubre y entre manos está madurando la idea de dedicarse a las bienes raíces, pero eso es algo que aun debe esperar.

A corto plazo espera dejar de añorar a su padre, las playas y comer unas buenas pupusas en su terruño. Una de las primeras cosas que hará al obtener su residencia será pasar unas vacaciones en El Salvador y dar ese abrazo que tanto ha soñado a su papá y presentarle a su nieto.

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