¿Me voy o me quedo? El dilema del salvadoreño que huye de las pandillas

Por Lenny Castro

“Amenazas de muerte, reclutamiento de pandillas, extorsión y otras formas de violencia selectiva» son solo algunas de las razones por las que miles de salvadoreños se ven en la disyuntiva de preguntarse si irse o quedarse en El Salvador.

En muchos casos la respuesta llega después de poner una denuncia la cual nunca prosperó y en otros la posibilidad de pedir ayuda a las autoridades jamás se contempla por la falta de fe en el sistema.

Las razones, no son un invento o excusas ficticias que miles de migrantes del país dan a la hora de solicitar asilo en países como Estados Unidos, Canadá o Inglaterra como lo han asegurado ciertos Gobiernos o sectores de la población que no han vivido en carne propia la persecución, pero el hecho que no lo hayan experimentado no quiere decir que no estén ahí o que otros no las hayan vivido.

El acoso de las maras es tan real y forma parte del día a día de gran parte de la población más vulnerable.

El asedio es tan real que la misma oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) las han enumerado como las principales causas que impulsan a “familias enteras” de los países del Triangulo Norte [El Salvador, Honduras y Guatemala] a huir de sus hogares y buscar protección en otros países.

“Las amenazas de muerte, el reclutamiento de pandillas, la extorsión y otras formas de violencia selectiva están impulsando a más familias del norte de Centroamérica a huir de sus hogares y buscar protección en otros países”, citan los organismos.

Los que huyen, literalmente corren por salvar sus vidas, y lo hacen en soledad y abandono, ya que no encuentran una solución a corto plazo que sea ofrecida por parte de las autoridades competentes.

Corren porque tienen un cañón dirigido a su sien que se manifiesta en distintas formas de violencia. Los salvadoreños se encuentran entre la espada y la pared. Sin protección, sin medios y sin opciones. Y a ello se le ha sumado las restricciones impuestas por la pandemia del COVID-19.

La misma ONU ha reconocido que, “las muchas formas de violencia y persecución que han provocado el desplazamiento forzado […] han continuado y, en algunos casos, se han agravado durante el confinamiento”.

Contrario a lo que muchos piensan, de que la pandemia se ha convertido en un impedimento para la migración, la realidad es que para una gran parte de la población es un incentivo más.

Lo triste y más dañino de este fenómeno es que, a la larga lista de los que se van huyendo, se suman los profesionales, la mano de obra calificada, la sangre joven. Hecho que debilita tanto la economía como la posibilidad de que El Salvador salga en algún momento de la crisis política y social que atraviesa.

Como migrante, que tuvo que salir huyendo de El Salvador, puedo dar fe del flagelo que representan las pandillas para la prosperidad y libertad del país. Su accionar y la venta de sus servicios como sicarios dan poder a la corrupción política, que ven en ellos una herramienta para silenciar cualquier voz y aplastar cualquier movimiento.

También puedo decir sin temor a equivocarme que mientras estos grupos que supuestamente operan fuera de la ley sigan siendo protegidos por las autoridades, que negocian con ellos, el salvadoreño trabajador y que puede aportar, seguirá desertando y buscando en otras patrias lo que su propio país no le puede proveer.

El desencanto y el peligro que representa el poder que adquieren estos grupos criminales, se vuelve, en muchos casos, el ancla que como diáspora nos mantiene lejos.

Perpetuando la leyenda de “los hermanos” que triunfaron lejos, porque se les obligó a irse, al abandonarnos sin opciones de protección, en vez de ser los que aportan y ayudan a convertir a El Salvador en un mejor país por tener las manos atadas.

El mismo embajador de Estados Unidos en El Salvador, Ronald Johnson, dijo en una columna de opinión que es importante reconocer cuáles son las causas que originan la migración y que uno de los factores que contribuyen a que se siga dando este fenómeno es “la falta de oportunidades”.  (https://twitter.com/USEmbassySV/status/1344304141070462978?s=20)

A las palabras del diplomático, yo agregaría “y la falta de seguridad”. Ya que ésta es la piedra angular de la vida de cualquier persona y es un derecho humano.

Datos importantes de la ONU

  • A fines de 2019, más de 800.000 personas de El Salvador, Guatemala y Honduras habían buscado protección dentro de sus países o habían cruzado fronteras internacionales en busca de asilo para escapar de amenazas interrelacionadas, incluidos niveles crecientes de violencia y persecución de pandillas, entre otros factores.
  • Si bien algunas mujeres y niñas jóvenes son víctimas de violencia sexual y de género perpetuada por pandilleros, los hombres jóvenes son explotados con fines delictivos, incluido el tráfico de drogas, o son reclutados por completo en grupos delictivos.

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