Por: Liset Orellana, Corresponsal de Prensa en EE.UU.
Estados Unidos enfrenta una creciente crisis operativa en sus principales aeropuertos, marcada por largas filas, retrasos masivos y un polémico despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en medio de un déficit crítico de personal de seguridad.
La situación se origina en el prolongado cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que ha dejado a miles de trabajadores esenciales, especialmente de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), laborando sin salario durante semanas. Esta condición ha provocado una ola de ausencias laborales y renuncias que impacta directamente en la operatividad aeroportuaria.
Datos oficiales revelan que más de 400 agentes de la TSA han abandonado sus puestos desde el inicio de la crisis, mientras miles más han faltado a sus turnos, generando tiempos de espera de varias horas en los controles de seguridad.
En algunos aeropuertos, los niveles de ausentismo han superado el 30% e incluso el 50% en ciertos días, lo que ha obligado a las autoridades a emitir alertas a los viajeros para que lleguen con mucha anticipación.
Además, la situación se agrava por el hecho de que más de 50,000 empleados de la TSA han trabajado sin recibir pago, una situación que sindicatos califican como insostenible.
ICE entra en escena
Ante el deterioro del sistema, el presidente Donald Trump ordenó el envío de agentes de ICE a aeropuertos clave del país, incluyendo terminales en Atlanta, Chicago y Nueva York, con el objetivo de apoyar en tareas operativas y reducir los retrasos.
Según autoridades federales, estos agentes no reemplazan a la TSA en funciones especializadas, sino que colaboran en labores como control de accesos, vigilancia de salidas y manejo de flujo de pasajeros.
Sin embargo, la medida ha generado fuertes críticas. Líderes sindicales advierten que los agentes de ICE no cuentan con la formación específica en seguridad aeroportuaria, lo que podría representar riesgos adicionales.
El origen de la crisis radica en un estancamiento en el Congreso sobre el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional, particularmente en torno a políticas migratorias impulsadas por la administración federal.
Mientras ICE y otras agencias continúan operando con fondos aprobados previamente, la TSA ha quedado en una situación financiera crítica, profundizando el desequilibrio operativo en los aeropuertos.
Expertos advierten que, de no resolverse el conflicto presupuestario, el sistema aeroportuario podría enfrentar interrupciones aún más severas, afectando no solo a millones de pasajeros, sino también a la economía y la seguridad nacional.
Impacto inmediato en viajeros
El resultado es visible en todo el país: largas filas, vuelos retrasados y una creciente incertidumbre entre los viajeros. Incluso se ha contemplado la posibilidad de medidas más drásticas, como el uso de la Guardia Nacional si la situación empeora.
Mientras tanto, la solución de fondo sigue dependiendo de un acuerdo político que permita restablecer el financiamiento y normalizar las operaciones en los aeropuertos estadounidenses.
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