“Dibujo hasta en las servilletas en los bares”

“Dibujo hasta en las servilletas en los bares”

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Luis Castellanos trabaja en Diario Co Latino y ambiciona mostrar sus dibujos al mundo | Foto por Juan Carlos Villafranco
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Por Santiago Leiva

¿Puedo? Adelante. Prendió un cigarro y enseguida una bocanada de humo escapó entre sus dientes y labios. Privar a Luis de un cigarro es como prohibir a un bohemio escritor o  periodista de ello; como cohibirse de una taza de café cuando se escribe.

Luis Castellanos, no es ni escritor ni periodista, pero la pinta le sobra. El pelo largo rebelde sujetado por una cola de macho, barba blanca desaliñada y una vida despreocupada le dan un perfecto look de escritor o artista plástico. Él asegura que lleva la inventiva en la sangre desde niño, y hoy en su etapa de adulto mayor está luchando con bravura porque ese arte que corre por sus venas pueda ser expuesto más allá de su interior.

Lleva años combinando sus quehaceres en Diario Co Latino con una técnica de dibujo sin nombre, pero que está convencido tiene su propio sello y es virgen porque ha nacido de sus entrañas. “Para llegar a este diseño y verlo terminado me he tardado 30 años quizá, he ido innovando con diferentes técnicas. Yo creo que este dibujo lo que hace visualmente es que las personas interactúen y que cada quien se imagine lo que quiera”, dice Luis, nacido hace 65 años en Los Andes de San Marco. Este obrero del arte tuvo una niñez tranquila, pero durante su etapa de rebeldía le entró de lleno al “monte”, y eso le llevó a estar preso allí aprendió oficios como tallar en madera y pulió su gusto por el dibujo. Acá está su historia.

 

 

Hay quien dirá que  dibujas locuras, y look de dibujante no te falta, ¿te consideras un artista plástico?

Considerando lo que hago yo pienso que sí, esta es mi manera de expresarme, otros escriben poesía o crónicas, y yo me expreso así.

 

¿Y qué quieres  expresar con tus dibujos?

La vida, si ves mis diseños están fundamentados y son originales. Yo les he dado vida. Para llegar a este diseño y verlo terminado me he tardado 30 años quizá, porque he ido innovando con diferentes técnicas. Yo pinto también con pincel, me gusta calar figuras en maderas y me gustó la artesanía, hacer morrales con figuras mías, pero esta técnica es más económica porque solo necesito papel, un bolígrafo negro para armar la estructura del dibujo y plumones para darle color.

Fotos de Santiago Leiva

 

Decís que este estilo te ha llevado 30 años, ¿cómo fueron tus inicios, que pintabas antes?

Mira hacia paisajes. Dibujaba cantaritos sobre una mesa, pero más que todo paisaje, pero quería algo propio, algo original, y si ves aquí no copio nada.

 

¿Qué no nombre le pondrías a tu estilo?

Son dibujos bien abstractos que tienen una simetría imperfecta, pero yo los hago. Yo creo que este dibujo lo que hace visualmente es que las personas interactúen y que cada quien se imagine lo que quiera.

 

¿Yo le veo similitud a lo tribal?

Sí, si tiene bastante similitud, es decir puede ser similar, pero es muy diferente.

 

¿Cómo nacen estas figuras, las plasmas primero en tu mente o en el camino vas inventando?

En el flashazo primero veo la página en blanco, pero veo también la figura y la forma en que puedo plasmarla. Entonces empiezo con esa primera estructura. Y después en el camino voy agregando elementos, y voy adaptando la forma sobre la forma.

 

¿Repites figuras?

Es bien difícil que yo caiga en eso, no puedo repetir. Todas son diferentes, podría haber similitudes pero jamás iguales.

 

¿Te han dicho alguna vez este Luis está loco?

Sí, muchas veces. Dicen este ya está directo, saber cuántos se ha fumado, pero es pasión y cualquiera puede pensar que ando directo.

Sus dibujos son únicos y perfeccionar la técnica le tomó tres décadas | Foto Juan Carlos Villafranco

¿Por qué decidiste dibujar?

Me apasionó desde pequeño. Fijate que cuando yo estaba cipote dibuje el retrato de mi madre con lápiz, como yo lo hice me gustó, y cuando mi hermano mayor la vio le gustó y comenzó a comprarme libros para que yo viera figuras humanas y como hacer dibujos. Ahí comencé yo a querer expresarme por medio del dibujo. Si supieras la cantidad de dibujos que tengo para llegar a este, Dios guarde.

 

Era otro tipo de dibujo…

Claro, pero llegué a este. El tiempo vino regulando las líneas para que las formas fueran más impactantes, esto es bien impactante. Porque son varias figuras que concuerdan en un espacio. Yo me siento satisfecho de esto, aunque no gane.

 

¿La inventiva te acompaña entonces desde la niñez?

Sí, yo hacía mis juguetes de madera. Hacía avioncitos y lanchitas que hasta se movían. Agarraba las caricaturas de los domingos y las dibujaba. Desde ahí quería tener mi estilo y sentirme satisfecho.

 

¿Y dónde aprendiste a tallar en madera?

Hay momentos en los que uno tiene que dejar que lo adapten. Yo aprendí a hacer esas cosas porque una vez me detuvieron por posesión de droga, de monte que fumaba la marita con la que yo me reunía. Fue un proceso bien yuca porque a mí me encontraron la babosada (la marihuana) y me llevaron a un penal. Entonces yo en ese penal aprendí a tallar y a mejorar los dibujos. Quizá fue necesario que fuera ahí porque llevaba una vida de “rockanrolero”, de fumón. A mí me pusieron en la universidad y quizá estudie dos años de ingeniería, pero desgraciadamente quizá solo un año estudie más o menos, después yo no llegaba a la facultad por andar con los grupos de rock, mi vida era un solo deschongue. Entonces de alguna manera hubo eso (cárcel) que me detuvo y ahí aprendí muchas técnicas de los artesanos de ahí.

 

¿Cómo fue lo de tu captura?

Estábamos con unos cipotes allá por la Zacamil, en un lugar conocido como Los Cuatrocientos, entonces nos vieron los de una patrulla cantonal y nosotros salimos arriados para Los Llanitos y ahí nos agarraron a todos, a las cipotas y a toda la marimba. De todos los que estábamos solo yo y otro cipote salimos involucrados en el trance. Y a huevos yo era el responsable porque yo era quien había llevado para que fumáramos ese día. Nos turnábamos con los chamacos de por ahí quien la llevaba , un día le tocaba a uno, otro día a otro y ese día me había tocado a mí y desgraciadamente yo me la soplé. Pero eso me cambió.

 

¿Te sirvió la cárcel como aprendizaje?

Así tiene que tomarse, pero para mí fue duro no creas porque le corta las aspiraciones a cualquiera. Pero aún ahí adentro había un señor que me compraba los cuadernos con los dibujos que yo hacía. Él me compraba los cuadernos y luego yo se los vendía ya con dibujos.

 

¿Qué dibujabas para él?

Eran unos dibujos de soledad. Hacía cuadros sicodélicos tipo posters. Hombres echando rayos destellantes de los ojos. Eran dibujos subterráneos, pero él por cada cuaderno me daba mis 25 colones y de eso pasaba yo. Fueron como nueve meses los que estuve, pero fueron días tremendos porque ahí mandaba el más fuerte y desde que llegué escuché el: me gustan tus zapatos y quítatelos porque son míos y tuve que soltarlos porque si no te dan. Yo vi como arrastraron a dos chamacos que iban delante de mí porque no querían despojarse de sus cosas. Entonces yo  tuve que darlos porque ya había visto lo que pasaba.

 

Vos tuviste una niñez normal ¿cómo llega tu época de rebeldía?

Yo nací en Los Andes, de San Marcos, y sí tuve una niñez normal. Mi rebeldía llegó cuando conocí la droga, fumaba con las chicas, íbamos a la playa, pero como te digo necesitaba algo que me detuviera y yo así tomo esa experiencia de la cárcel.

Las creaciones de Luis Castellanos | Foto Juan Carlos Villafranco

Me imaginó que el movimiento musical de aquel entonces también te empujaba a la droga

Sí  fui parte del movimiento musical. Yo era marañón, marañón le decían a la mara que jalaba los aparatos de los grupos. Carlos Mangandi, ese chamaco tenía buenas amistades con los músicos porque el hermano de él era músico de Los Beats, entonces yo me reunía con ellos y les llevaba las cosas. Y como yo siempre andaba cargadito (mota) me hice chero con ellos, porque toda esa marimba fumaba. Y luego con el tiempo me convertí en marañón de Los Supersonicos, Los Beats,  Los Kiriaps, eso fue hasta que llegué  a un grupo que se llamaba los Sonidos del Silencio ahí me quedé porque hasta me dieron donde vivir y aprendí a tocar la batería. Algunas veces que andaba en la fiesta con “X” grupo si faltaba alguien ahí estaba yo que me podía el repertorio, y me gustó pues andar jodiendo, me gustaba estar bien sonado, eléctrico dándole a la batería, pero no me quejo porque todo eso lo hice para aprender.

 

¿Los Beats era un grupo pesado, como veía la gente esa música?

Para mi eran lo máximo, Los Beats fue una banda yo creo de las mejores del país. Para ese entonces también estaban Los Supersonicos y Los Intocables.  Había varios grupos.

 

¿Y había también mujeres siguiéndolos por todos lados?

Sí eso era lo que más le agradaba a uno. Después de las fiestas nos íbamos a joder a la playa. Esa vida es así, por eso es que a uno lo atrae. Y como te digo yo fui integrante de Los Sonidos del Silencio.

 

¿Qué fue lo más loco que te pasó en tu tiempo de rebelde?

Lo más loco fue haber estado en la Universidad (de El Salvador) cuando se la tomaron (los militares). Cuando ocuparon la Universidad estaba bien loco debajo de una ceiba, por AGEUS, y tenía que estar en la facultad. Cuando la ocuparon hubo un gran desparpajo, no encontrábamos por donde salir, pero abrimos la malla ciclón y por ahí salimos. En un ratito se me pasó todo.

 

¿Te vistes tentado a integrarte a la guerrilla?

Fijate que ellos mismos llegaban a las facultades y nos decían: miren aquí la primera carrera que van a sacar es la de las armas, y estábamos para recibir instrucciones para hacer y deshacer, pero luego me alejé  cuando me comprometí con mi mujer. Me casé y ya no anduve mucho de loco.

 

¿Alguna vez te reclutó la Fuerza Armada?

Sí me reclutaron, pero me les safé a los hijos de la guayaba. Bueno fueron dos veces la primera fue forzada, venía de pescar con un primo en el cantón Corozorozal de Berlín. Menos mal que un tío era el comandante del lugar, y me habían llevado los de la patrulla. La Guardia Nacional me agarró una vez porque había sacado un “chingolingo” para jugar y eso era prohibido.

 

¿Un chingolingo?

Sí un chingolingo de madera que yo había hecho. Me agarraron y me llevaron al pueblo con ese chunche en el lomo, me soltaron rápido, pero ellos si me iban pegando en el camino porque era la Guardia y ellos eran rígidos. Menos mal que no me agarraron ellos con el monte.

 

¿Hasta dónde esperas llegar con tus dibujos?

No lo sé, hay movimientos de artistas por sus técnicas de dibujos, y la mía es sencilla, pero contundente. Es visualmente golpeadora.

 

¿Podría ser una locura convertida en arte?

Yo creo que sí.

 

¿Cuál es tu función en Diario Co Latino?

Fui dibujante, tuve el departamento de arte, yo diagramaba (Suplemento) Amigos, el Deporte, el suplemento de los sábados, El Tres Mil. Como dibujante, los anuncios y la publicidad yo la llevaba. Pero todo esto cambio y ahora preparo el químico para las láminas que yo revelo. Ya cuando se completa el proceso voy a la maquina rotativa.

 

Hoy todo ha cambiado en aquel tiempo debió ser difícil

Todo era manual, tenías que cortar con tijeras y pegar, tenías que tener buen ojo para armar las páginas y que no te quedaran torcidas.

 

¿El dibujo entonces lo consideras un hobbie?

Es parte de mí, esté donde esté estoy dibujando, hasta en servilletas en los bares.

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