Fredy Segura, pintor: “Mis primeros dibujos los hice con el carbón de la cocina de mi mamá”

Foto tomada del perfil de Facebook de Freddy Segura

Por Santiago Leiva

Sobre la mesa de pequeño estudio hay un cuadro a medio andar. Manso espera que caiga la noche para que el pincel de Fredy Segura le de vida y color a su muda protesta. Son árboles mutilados con figuras femeninas que denuncian sin hablar la deforestación y el maltrato de la mujer. En la pared de enfrente una pera con caderas pronunciadas observa el horizonte lejano; y en plan de exposición un pequeño bote artesanal sale sin tripulantes de las profundidades del mar. Las paredes de su sala también están tapizadas de sus obras,  pintorescos cuadros que cuentan sus propias historias.

Del Fredy niño, que dibujaba con carbón sobre una blanca pared de bajareque en su natal Huizucar no hay rastros en ninguna de sus obras. Este artista plástico salvadoreño aún no da un nombre propio a su estilo, pero es claro que lo que inició con garabatos en su niñez se ha convertido hoy en un arte, un arte digno de admirar.

“Ese cuadro se llama las Danzarinas”, dice mientras señala la obra en la que trabaja. “Esa pintura es un canto más que todo contra  la destrucción de la naturaleza. Lleva una protesta en contra del feminicidio, en contra la violencia hacia la mujer. Si usted ve son árboles mutilados con caderas y sus partes de reproducción”, sostiene.

Fredy ya ha encontrado hogar para algunas de sus creaciones, pero reconoce que en el país difícilmente se puede vivir del arte de pintar de ahí que lo ve más como un pasatiempo. Empero no es su único hobby, en su tiempo libre escribe poesía y forma parte de un grupo cristiano que toca música andina. De hecho varios instrumentos le acompañan en su estudio de pintura.

“Escribir poemas me ha ayudado a poder escribir la letra de algunas de las  canciones y mis compañeros le ponen la música. Hace tres años hicimos nuestro primer disco y lleva algunas de las canciones que escribí”, relata. Fredy Segura es nuestro personaje de esta semana.

¿Cómo trazaría el lienzo de su vida?

Desde mi niñez he venido trazando mi lienzo a manera que pueda lograr mis objetivos. Mi área profesional participa en gran manera para que mi lienzo venga desarrollándose. Al final espero llegar a un punto, a una edad, en la cual yo pueda pasar haciendo solo arte. Sentarme solo a pintar y tener a mi lado un semillero de niños y jóvenes que puedan aprender humildemente de lo que yo pueda enseñarles. Dejar ese legado sería mi aporte a la humanidad.

 

¿Su aporte sería dejar pintores?

Sí, dejar pintores hechos y dejar escuela. Ese sería mi aporte a la humanidad, al país.

Foto Santiago Leiva

Esa es visión de futuro…

Sí, y en mi visión al futuro se encuentra mi amado municipio de Huizucar. Ahí  en el pueblo y sus cantones existe gente buena, trabajadora. Gente que siempre te regala una sonrisa, gente de la tercera edad que aún se viste de gala los fines de semana para recibir a los turistas. Es cuna de grandes músicos que ahora andan en las grandes orquestas de nuestro país, es gente de agricultores y de paisajes bellos, de ríos,  cascada. Me quedo pensando y digo que yo me pude haber salido del municipio a continuar mi vida de adulto, pero mi niñez y mi corazón se quedaron ahí. Le pido a Dios que un día me premie y me dé la oportunidad de fundar una verdadera escuela de artes, donde las generaciones  de sus cantones y el pueblo puedan llegar y sentarse a aprender y desarrollarse por edades y etapas en el ramo del dibujo y la pintura de una forma académica siguiendo un proceso ordenado de enseñanza como lo aprendí de mis maestros en el CENAR…

 

¿Cómo define su estilo de pintura?

Yo quizá no enmarco en un estilo tan definido porque pinto de acuerdo al momento. Si usted mira mis obras son bastante poéticas y algunas son bastante nostálgicas. Otras son bastante sub realistas como la que tengo en proceso. Yo pienso que mi estilo es variable, no hay un estilo marcado. Mi estilo es bastante colorido, con temáticas nostálgicas y muy poéticas.

 

Imagino hay una escuela…

Sí, yo me quedaría quizá en el subrealismo, el subrealismo a mí me encanta. Admiro a Van Gogh en el área impresionista, pero Van Gogh a mí me cuesta bastante. Yo aprendí mucho de dos escuelas muy grandes que son la del maestro Antonio García Ponce y la de don Carlos Cañas, en la pintura, y dentro del dibujo de don Alfredo Catalán. Los tres ya fallecieron lastimosamente y yo quizá fui uno de las últimas generaciones. Después de mi generación quizá hubo cinco o seis generaciones más que pasaron por las manos de ellos. Mis corrientes están más que todo enfocadas en la enseñanza de ellos.

 

¿De dónde nace esa vena artística para el dibujo y la pintura?

Fíjese que yo dibujo desde que tengo memoria. Mi material para el dibujo era el carbón que dejaba mi mamá después de cocinar. Cuando se apagaba en el fuego yo buscaba en las cenizas los pedazos de carbón que quedaban. Buscaba los carbones más blanditos. Después me iba a basurear, a buscar las cajas de cartón que botaban de una tienda porque me servían para mis lienzos. Ahí probaba los carbones.

 

¿Su niñez trascurrió dibujando con carbón?

Sí, como le contaba mis primeros dibujos los hice con carbón de la cocina de mi mamá, yo vengo de una familia humilde. Vengo de un cantón que se llama “Ojos de Agua” es de Huizucar, La Libertad. Ahí las casas son de bajareque, y mi casa era de bajareque. Era una casa larga con un gran corredor y en la parte de atrás tenía una gran pared como de 20 o 25 metros. Esa pared la tenían pulida con lodo fino y pintada de blanco, y era el lienzo que yo tenía.

 

¿Qué dibujaba?

Lo que yo dibujaba eran mis vivencias. Yo tenía un cuñado que se llamaba Alejandro, él tenía bueyes y carretas, y yo lo tenía dibujado en esa pared. Lo había hecho alto y bigotudo puyando los bueyes que jalaban la carreta. Los dibujos eran a mi estilo, nada perfecto como ahora, eran garabatos, pero esos eran mis dibujos. Había dibujado a los buses de mi pueblo, me acuerdo de un bus que era largo, verde y trompudo que le decíamos la “Vacona”. Esos buses pasaban llenísimos de gente, hasta en la parrilla, y había otro bus que solo le decíamos el de “Balmore”. Ese también lo tenía dibujado. Había dibujado ríos, al vendedor de helados que le decíamos el “Choco”, perros orinando, gallos peleando, tenía de todo… esas eran parte de mis vivencias.

¿Cómo llegaban esas imágenes a su mente?

Se me ocurrían. Yo llegaba con mi carbón a la pared y comenzaba a dibujar a las personas como yo las había visto. Por ejemplo mi papá tenía un hermano que se llamaba Eusebio y le decíamos tío “Chevo”, él toda la vida andaba bolo y yo lo dibujé bolo.

 

¿Qué pasó con esa pared?

Yo estudié mi primaria en la escuelita del cantón Ojo de Agua y en el pueblo de Huizucar, pero en 1984 tuve que emigrar a estudiar a San Salvador y la pared quedó ahí, pero el terremoto del 10 de octubre de 1986 dejó bien dañada la casa y la tuvieron que botar. La demolieron e hicieron otra. A mí lo que más me dolió fue la pared. Cuando volví solo encontré los volcancitos de tierra, no había ningún dibujo, el temblor hizo que el repello de la pared se desprendiera.

 

¿Cuándo se da cuenta que lo suyo sería el dibujo, la pintura?

Cuando salí de tercer ciclo tenía un problema con mi papá. En ese tiempo después de salir de noveno grado uno tenía dos opciones: estudiar si existían las posibilidades (económicas) o esperar que el ejército lo reclutara a uno. Mi papá me propuso que estudiara contabilidad, estaba cerrado en que fuera contador, pero a mí no me gusta la contabilidad…

 

¿No le gustan los números?

Me encantan, pero los números de ingeniería, los de arquitectura. Los de contabilidad no me gustan. Él quería que yo fuera contador y la cosa es que quien iba a poner el dinero era él y yo tenía que ser obediente. Al final no estudié contabilidad

 

¿Cómo hizo para escapar a los números contables, cómo enamoró a su papá para que le dejara estudiar arte?

Fíjese que no hice nada adrede, pero una vez, él trabajaba acá en San Salvador y llegaba cada ocho días a la casa, me puse a dibujarlo a lápiz en una página de papel bon. Vi una foto pequeña de él y no sé qué se me dio y me puse a dibujarlo, pero sin la mayor intención de que ese trabajo lo iba a convencer a él. Pues lo dibujé y cuando se lo enseñé a mi mamá me dijo: ¡hijo ese es tú papá!, vimos la foto y vimos el dibujo y era igual. Colgué el dibujo en un cuadro, y cuando mi papá llegó como las 4:00 de la tarde, mi mamá se la mostró. Él me preguntó si yo lo había dibujado, le dije que sí y me dijo: está igualito, ¡bárbaro!, tú tienes talento, no se hable más de la contabilidad. Hay que buscar donde vayas a estudiar para que te enseñen a dibujar.  Es así como yo llegué al CENAR A estudiar bachillerato en artes.

 

¿Ahí cambia usted de dibujo a la pintura?

El dibujo y la pintura van a la par.

 

Pero antes de niño solo hacía dibujo…

Sí, en el CENAR  se dio el cambio. De mis dibujos que hacía de chiquitín pasé a que me enseñaran el dibujo ya natural, formal. Don Alfredo Catalán me enseñó a hacer trazos, a dominar la mano. Le enseñan un montón de ejercicios para que uno tenga la habilidad, a desempolvar ese talento que uno tiene.

 

Usted llegó con su talento en bruto ¿qué es lo que más le costaba?

Fíjese que en el CENAR, en las aulas de dibujo, nos ponían al centro un elemento, digamos por ejemplo un cántaro de barro y nos poníamos todos a dibujarlo de la mejor manera posible. La primera vez que dibujamos ese cántaro se eligieron los tres mejores y el mío fue tercer mejor cántaro. Ese cántaro me marcó porque ahí me di cuenta que tenía talento. Después pasamos a ejercicios más serios. Nos metieron bastante que dibujáramos la figura humana, primero con ropa y después desnudos.

¿Hay mucho artistas que le apuestan al desnudo, a lo erótico ¿le gusta ese campo?

Si me gusta esa parte. El problema está que la cultura de nuestro país, más ahora con las redes sociales, lo ve como vulgar, sin embargo si usted ve este cuadro (señala uno de sus cuadros en el estudio) tiene figuras humanas eróticas subrealistas. Esa pintura se llama “Los Sueños del Noctambulo” y es una pera con cuerpo de mujer

 

El que está trabajando también muestra árboles con figuras de mujer…

Sí ese se llama “Las Danzarinas”. Es un canto más que todo contra  la destrucción de la naturaleza. Lleva una protesta en contra del feminicidio, contra la violencia hacia la mujer. Si usted ve son árboles mutilados con caderas y sus partes de reproducción. Nosotros destruimos la belleza natural en el aspecto que talamos árboles, maltratamos a la mujer.

 

¿Cuál es el mensaje generalizado que llevan  sus pinturas?

Mi mensaje creo que es un canto a la no destrucción de la naturaleza. La mayoría es un canto a la naturaleza y a la mujer. Voy a comenzar una serie de pinturas que serán solo de mujeres, pero no serán solo mujeres desnudas. Se llamará “Llantos de mi Patria”, será de mujeres sufridas, mujeres trabajando…

 

¿Le pidió, pintó o dibujó a alguna de sus novias desnuda?

Una vez, no una novia, sino una amiga me pidió que la dibujara y yo accedí. Preparé mi lienzo, preparé mis óleos, mis pinturas, pero no teníamos un lugar íntimo donde pintarla. Ella me dijo que iba a pagar un hotel, era una mujer muy libre de mente…

 

¿Imagino es difícil pintar un desnudo real?

Uno como artista aprende a diferenciar. Por ejemplo a mi esposa no la puedo ver como modelo, mi esposa es mi esposa y a una modelo la veo como modelo no como mi esposa.

 

¿Ósea que con una modelo no brotan los deseos carnales?

Exacto. Yo no puedo estar deseando a una modelo porque tiene glúteos bonitos, porque tiene bustos, piernas y todo eso, uno se compenetra. En el CENAR aprendimos a eso. En el CENAR las modelos se desnudaba enfrente de nosotros.

 

¿Qué pasó con la chica del hotel, la pintó finalmente?

No. A la hora que yo ya tenía todo listo y acordamos el día, ella se arrepintió. Me dijo que mejor no porque podía pasar algo. Ella llevaba la mentalidad, pero yo no tenía esa mentalidad. Yo iba a lo que iba, yo iba como artista a pintar. Ha habido otras gentes que quieren que las pinte desnudas, pero solo queda en plática. Yo tengo la capacidad de pintarlas desnudas y no pasa nada.

 

Para pintar se necesita material ¿da la pintura al menos para pagarse por sí misma, ha vendido sus cuadro?

He vendido obras y también he vendido por encargos.

 

¿Qué piden les pinte?

Hace poco pinté un Ángel, lo pinté con espátulas. También hace poco me pidieron que les pintara una hortensia, se las pinté y se las llevé.

 

¿Cuál es el cuadro más caro que ha vendido?

Vendí una pintura que se llevaron para Guatemala. La pintura se llamaba “Gestación”. Eran unas plantas. Esa es la pintura más cara que he vendido. En ese tiempo eran colones y la vendí creo que en tres mil colones.

 

¿Da la pintura para vivir?

No, no da. Yo soy publicista. Perdón que retroceda para responder esta pregunta. Fíjese que después de salir del CENAR pasé por varias empresas de diseño en el área de creatividad, en el área de ilustración y anduve rolando en varias empresas: imprentas, empresas de diseño y producción de vallas, hasta que llegué a ser contratado por una empresa de publicidad que se llama McCann Erickson. Entonces yo me enrolé con McCann Erickson que aquí en El Salvador se llama O&R McCANN. Trabajar en estas empresas me ha servido para tener un presupuesto para mantener a la familia. Vivir de la pintura aquí es bien difícil porque los espacios son bien cerrados para vender.

 

¿Pero si sale lo de los materiales?

Se saca. Por ejemplo hace poco vendí un cuadro en $400 dólares.

 

La pintura es hobby entonces…

Yo lo veo como hobby, yo pinto en las noches y fines de semana. Si no tuviera un empleo, y si vería la pintura como un arma para poderme rebuscar y vivir. Yo tengo varios amigos que son buenos artistas y les ha ido a veces no tan bien. Tienen sus grandes estudios y sus pinturas, pero la gente no llega a comprar.

 

Veo en su estudio varios instrumentos andinos ¿tiene otros hobbies?

A mí me gustó siempre jugar fútbol y era bastante bueno, he hecho también artes marciales. En el CENAR también aprendí el gusto por la música y descubrí que tenía  un poquito de talento para la música, pero lo tomo más como hobby aficionado. Aquí en mi estudio aparte de mis lienzos y mis pinceles, y todos los materiales del arte, tengo mis instrumentos musicales. Tengo guitarra, zampoña, charango, quenas…

¿Participa en algún grupo de música andina?

Sí, tenemos un grupo de música andina que es de carácter cristiano, se llama “Yoloiztac”. Lo fundamos con buenos amigos. Ellos si son músicos. Yo lo que hago es escribir y ellos le ponen la música.

 

¿Usted escribe canciones?

Sí, canciones cristianas y también escribo poesía. Escribo poemas. Escribir poemas me ha ayudado a escribir la letra de algunas de las  canciones y mis compañeros le ponen la música. Hace tres años hicimos nuestro primer disco y lleva algunas de las canciones que escribí.

 

¿Por qué apostaron por un grupo cristiano?

Mi Mamá me inculcó (el cristianismo) desde niño. Desde que yo me acuerdo iba a la iglesia evangélica con mi Mamá.

 

Eso significa cero vicios…

Sí porque nunca hubo vicios. A lo sumo bailar. Me gustaba bailar.

 

¿Qué bailaba?

En ese tiempo que estaba joven bailábamos las canciones de John Travolta, de los Bee Gees y también bailábamos el “tabares”.

 

Jajaja, pero no se vestía como John Travolta

No, me vestía como Michael Jackson con pantalones cortos, calcetines blancos y zapatos lustrados porque me gustaba bailar también “break dance”. He tenido chispazos de joven loco, pero dentro de los cabales porque nunca pasó por mi cuerpo droga, alcohol o tabaco.

 

¿A qué le escribe en su poesía?

Por lo general (a la mujer), para mí las mujeres son las flores del mundo. Cuando yo le hablo a una flor estoy refiriéndome a una mujer. Yo le escribo a la mujer universal.

 

¿Ha pensado escribir un libro de poesía?

Sí tengo en proyecto un poemario, me lo han pedido.

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