Eduardo Calacin, artista conceptual: “Crecí con amores platónicos del mundo de la animación“

Foto de Santiago Leiva

Por Santiago Leiva

Calacín o Calacin, en realidad no le importa como lo pronuncie la gente. Tampoco sabe si su apellido es indígena, como creen algunos, o filipino como lo dijo alguna vez su padre. Lo que Eduardo tiene claro es que ese apellido se lo heredó un sonsonateco llamado Juan Calacin y que le orgullece tanto que es su firma artística.

“Mi apellido proviene de mi padre y lo luzco con orgullo porque fue un gran artista: era grabador, escultor, fue maestro del Centro Nacional de Arte y yo seguí sus pasos”, dice Eduardo, joven salvadoreño cargado con un tanque de talento para la música, el retrato, el dibujo, la caricatura, la ilustración y la pintura.

Y es que Eduardo es fruto de una relación que prácticamente nació en el CENAR,  su padre impartió cátedra allí, y su madre, doña Salomé Valencia, con habilidades para la plástica, fue su alumna.  “Mi mamá es artista también. Ella fue quien me enseñó a como tomar el lápiz, me enseñó los degradados de las tintas, de los colores. Yo miraba lo que mi papá había hecho, pero mi mamá me enseñaba como usar las herramientas. Yo me inspiré básicamente en él y él ha sido mi maestro más que cualquier otra persona viva en este mundo”, relata.

Obviamente Eduardo también pasó por el CENAR, ahí aprendió formalmente las artes plásticas y a tocar diversos instrumentos que le llevaron a formar parte de bandas de pop y rock e inclusive a incursionar en el grupo tropical guatemalteco llamado “Rana”.

Su talento también le ha valido para prestar servicios en el campo de la ilustración en medios de comunicación tradicionales como el Diario de Hoy, LA PRENSA GRÁFICA y Canal 21. Su gran sueño sin embargo es llevar sus personajes de animes a la gran pantalla, pues desde niño es un enamorado de este tipo de dibujos animados. Creció viendo a Dragon Ball, pero sin duda una de sus heroínas preferidas es “She-ra” la hermana gemela de He-Man. “She-ra” me gustaba mucho desde pequeño, decía que era mi novia y estaba enamorado de ella”, recuerda. Eduardo Calacin y su mundo de personajes fantásticos es nuestro personaje de la semana.

Calacín suena a personaje de caricatura, a personaje de manga ¿es tu apellido real?

Sí, mi apellido proviene de mi padre. La gente siempre dice Calacín, pero es Calacin. Calacin es un apellido que luzco con orgullo porque mi padre era un gran artista. Mi padre, Juan Calacin, era maestro  en el Centro Nacional de Arte y yo desde pequeño decidí seguir sus pasos.

¿Qué hacia tu papá?

Él era grabador y escultor. Se dedicaba a las artes gráficas y en los años 70s., era maestro de arte en el CENAR, lamentablemente falleció cuando yo era muy pequeño. Mi Mamá me contaba anécdotas que él era un gran artista, que su obra era muy crítica al gobierno y que como en ese momento la situación era inestable por el conflicto armado eso hizo que su trabajo desapareciera, y a mí se me hizo casi imposible ver su obra. Lo poco que he logrado rescatar de su obra han sido en su mayoría retratos, pero me hizo aprender mucho de su técnica. Yo me inspiré básicamente en él y él ha sido mi maestro más que cualquier otra persona viva en este mundo. Yo me he inspirado y orientado básicamente en el trabajo de él.

¿Ósea tu maestro ha sido un muerto?

Exacto, exacto, yo retome todo lo que él tenía, lo que pude conseguir para continuarlo yo. Así que mi maestro ha sido mi padre que ya no está, y que nunca estuvo con migo que  recuerde, peo que sentí un vínculo fuerte con él desde muy pequeño.

¿Cómo te inicias vos?

Comencé con un retrato a lápiz que él le hizo a mi madre. Fue un retrato que él hizo en una clase y se lo hizo a mi madre porque mi madre era alumna de él, aprendió con él. La foto que dibujó era cuando mi madre era una niña.

¡Tu mamá era su alumna!

Sí, mi mamá es artista también. Ella se llama Salomé Valencia y fue quien me enseñó a como tomar el lápiz, me enseñó los degradados de las tintas, de los colores. Yo miraba lo que mi Papá había hecho, pero mi mamá me enseñaba como usar las herramientas.

¿Tu Mamá a qué se dedicó?

Mi Mamá fue comunicadora en una empresa nacional, pero la plástica siempre la llevó de la mano. A ella le gustaba el arte, pero para podernos dar de comer trabajó como comunicadora.

¿Qué pintaba ella?         

Ella se dedicaba más que todo a la pintura acrílica con temas más abstractos y un poco de paisajismo. Ella ya no pinta porque la aquejan problemas de la vista, pero mantiene su dominio en el yeso pastel y siempre me está dando consejos.

Puros genes artísticos en tu sangre…

Exacto, pero no solo los genes, ellos me transmitieron también la confianza porque cuando yo llegaba a una conferencia para hablar sobre arte  sentía la confianza que era hijo de grandes artistas. Eso me hizo que nunca dudara de mí, ni de mi trabajo.

¿A qué edad le entraste al arte?

Yo empecé seguramente cuando tenía menos de diez años. Recuerdo que mi papá tenía unos libros y yo los manchaba. Encima de los libros yo hacía las mismas figuras que miraba. Mi mamá me dice que a pesar de estar pequeño ya se me miraba un trazo fluido y fuerte.  Así comencé.

¿Estudiaste en el CENAR?

Sí, después del bachillerato me fui al CENAR. Ahí estuve becado porque mi padre fue maestro de ahí y dejó un legado. Ahí saqué un diplomado, estudie artes plásticas con especialidad en cultura y música con especialidad en violoncelo. La música es algo que siempre he llevado bien fuerte en mí y en donde quizá me destaco más que en la pintura y el dibujo. Sin embargo como siempre he querido llevar en mis hombros lo que mi papá hacía me he dedicado más al arte.

¿Y qué  hay de la música?

En la música he tenido la oportunidad de formar parte de varias bandas de música pop, de música rock, tuve también una incursión con el grupo “Rana” que es un grupo tropical de merengue. Cuando toqué con este grupo que era guatemalteco yo tenía quizá como unos 13 años. Esto no fue algo que se dio por mucho tiempo porque por mi edad no podía viajar mucho. Las demás agrupaciones en las que estuve las hicimos con gente del mismo CENAR, y tal vez no fueron muy famosas, pero estaban conformadas por músicos bastante buenos.

¿Qué instrumento tocabas?

En esas bandas el teclado. El teclado es el instrumento en el que yo me he desarrollado con mayor habilidad. El violoncelo lo toco, pero a un nivel estándar. Yo también aprendí a tocar la guitarra, la batería y el bajo eléctrico.

Volvamos al arte plástico, ¿en la actualidad a que te dedicas más, al dibujo o la caricatura?

Fíjate que me gusta mucho representar el dibujo en una tendencia de los comics modernos. Una tendencia en la que se ha fusionado el estilo oriental con el estilo occidental para formar un híbrido bastante llamativo con ojos grandes a escala, pero rasgos americanizados. Esa es la nueva tendencia y es lo que más me gusta.

¿En tu caso dibujas personajes existentes o te los creas de tu imaginación?

Son personajes creados a partir de cero.

De la obra de tu papá conoces retratos ¿cómo llegas a este tipo de personajes, cuándo das ese giro?

Sí, el manejaba mucho la pintura temática y tendencia izquierdista, lo mío es una expresión artística orientada a las historias fantásticas, a las historias de aventuras. Yo eso lo decidí desde muy pequeño, a mí  siempre me gustó y admiré la técnica de mi padre, pero mi mirada estaba enfocada más en la parte de entretenimiento. Más en el área de videos juegos y personajes. Lo mío es a cosas que evoquen más al cine, a la gran pantalla.

Imagino creciste viendo los “Caballeros del Zodiaco” y otros animes ¿qué te inspiró?

Sí, en ese tiempo estaba muy de moda el Dragon Ball. Yo comencé a inspirarme en Dragon Ball porque era una serie que llevaba a un personaje desde muy niño hasta que crecía y tenía hijos. Entonces en él me inspiré y más que todo por su secuencia y narrativa.

Me contabas que tienes tus propios personajes ¿cuáles son sus historias?

Si tengo varios personajes creados en los que resalto, no en si el personaje sino el entorno en donde está y si tengo algunas historias. Por ejemplo hay una que es una historia donde hay una chica que despierta en un mundo apocalíptico donde todo está destruido y solo está ella orgánica y el resto son máquinas. Ahí ella trata de descubrir de donde viene, porque ella tiene carne y huesos. Tengo otra que se trata de una armadura, una armadura que perteneció a un gran guerrero y que la guarda un anciano que tiene a una pequeña que adoptó. Esta armadura tiene el problema que quien la porta no puede amar a nadie y todo el que sienta algo por quien lleve la armadura muere y por eso nadie quiere ponérsela. Sin embargo hay un momento en el que el anciano y la niña están en grave peligro, y él le dice a la niña que se la ponga y se convierta en héroe el legendario, pero no le cuenta el secreto de la armadura. Cuando ella se la pone el anciano muere. Al final de la historia, ella vence la maldición de la armadura y puede amar. Hay una tercera que aún trabajo la historia.   La idea que tengo con estás historias es llegar a hacer una novela gráfica con pequeños textos narrativos y burbujas de diálogo.

En el CENAR aprendiste pintura ¿has trabajado obra?

Sí he hecho cuadros, pero como estaba en un proceso de aprendizaje han sido cuadros que los he utilizado para venderlos porque en ese momento necesitaba el dinero para comprar más materiales. La gente en su mayoría me pedía retratos. Yo hacía mucho retrato al óleo, pero lo hacía para comprar herramientas.

¿Y la caricatura la has hecho en algún momento?

La caricatura fue algo que desarrollé a nivel más profesional porque tuve la oportunidad de trabajar para un periódico. Ahí llegué como caricaturista y lo que se me pedía era que si había algún suceso que no se podía representar de manera gráfica con fotografía les hiciera una ilustración o una caricatura.

Yo te conocí en LA PRENSA GRÁFICA…

He tenido la suerte que mi arte me ha llevado por el lado más periodístico, por el lado más editorial. Comencé mi carrera en el Diario de Hoy. Ahí hacía todo tipo de dibujo para las diferentes secciones. A veces me solicitaban en temas deportivos, pero también atendía secciones como Vértice que eran notas fuertes, duras. En el Diario de Hoy estuve cerca de dos años (2005-2007), luego me llamaron de LA PRENSA GRÁFICA. Ahí se me dio la oportunidad y la libertad de desarrollar la imagen de un proyecto que iba a hablar de educación para los niños. Eran libros de lectura y yo tenía que hacer las imágenes que iban complementarias a ese libro didáctico. Así que cree mis personajes basados a un estilo que yo desarrollé.

El otro día publicaste en Facebook, la imagen de “She-ra” y la acompañaste del texto “mi primer amor” ¿fue tu primer amor?

Sí, la verdad es que yo crecí con bastantes amores platónicos del mundo de la animación. Para mí la animación es casi real, yo lo viva como algo real y cada vez que me voy a dormir yo entro en ese mundo. Yo en muchas horas en las que estoy en el sueño estoy pensando en esos mundos. A mis personajes los veo vivos y hablan con migo. Para mi es una convivencia y cuando despierto siento hasta un poco de tristeza porque vuelvo al mundo real porque yo en mi mundo de personajes es donde más cómodo me siento. Y es por eso que también me gusta mucho jugar video juegos, porque cuando estoy en ese mundo siento que soy un héroe, siento que estoy luchando por una verdad y cuando me voy a dormir siento que estoy como en otro planeta. El personaje de “She-ra” es un personaje que desde pequeño recuerdo que me gustaba mucho y yo decía que era mi novia y estaba enamorado de ella.

Para Calacin ¿cuál es el mundo real, este o el de la animación?

Yo prefiero pensar que es el de la animación, el de los personajes, porque es un mundo del que aprendo mucho, suceden cosas malas, pero siempre hay soluciones.

En algún momento me costaste que as trabajado en televisión…

Sí estuve en Canal 21 en una plaza que era de redes sociales multimedia y ahí lo que se hace es diseño gráfico,  banners y portadas de Facebook, pero yo llegué con el plus de hacer caricaturas animadas de sus presentadores. También he trabajado en algunas casas productoras en donde se han desarrollado comerciales. Y es que por mí misma ambición de llegar a la pantalla he desarrollado algunos proyectos, por ejemplo tengo un “Demo Reel” que se llama “Guarumo y el Árbol Mágico” que es la historia de un niño que nació con las manos redondas parecidas a las hojas del guarumo y entonces ese personaje se sintió acomplejado, pero se encuentra con unos dioses mayas que le dan un poder para crear vida y destruir cosas. Él ocupa el poder para el bien. Esa es una historia animada que yo cree y está en YouTube.

Retrato elaborado por el padre de Eduardo Calacin

¿Tu niñez fue de videos juegos, cómo fue tu niñez?

Mi niñez fue bastante limitada porque al tener solamente a mi madre nunca tuve acceso digamos a video juegos o a juguetes caros. Mi única entretención era dibujar. A los personajes que me gustaban yo los hacía en papel o agarraba piezas para desarmar y poder hacer mi propio robot. Siempre me gustó mucho la figura 3D. Yo dibujaba mis propios juguetes o los hacía con plastilina. Hice muchísimos personajes de plastilina, hice a los Pitufos a Garfield…

¿Eres hijo único?

Durante cierto tiempo fui hijo único, luego mi madre me dio la bendición de poder tener un hermano, Juan Antonio Valencia, y ese hermano también nació con habilidades. De hecho ahora es un gran tatuador  y es mi apoyo.

¿Cuál es tu sueño?

Poder llevar mis creaciones a la pantalla ya sea de la televisión o redes sociales.

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