Pudiste ser tú o yo, pero fue ella

Una vez más el gremio de periodistas de El Salvador se encuentra de duelo, en esta ocasión la desgracia cegó la vida de la colega Karla Turcios. Su desaparición además de luto, dolor e indignación ha dejado claras dos cosas: La primera es que el estado salvadoreño sigue sin poder controlar la vorágine de violencia que a diario reclama despiadadamente la vida (de entre 10 y 12) compatriotas.

La segunda es que en nuestro país los crímenes de odio contra las mujeres están a la orden del día, las estadísticas hablan por sí solas, en el primer mes de 2017 el Instituto de Medicina Legal (IML), reconoció 22 cadáveres de mujeres; cinco de esos fueron en el departamento de San Salvador, en los municipios de Ilopango, Apopa y San Salvador. Y cerró ese año con la pavorosa cifra de 468 feminicidios.

Mientras que para 2018 se reportó que entre enero y mediados de abril ya iban 135 mujeres asesinadas en todo el país, según datos de la PNC. Dicha cantidad de víctimas excede las 124 que hubo hasta el final de abril del año pasado.

Estas cifras cobran más relevancia si tomamos en cuenta que dentro los planes del gobierno para erradicar la violencia en el país, no hay o apenas se ven esfuerzos por eliminar la violencia de género y donde los administradores de justicia hasta la justifican, aduciendo que dichas muertes tienen su origen en las costumbres sociales.

El cobarde asesinato de Karla es una muestra de ello y ha marcado un antes y un después en la conciencia de la población sobre este problema, y ha sembrado miedo en muchas mujeres que se han visto reflejadas en ella.

En El Salvador, todos estamos expuestos a perder la vida a manos de criminales que juegan a ser Dios, simple y sencillamente porque saben que las manos de la justicia son cortas, pero en el caso del género femenino  esa exposición se eleva a grandes proporciones porque se nos ha cosificado y aun se nos ve como objetos y blancos fáciles.

Nadie quiere reconocer (y menos las instancias encargadas de administrar justicia) que los asesinatos de mujeres en El Salvador tienen relación directa con la desigualdad de género. Nosotras mismas, en muchos casos, no nos damos cuenta que nuestra integridad física está sujeta al entorno en el que nos movemos.

Pero la verdad es que todas somos víctimas potenciales de la misoginia y machismo que impera en nuestro país. El estado nos ha dejado expuestas al callar o ignorar cualquier abuso que se comete contra las mujeres o niñas en nombre del amor, del odio, costumbres o las desigualdades sociales.

Se sienta un precedente

El caso de la colega periodista es emblemático. Su muerte provocó que todo un gremio (tanto dentro como fuera de El Salvador) levantara su voz exigiendo justicia por cualquier medio de comunicación existente y tirándole a la cara a los aplicadores de justicia su ineptitud y complicidad ante los asesinatos de mujeres a través de su indiferencia.

Como comunicadores vimos con horror como la luz de una colega y mujer productiva, madre e hija, se apagó a causa de la violencia. Y si bien es cierto no es el único caso -y desgraciadamente quizá no será el último- es el que ha sobrepasado una línea, que marca la cero tolerancia.

Retomando el lema, usado en otrora por diversas organizaciones que velan por los derechos de las mujeres en el país, #NiUnaMás los amigos, compañeros y conocidos de Karla han dejado claro que estarán vigilantes y en pie de lucha a la espera de la justicia por parte del estado.

Es a raíz de dicha presión, que se han comprometido públicamente en dar con él o los responsables.

Hasta el Presidente de la República manifestó su indignación y dio sus condolencias a la familia (la cual dudo encuentre consuelo en ese hecho, ya que palabras y más palabras no la traerán de vuelta ) lo único que podría dar un poco de consuelo es la justicia. La deuda del país con este caso y con otros casos similares es enorme.

De todo corazón, como mujer y periodista que se suma a la causa de exigir justicia para Karla Turcios y un alto a los crímenes de odio hacia las mujeres, espero que él o los responsables del asesinato paguen por dicha acción cobarde y nefasta.

Espero que las acciones de la fiscalía no sean un show, quiero  -al igual que  tantas familias de víctimas- que respondan y apliquen justicia en otros casos que aun están en el limbo como el de Graciela Ramírez, Lorena Hernández Quintanilla, Rosa María Bonilla y otras tantas, a quienes se les ha relegado al olvido y sus muertes están impunes.

Ojalá la “justicia salvadoreña” despierte de su letargo y pare su indiferencia cruel ante la muerte de más salvadoreñas.

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