El Real Madrid desprecia la Liga

Agencia EFE

Otro pinchazo consecutivo, esta vez ante el Girona (1-1), fue el epílogo definitivo de la pelea del Real Madrid por la Liga, un título prácticamente inalcanzable cuando asoma en la Liga de Campeones el Bayern Múnich, último clavo ardiendo al que se agarra el conjunto blanco para salvar la temporada.

Sólo queda la Liga de Campeones. Es el refugio de los hombres de Arbeloa a un curso que apunta a los cero títulos, como el anterior. El miércoles debe remontar un 1-2 en Múnich y ni eso asegura réditos, porque después quedan unas semifinales y una final. El desastre parece evidente y este Real Madrid parece alejado de los milagros.

Antes del pitido inicial, la Liga ya era un ejercicio de fe para el equipo de Arbeloa, que afrontó la visita del Girona con la mirada más allá del presente, como quien juega una partida pensando en la siguiente. Porque lo que asoma en el horizonte es el Bayern y pesa más. Mucho más. Siete puntos de distancia que pueden ser nueve, el Camp Nou como última frontera y la necesidad de que el Barcelona tropiece en innumerables ocasiones, dibujaban un escenario que invita más a la épica que a la aritmética.

Dijo Arbeloa en la víspera que no habría rotaciones y ‘solo’ aparecieron siete caras nuevas respecto al tropiezo ante el Bayern, tres pesos pesados directamente en reposo -Carreras, Alexander-Arnold y Rüdiger- y alguna que otra decisión con aroma a Múnich.

Porque el fútbol, a estos niveles, siempre se juega en varios tableros a la vez. Tchouaméni, sancionado para la ‘Champions’, esperó su turno desde el banquillo. Camavinga tomó el mando en la sala de máquinas, ensayando para lo que viene. Bellingham y Militao, necesitados de ritmo competitivo, sumaron más minutos también con la vista puesta en el Allianz Arena.

El Girona, por su parte, llegó con lo suyo: una permanencia casi en el bolsillo y la prudencia como apuesta. Míchel recompuso su defensa con Francés por Blind y apostó por Echeverri arriba, sin abrir la puerta a Abel Ruiz. Un plan claro: resistir, cerrar espacios y ver si sonaba la flauta en alguna contra.