Por Liset Orellana, Corresponsal de Prensa en EE.UU.
El mundo presencia un momento histórico y de enorme volatilidad geopolítica tras la confirmación de la muerte del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, en una serie de ataques conjuntos de Estados Unidos y Israel que han marcado la escalada más grave en décadas entre poderes globales y el Estado iraní.
El ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, fue la máxima autoridad de la República Islámica de Irán por más de 36 años, tras suceder a Ruhollah Jomeiní, el fundador de la revolución de 1979 que transformó al país en una teocracia chiíta.
Nacido en Mashhad en una familia religiosa, Jamenei se formó como clérigo y se unió tempranamente al movimiento contra la monarquía pro-occidental del sha Mohammad Reza Pahlavi. Su cercanía con Jomeiní lo llevó a ocupar diversos cargos dentro del nuevo régimen tras la revolución.
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Desde su llegada al poder como líder supremo, Jamenei concentró en su persona un poder político y religioso sin precedentes en Irán: era jefe de Estado, comandante en jefe de las fuerzas armadas, y tenía control directo sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Su papel en la política iraní e internacional
Durante décadas, Jamenei fue el arquitecto de la política interna y externa de Irán:
- Control político absoluto y represión interna: Su mandato se caracterizó por el fuerte control de seguridad sobre la sociedad iraní, junto con la represión sistemática de protestas, como las de 2009 (Movimiento Verde) y las de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, donde miles de manifestantes fueron detenidos o asesinados.
- Influencia regional: Jamenei consolidó a Irán como una potencia regional mediante alianzas ideológicas y militares con grupos y gobiernos aliados en Medio Oriente, como Hezbolá en el Líbano, las milicias hutíes en Yemen y el régimen de Bashar al-Assad en Siria.
- Hostilidad hacia Occidente: Su liderazgo se basó en una retórica antagónica contra Estados Unidos e Israel, responsabilizándolos de la inestabilidad regional y de las sanciones económicas que afectaron al país durante años.
Además, supervisó y promovió el polémico programa nuclear iraní, que Occidente sospechaba con persistencia de querer desarrollar armas atómicas, aunque Irán siempre afirmó que su programa era pacífico.
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Su muerte y sus consecuencias
La muerte de Jamenei fue confirmada por medios estatales iraníes e inmediatamente anunciada por el gobierno de Estados Unidos, que calificó la acción conjunta con Israel como un golpe decisivo al liderazgo del régimen.
Irán declaró 40 días de duelo nacional y calificó la operación como un acto criminal perpetrado por lo que denomina “el régimen sionista y Estados Unidos”.
La desaparición de una figura con tanto poder plantea varias preguntas e incertidumbres:
- Crisis de sucesión: Aunque un ayatolá jurista chií (Alireza Arafi) fue señalado como líder interino, no está claro quién encabezará el país ni cómo se reorganizarán los centros de poder en medio de la guerra.
- Escalada regional: En respuesta a los ataques, Irán lanzó misiles contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en la región del Golfo, intensificando una confrontación que podría extenderse más allá de las fronteras iraníes.
- Impacto global: Esta acción militar conjunta y la caída de uno de los líderes más influyentes del Medio Oriente tendrá efectos políticos y estratégicos que ya se sienten en alianzas diplomáticas, mercados energéticos y equilibrios de fuerza.
La muerte del ayatolá Alí Jamenei no solo marca el fin de una era política en Irán, sino que también inaugura una etapa de incertidumbre y potencial reconfiguración del poder en el corazón de Oriente Medio. Su figura, a la vez venerada por unos y profundamente criticada por otros, fue central en moldear la política interna y externa iraní durante más de tres décadas. Las consecuencias de su desaparición resonarán tanto en Teherán como en Washington, Jerusalén, y más allá, en los próximos meses.






